Viernes, 19 de octubre de 2018

Fuera de Foco

La corrupción de la titular de RH de la SEV
Silvia Núñez Hernández

Buenos Días Veracruz

El silencio del gobernador Yunes
David Varona Fuentes

@suntos de poder

Anilú, priista de lento aprendizaje
Manuel Carvallo Carvallo

Columna Invitada

"Servir o servirse"
Columna Invitada



Columna: Columna Invitada

Raymundo Jiménez/Al Pie de la Letra

Lunes, 24 Septiembre 2018
  • Por:  Arturo Reyes Isidoro/ Prosa aprisa

 A la serie de problemas que heredará Cuitláhuac García Jiménez como gobernador de Veracruz se añade ahora otro: revisar clavo por clavo, tornillo por tornillo en todo el Palacio de Gobierno y en las oficinas públicas para asegurarse de que no hay cámaras ocultas de videograbación.

El descubrimiento de un equipo de espionaje en la oficina del consejero de la Judicatura, Mauricio Duck Núñez (exdiputado local y federal del PAN, o sea, de casa) seguramente alertó ya a los morenos de que tendrán que realizar una minuciosa revisión para estar seguros de que no los ven ni los escuchan ilícitamente.

Las videograbaciones encubiertas e ilegales son el sello de la casa yunista a punto de entregar el poder (le restan efectivos solo 36 días, 66 constitucionalmente, pero noviembre será ya de transición) como lo testimonian los casos de Moisés Mansur en Canadá y de Karime Macías en Londres, el primero prestanombre de Javier Duarte.

El 17 de octubre Loret de Mola acabó de despertar a Veracruz a las 7:03 de la mañana con fragmentos de dos videos de una conversación privada en Vancouver en donde Mansur despepitaba contra el gordo y su esposa.

El 29 de mayo pasado se difundieron imágenes de Karime Macías realizando diversas actividades en Londres. En uno y otro caso el propio gobernador Miguel Ángel Yunes Linares terminó aceptando la autoría.

En su columna que publica en El Universal, Carlos Loret de Mola dio detalles de cómo espiaron a Karime.

Dijo que fue videograbada con una cámara que estaba camuflada en la tapa de un vaso de café “como de Starbucks”. “El vaso puede incluso contener la bebida caliente mientras graba. Pero el joven (un enviado del gobernador Yunes) decidió no ponerle café: en su lugar, adentro, metió una segunda videocámara –por si fallaba la primera– y su lente lo hizo salir por el orificio para sorber”.

Comentó que gracias a una amiga chismosa del gobernador, quien la encontró en la tienda Harrods y la siguió hasta su casa, se supo donde vivía porque vino a contarlo y que con base en ello, “profesionales de investigación llegaron a Londres, encontraron a Karime y se dedicaron a seguirla y fotografiarla por días, hasta radiograficar sus hábitos y estilo de vida”. Después vino lo del hombre con el “vaso cámara”.

Ciertamente, ante tal grado de sofisticación, el espionaje en el edificio del Poder Judicial fue un trabajo chambón, hecho por no profesionales, por las características que se conocen del caso. ¿A quién le encargaron realizarlo? Como sucede con las mafias o los malosos, ¿al o a los autores materiales los desaparecerán para que no hablen?

Javier Duarte sabía bien cómo se las gasta el poder desde dentro. Por eso acuñó aquella frase ahora famosa: aquí no pasa nada. Si se hace efectiva otra vez, el espionaje contra Duck terminará en solo una anécdota.

¿Qué información tenía el también presidente del Fondo Auxiliar para la Impartición de Justicia, tanto como para que, según narró a e-consulta.com Veracruz, también le fundieran prácticamente su computadora? Exactamente no se sabe qué quiso decir con que “literalmente” se la fundieron. ¿La encontró hecha un amasijo fundido?

¿Se la derritieron a propósito, si es que eso fue, o por algún error humano alguna sobredescarga eléctrica acabó con el aparato? ¿Querían desaparecer a propósito alguna información? ¿Por qué solo contra él pues se dijo que revisaron el resto de oficinas y no hallaron nada?

La víctima narró que tras tres días de asueto (se supone que por las Fiestas Patrias), el 19 de septiembre al regresar a su oficina se encontró con la novedad de la computadora.

Entonces tal vez por un instinto alzó la vista y detectó un agujero que no existía en el plafón del techo, en el que había un tornillo que “a diferencia de todos los plafones, no debería de estar allí”.

Pero ahí estaba y resultó ser en realidad la cámara de un equipo especializado en videograbación (una pequeña pero potente cámara con micrófono) que estaba conectado a un sistema fijo de grabación de disco duro “con una instalación sofisticada de cableado” que se alimentaba de energía las 24 horas.

El reportero Miguel Ángel León Carmona consultó a un experto en instalación de videovigilancia quien confirmó que por las características del equipo, el grabador de video digital o DVR (Digital Video Recorder) tiene capacidad para grabar al menos 360 horas (15 días) y debido a que la consola no estaba conectada a un módem de internet, los responsables debían volver a la oficina para copiar la información a través de alguna memoria USB. Además, dijo que el tiempo estimado de instalación es de aproximadamente 60 minutos.

El edificio del Poder Judicial es un verdadero bunker. Para ingresar debe uno registrarse en una libreta para obtener un gafete, luego pasar por un detector de metales y enseguida un policía revisa bolsas y mochilas.

Para llegar al edificio C donde está Duck se pasa por un primer piso monitoreado por cuatro cámaras en los pasillos, en el quinto nivel donde están los consejeros hay otras dos, más una que monitorea la entrada a la oficina del espiado y otra que vigila las escaleras. En total, ocho cámaras.

Además, dijo el consejero que la chapa de la puerta no estaba violentada, por lo que alguien entró con llave a sabiendas de que existen cámaras de vigilancia en el pasillo y no les preocupó; que además lo hizo con el tiempo suficiente sin que le preocupara ser molestado ni interrumpido.

Aparentemente no es un problema difícil de resolver y hallar al autor o a los autores con tantas cámaras que debieron haber registrado todo. Pero no va a pasar nada, como decía Duarte.

La pregunta sigue siendo pertinente: ¿por qué Duck?, ¿qué se comió?, ¿qué asunto comprometedor trae entre manos?, ¿o lo querían agarrar en alguna “movida”?, ¿le pensaban poner un “cuatro” para tenerlo agarrado con las manos en la masa? O, pensando con malicia (piensa mal y acertarás, dice un dicho en política), ¿lo querían tener “agarrado” para inhabilitarlo en caso de que se quisiera entrometer en el relevo de la dirigencia estatal del PAN en noviembre próximo?, ¿se trató de utilizar cualquier recurso con tal de eliminar a un posible enemigo político del grupo Yunes-Mancha para que no les estorbe?, ¿temen que el grupo Córdoba, al que pertenece Duck, crezca y no los deje retener la dirigencia estatal?

Independientemente de todo lo anterior, no deja de ser preocupante que se espíe ilícitamente, en su oficina, a un consejero y funcionario de la propia Judicatura. Si eso le ha ocurrido a él, cuán indefensos estamos el resto de los veracruzanos.

La bronca ahora es para los que vienen: ¿cuántas videocámaras con micrófonos no les dejarán sembradas en macetas, colgadas en cortinas, atornilladas en los baños, en las puertas y ventanas, en los aparatos telefónicos, en las instalaciones del clima artificial, en sillas y sillones, en plafones, en pisos, etcétera, etcétera?

¿Vio usted alguna vez la película alemana La vida de los otros (le quitó en 2006 a El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, el Oscar como la mejor película extranjera) sobre un caso de espionaje por parte de la policía secreta de la hoy desaparecida República Democrática de Alemania, la Stasi, a un famoso escritor del que sospechaba que no fuera leal al partido comunista?

Tristemente en Veracruz no andamos muy lejos de aquellos años de la convulsionada Berlín oriental de los años 80 que retrata la película, con la práctica de espionaje como una forma de censura y represión. En pleno siglo XXI y en plena era digital.

Valora este artículo
(0 votos)