Lunes, 21 de octubre de 2019

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Mussio Cárdenas Arellano

Mussio Cárdenas Arellano

Atrapado en el mundo de las letras y la denuncia social, Mussio Cárdenas Arellano cuenta ya con un extenso kilometraje recorrido en el periodismo. Lejano parece ya aquel 1978 cuando en Coatzacoalcos, su tierra natal, escribió sus primeras notas. Transitó por la entrevista, el reportaje, la crónica, el artículo y la columna política. Fue corresponsal de la revista Proceso, Imevisión, IMER, Contralínea; fundador de las revistas Contacto e Informe Rojo; analista político en radio y televisión, y ganador del Premio México por columna política, en 2009, otorgado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de México (FAPERMEX). Su contacto con el periodismo viene de familia. Su padre, Mussio Cárdenas Cruz, y sus tíos Emilio, Francisco y Paulino, constituyen una dinastía de periodistas veracruzanos de reconocido prestigio. Actualmente escribe la columna Informe Rojo, que se publica en portales en internet y medios escritos con amplia aceptación entre la opinión pública.

mussioc2@gmail.com

 

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Destino de Yunes: la cárcel

Miércoles, 16 Octubre 2019 14:12

Sensible el olfato, percibe Yunes el repulsivo aroma a cárcel —las celdas frías de Pacho Viejo para él y su grupo—, y el asedio implacable de Andrés Manuel y la guerra con Cuitláhuac, avizorando ya la acusación por extorsión.

Siente pasos de animal grande el cazador, los del presidente que en su cartilla moral bis trae la máxima de aplastar a sus enemigos, o usando la jerga del masón, a conservadores y neoliberales, y si son panistas, peor.

A riesgo de ir a prisión, deja Miguel Ángel Yunes Linares los mensajes sutiles de nula efectividad —la foto corriendo en el malecón de Veracruz, el café en La Parroquia, la sonrisa y la frase “el que nada debe”— y trasluce la gravedad de ver a sus funcionarios en prisión o prófugos de la ley y la certeza de que en breve, muy breve tiempo, el perseguido y encarcelado, vejado y en manos de los cárteles, será él.

Cuenta a Ciro Gómez Leyva en su noticiario de Radio Fórmula, el lunes 14, que la denuncia por extorsión va. Y hay otras ya en curso, las del sistema de videovigilancia en la Fiscalía General de la República. Y habrá otras, de las que aún no habla, por desvío de recursos, simulación, daño patrimonial.

Le imputarán extorsión, que presionó y obligó a la pandilla de Javier Duarte a devolver bienes, apretando a los prestanombres y lavadores del gordobés aún siendo gobernador electo, instándolos a devolver lo robado o agravar su situación, obligados a entregar ranchos, aviones, helicópteros, departamentos de lujo, pagados con el dinero que su antecesor extrajo ilegalmente del erario.

Vía Moisés Mansur, Janeiro Rodríguez, Moisés Nava, Rosas Bocardo, Edgar Spinoso, todos con procesos penales en su haber y amparos en curso, u otros prófugos, el ex gobernador Yunes desmembró la red de corrupción del duartismo y recuperó bienes pagados con recursos desviados.

Siguen intocados otros miembros del gang: el Cisne Silva que ahora vuelve cobijado por Morena para ser alcalde de Tuxpan, si es que la sociedad asume y termina por aplaudir que el partido de López Obrador rehabilite al duartismo; Adolfo Mota, que en la Secretaría de Educación generó un boquete financiero descomunal; Karime Macías disfrutando del exilio con muy buena y adinerada compañía en Londres, con ficha roja de Interpol que ni Peña Nieto ni Andrés Manuel hicieron efectiva para consumar la extradición.

O sea, habrá denuncia por extorsión contra el que recuperó los bienes producto del robo perpetrado por Duarte y su banda a Veracruz.

Y Cuitláhuac García, su acusador, es la estampa del patético cómplice y del servil encubridor. Más ofrecido que una doncella en edad de merecer, tiene la misión de devolver todo a la mafia del reo consentido de la Cuarteada Transformación.

De la denuncia por extorsión se encarga Cuitláhuac. Para eso fue el asalto a la Fiscalía de Veracruz y la persecución a Jorge Winckler. Para eso impuso a su fiscal carnala, Verónica Hernández Giádans, alias Juana Gallo, alias La Usurpadora, que es la que se embarra las manos y el alma y comienza a estrechar el cerco a Yunes y los suyos.

Sobre Yunes hay amagos y sobre su gente, órdenes de aprehensión. Bernardo Segura Molina, ex subsecretario de Finanzas, ya está en prisión. Van por la primera titular de Sefiplan, Clementina Guerrero, que dejó el yunismo y se terminó siendo tesorera del ayuntamiento morenista de Xalapa, y por dos subalternos más.

Hay denuncias contra Yunes Linares, su segundo titular de Sefiplan, Guillermo Moreno Chazzarini, y el ex secretario de Seguridad Pública, Jaime Téllez Marié. Y van por Rogelio Franco, Enrique Pérez e Irán Suárez, secretarios de Gobierno, Educación y Salud, y por el coordinador de Comunicación Social, Elías Assad.

¿Qué precipita el aniquilamiento político de Miguel Ángel Yunes? Tres factores: su operación política dentro y fuera del PAN, su rivalidad con López Obrador y la debacle de Morena, producto del desastroso gobierno de Cuitláhuac García.

No lo embisten por llamar “loco” a AMLO en las campañas local y federal de 2017 y 2018, ni por las desastrosas visitas de Andrés Manuel a Veracruz, una de ellas en Xalapa, reventada por los abucheos, la repulsa, las condenas, las mentadas cuando el presbítero de la 4T le otorgó gracia y bendición —exorcismo y perdón— a priistas y panistas, duartistas en su mayoría, obligando al Dios Peje a apremiar la partida.

Ni por el caso Eva Cadena, registrada en video la entrega de dinero de una supuesta empresaria a la entonces candidata de Morena a la alcaldía de Las Choapas, una celada al interior de Morena, que llevó a López Obrador a su punto de quiebre, acribillado en los medios por la evidencia clara de recursos ilegales en las campañas del partido del Mesías tropicoso. Y Yunes atizando el vendaval.

Ni por las afrentas mutuas en la lucha por el poder.

Ni por los agravios personales. Aquello del Peje que nunca ha trabajado y que no justifica sus ingresos ni paga impuestos. Aquello de la monarquía de la moronga azul por el afán de Yunes de heredarle la gubernatura, vía elecciones, a su primogénito.

Ni por aquel huevazo en plena cabeza, en Córdoba, que Rocío Nahle imputó a Yunes, tragándose un fotomontaje en que se veía a la priista rijosa con el entonces gobernador. Luego se mostraría la fotografía original y el aparecía en ella era el líder estatal del sector agrario del PRI, Juan Carlos Molina, compadre del diputado federal Héctor Yunes Landa.

Habrá cárcel para Miguel Ángel Yunes para neutralizar al único operador político que amenaza con descarrilar a Morena en la elección de 2021. Ya sin el efecto López Obrador, desgastado el presidente por la inacción, cero crecimiento, violencia desbordada, cancelación de programas sociales, combate selectivo a la corrupción —Rosario a la cárcel y Bartlett al reino de Dios—, Veracruz no será una reserva de votos para Morena.

A Yunes le partieron el PAN en dos, los que lo siguen y los que se fueron con Joaquín Guzmán Avilés, El Chapito de Tantoyuca, que le aplaude a Cuitláhuac García aciertos que nadie ve y cambio de conformar el PAN-MOR convierten a su abogado en magistrado del Poder Judicial.

Si políticamente no se quebraba, se aplicaría la persecución, el asedio a sus funcionarios, el asalto a la Fiscalía, las órdenes de aprehensión contra Winckler, las denuncias antes la Fiscalía General de la República, la detención de Bernardo Segura y en breve Clementina Guerrero y otros más. Y al final, cárcel para el ex gobernador. Y luego su hijo Fernando, alcalde de Veracruz.

Yunes huele a prisión y Javier Duarte a impunidad. Son los acuerdos entre Andrés Manuel y el saqueador de Veracruz, el pago de los votos que su pandilla —Silva, Deantes, Spinoso, Lagos— le pudieron operar en la elección de 2018.

Duarte es el reo consentido de Andrés Manuel y al interior de la Cuarta Transformación tiene un alfil de lujo: Julio Scherer Ibarra, consejero jurídico de la Presidencia.

Con Scherer hay química. Con Scherer, desde 2012, hay lazos inconfesables, revelados por un personaje cercano a Javier Duarte, el ex contralor Iván López Fernández, que presume de las razones de peso que lo llevaron a convertirse en el puente con el heredero de Proceso.

Se teje así la reivindicación del sátrapa que provocó la quiebra a Veracruz, resarciéndose lo robado, retornando sus cómplices, buscando alcaldías y diputaciones empuñando la bandera de Morena.

Y en breve, Andrés Manuel consumará la libertad de Javier Duarte.

Yunes, pues, huele a cárcel y el ladrón a impunidad.

De eso y más se va forjando la 4T.

Archivo muerto

De rodillas, Edel entrega el Poder Judicial y anda feliz. A los nuevos magistrados —los magistrados carnales del gobernador— los ve aptos e impolutos, capaces y serviles. Son las eminencias a modo, una de ellas, Rosalba Hernández Hernández, que operó la sentencia que anuló el triunfo de José de Jesús Mancha Alarcón en la elección interna del Partido Acción Nacional, y otro, Cándido Nicanor Rivera, abogado de Joaquín Rosendo Guzmán Avilés, el virtual líder estatal panista, el más morenista de los del partido albiazul.

De perfil bajo, plegado a los designios del gobernador Cuitláhuac García, el presidente del Poder Judicial de Veracruz aplaude, sonríe, justifica y calla. Supone que asegura la reelección y de ahí el poder tras el trono, soñando con los tiempos de Miguel Alemán Velasco cuando su cercanía con el secretario particular, Roberto López Delfín, lo convirtió en el todopoderoso, aliado a Flavino Ríos Alvarado, quien tripulaba al influyente secretario de Seguridad, Alejandro Montano Guzmán, y ambos hicieron fortuna, y ambos consolidaron negocios, y la cadena del Liberal y periódicos de la cadena —incluido el Novedades de Tabasco— creció y les acrecentó la mala fama. Sumiso a todo, Edel Álvarez fue clave en la orden de aprehensión contra el fiscal Jorge Winckler y cuatro subalternos; ahora en la designación de magistrados a propuesta del gobernador y aprobación del Congreso de Veracruz; en breve será el verdugo de Miguel Ángel Yunes, quien lo sacó del basurero y lo trepó a la cúspide del Tribunal Superior de Justicia.

En un mes se verá su logra la reelección o si Cuitláhuac lo usó y lo bateó… Carga sobre sí fama de truhán y ya es juez de proceso y procedimiento penal oral en Coatzacoalcos.

Alejandro Perea Parra, favorito de Edel Álvarez Peña, pasa del manejo de los dineros, las obras y los remiendos en el área adminitrativa a la impartición de justicia. Le precede un manchón fenomenal en su historial: un ingreso a prisión imputado de recibir un soborno.

Perea Parra era agente del Ministerio Público del Fuero Común en Cosamaloapan durante el chirinismo y al caerle la denuncia el entonces procurador, Eduardo Andrade Sánchez, hoy magistrado en el Poder Judicial de Veracruz, ordenó su cese y que enfrentara la ley. Casi un año pasó en la cárcel. Y de volvió a cabalgar. Con Edel Álvarez administró los dineros del Poder Judicial en el distrito de Coatzacoalcos y ahora releva a Carlos Enrique Charleston Salinas en el Juzgado de proceso donde es juez ejecutor de sentencia.

Y como para abrir boca, le estalló el primer escándalo cuando la familia de un enjuiciado se quejó que los quiso apretar de más. Equipazo el de Edel… Denuncias mutuas, raterías y engaño, corrupción y nepotismo y violación a la ley, y resulta que no era conflicto, era rumor.

Al Congreso llegó Víctor Carranza, alcalde de Coatzacoalcos, y con él la síndica Yazmín Martínez Irigoyen. Uno con el acuerdo de cabildo que instruye al juicio político ante el Congreso de Veracruz y ella con la evidencia de que el Comediante Supremo y su pandilla violan la ley. Carranza acusando incumplimiento de la síndica, actas y documentos sin su firma, arrogándose atribuciones que no le otorgó el cabildo y con una denuncia por atropellos al marco legal.

Yazmín con mayor evidencia de las trapacerías del presidente municipal: el acta falsa de cabildo, las obras asignadas sin el aval de los ediles, un cuerpo de abogados contratados por el alcalde que operan con un poder notarial revocado, recursos financieros desviados, un cuerpo policíaco que no responde a la autoridad de la sindica, que es quien tiene atribulaciones de seguridad consignadas por la Ley Orgánica del Municipio Libre, y otra denuncia contra el director jurídico, Agustín Jiménez, por incumplimiento del deber legal.

Se pelearon hasta por el balcón para la celebración del Grito de independencia. Y ante la inminencia del juicio político, votado en cabildo, con mayoría de Morena y de los regidores priistas Oliver Damas y Felipe Rodríguez, lo que obliga a ser cumplido en términos de ley, el presidente del la mesa directiva del Congreso de Veracruz, el ex yunista azul, José Manuel Pozos Castro, los aplaca y los plancha, posan la foto y sale Carranza a expresar que no hay conflicto y que todo fue rumor. ¿Cómo era? No mentir, no robar, no traicionar.

Sí engañar, sí hurtar, sí cuentear a la sociedad. Desmembrado, fracturado, repudiado por los que les dieron el voto y más por los que se lo negaron, Morena se cae a pedazos. Llegaron al poder a perpetrar los vicios, perpetrar el saqueo, encubrir al ex alcalde Joaquín Caballero y al disfrute de la corrupción. Entre Carranza y Yazmín hubo guerra y resulta que sólo fue rumor…

Aquella chica fingió un embarazo y urdió una extorsión. Y de esa treta se llevó 200 mil pesos, extraídos del erario, de las finanzas de CMAS. Aquella chica amagó con recitarle a la esposa de su jefe inmediato los pasajes románticos vividos, las frases melosas, las promesas de amor y un feliz embarazo. Y el incauto cayó. Simuló su preñez colocándose trapos en la ropa interior y el negocio cuajó. Era plata o escándalo, y la plata salió de las cuentas bancarias de CMAS.

De eso, 10 años ya. Su vientre es su vientre, dirían los modosos. Pero no. Cuando implica recursos del erario, no. Ahí no es vida privada. Habiéndose tomado 200 mil pesos del erario para callarla, es materia de interés público. Hoy, con un embarazo real, su mente evoca al pasado y la muy vival medita cómo le pondrá al bebé: Roberto, Carlos, Alberto, Jorge, Eduardo, Rafael o Luis. O trapito…

De plácemes el magistrado pederasta. Volverán las chicas con su uniforme de secundaria, las nenas en su privado, dando placer a cambio del billete, el viaje. O algunas llegarán a juezas y quizá magistradas. Y el magistrado pederasta feliz, feliz, feliz…

Pernicioso, el Poder Judicial de Veracruz no es altar de justicia ni quirófano de la ley. No redime a la sociedad. Es coto y botín, zona de trifulca en que mafias de juristas y políticos —y un periodista succionador— se trenzan y se enlodan y se intrigan y se matan por él.

Es arena de odios en que el derecho se ejerce a medias, o se renta, o se vende al mejor postor, o se propicia la impunidad.

Y los juristas y no juristas —y hasta el succionador— lo quieren bajo control.

Uno, Edel Álvarez Peña, su presidente actual, el Medina Mora del Poder Judicial en Veracruz, va por la reelección.

Otro, Raúl Pimentel Murrieta y su terrible historial, aspira a frustrar al potencial dictador.

Cuitláhuac García, gobernador, entre sostener a Edel o dar golpe de timón.

José Pablo Robles Martínez, industrial del periodismo, dueño de Diario del Istmo e Imagen de Veracruz, fidelista y duartista, que maniobra e intriga usando el nombre de Andrés Manuel Lopez Obrador.

Trabados en el tema de los magistrados jubilados por edad, sus plazas vacantes, ejercidas por jueces emergentes, el viernes 11 habrá humo blanco en el Congreso de Veracruz y 13 espacios a cubrir.

Será el reparto de cuotas, unos magistrados para Cuitláhuac y otros para las fracciones parlamentarias.

Luego vendrá el ajuste en las salas del Tribunal, los presidentes con derecho a voto, a reelegir a Edel Álvarez o a imponer a un nuevo presidente del Poder Judicial.

Robles Martínez, en cambio, busca impunidad.

Su némesis, Edel Álvarez, es su obsesión. Y lo grilla en Palacio Nacional. Le ruega al Peje. Persuade al Peje. Aprieta al Peje.

Mónica Robles de Hillman, su hija, diputada local por Morena, usa el nombre de Andrés Manuel. Proviene del fidelismo y fue aliada de del ex gobernador Javier Duarte. Es la malquerida de un priismo que nunca la asimiló. Y despreciada por el perredismo donde tampoco cuajó. Es la operadora de Papá Succión.

Su padre, José Pablo Robles, es un irredento transgresor de la ética periodística, afín al pseudónimo, al golpe anónimo —recurso de cobardes—, la imputación infame, la difamación; célebre por su intempestiva huida cuando el salinismo, vía Patricio Chirinos, frenó sus excesos y se le fue encima, y un juez federal transa, Daniel Núñez, luego destituido por actos de corrupción, le dio el pitazo y se fue al exilio. Con un flamante Passat rojo saldó el favor.

Un día, prófugo aún, disfrazado de Ray Conniff —peluca plateada, fleco Tizoc—, Robles dejó la madriguera y apareció en el DF. Quería un acercamiento que él mismo frustró publicando horas antes ataques al ex gobernador Chirinos que endurecieron la postura de Hacienda. Su familia escuchó entonces el reproche de Humberto Roque Villanueva, líder del Congreso Federal, y el cerco siguió.

Y todo por no pagar 900 mil pesos de adeudo fiscal. Simulaba ser contribuyente menor y era renuente a acatar la ley.

Vía su hija Mónica Robles de Hillman, quiere hoy al Poder Judicial en su mano, que lleguen los juristas del clan, magistrados sin carrera judicial, Jacobo Domínguez Gudini y otros políticos de ínfimo nivel.

Pregona el roblismo que Andrés Manuel los escucha y acata, los mama y obedece. Y que el Dios Pele instruyó ya a Olga Sánchez Cordero y Julio Scherer Ibarra, apretando la secretaria de Gobernación y el consejero jurídico de la Presidencia para deponer a Edel Álvarez. El arte de la succión.

Cuitláhuac García, en cambio, desentona el coro.

Profiere el gobernador que Edel es amigo y, más que eso, cómplice de ocasión. Sin su aval no se habría girado la orden de aprehensión contra el fiscal Jorge Winckler Ortiz y cuatro subalternos más, imputándoles tortura y privación de la libertad, sobre un caso ya juzgado y desestimado en el que el “agraviado” era Francisco Zárate Aviña, jefe de escoltas de Luis Ángel Bravo Contreras, el ex fiscal duartista que pasó un año en prisión bajo cargos de desaparición forzada por los que aún está sujeto a proceso penal.

Sacado del basurero político, encumbrado por el ex gobernador panista Miguel Ángel Yunes Linares, Edel fue magistrado itinerante en el fidelismo y en el sexenio siguiente, liberador del supuesto asesino de la periodista Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso, por confesiones bajo tortura, ridiculizando así a Javier Duarte.

Fue adversario de magistrados que lo tildaban de carecer de carrera judicial. “Cualquier pendejo es magistrado”, soltó Yolanda Cecilia Castañeda con una frase que la inmortalizó.

Ya en el inicio del yunismo, instruyó la purga de magistrados por edad y la danza de jueces a los que habilitó como suplentes, que tiene al Poder Judicial en la crisis total.

Y en lo financiero, negocios y más negocios, la construcción de ciudades judiciales, los amigos incrustados en el área administrativa, el endeudamiento bestial.

Y luego se pasó al morenismo desteñido que hoy desgobierna a Veracruz. Unos dicen que fue traición; otros que el plan lo fraguó con su jefe Yunes.

Engatusó, pues, al secretario de Gobierno, Eric Patrocinio Cisneros Burgos, que de política no entiende ni jota. Luego al gobernador de Veracruz. Y va por la reelección.

Otro grupo lo impugna y lo confronta. Raúl Pimentel Murrieta, también integrante del PJV, y una buena parte de los magistrados, jueces, secretarios, la burocracia administrativa, barras de abogados a lo largo de Veracruz, la prensa duartista, juristas de buena fama y otros con pésimo historial.

Y Edel se desvive en lisonjas a Cuitláhuac.

“Hoy Veracruz tiene un gobernador que es maestro universitario —dice— y por lo tanto tiene muy claro el hecho del esfuerzo que realizan los jóvenes para prepararse y salir adelante en todas las materias; un universitario sencillo que realmente está dando los pasos correctos contra muchas circunstancias, tratando de cuidar lo más importante que son ustedes para que Veracruz siga creciendo con paz y seguridad”.

Esas son las de Edel, rollo mareador, cultivo yucateco para encantar y engañar.

Afirma que para ser magistrado no se requiere ni antigüedad ni andar en el escalafón: “Tener antigüedad en la burocracia judicial no garantiza el mejor perfil”. Y más: “para ser un buen magistrado hay que tener conciencia social, honestidad, profesionalismo y conocimiento del derecho”.

Su entorno es de grilla pura. Convertido en botín de recursos, de coto de impunidad, cueva de políticos en desuso, negocio de jueces y magistrados, el Poder Judicial es el clavo ardiente para hacer contrapeso al gobernador, conteniendo al Congreso y, si acaso, manteniendo el orden social.

Su uso es político. El Poder Judicial administra la justicia al mejor postor. Se nutre de juristas y desechos políticos sin carrera judicial. Conviven los que interpretan la ley y los que trastocan la ley.

Es un poder con justicia selectiva, injusticia a secas, tocado, infiltrado, sometido al narco, al secuestro, al robo, al asesinato y, si acaso, a la gente de bien. No es un poder puro. No opera para salvaguardar a la sociedad.

A los Robles los mueve la inquina. A Edel, Cuitláhuac, Patrocinio, Pimentel Murrieta, a sus grupos y aliados, el poder.

Son las mafias que se matan por el Poder Judicial.

Archivo muerto

Camino al cadalso, Yazmín ha de recordar que tuvo armas y no las veló, evidencias de corrupción y las guardó, un arsenal explosivo, obras ejecutadas sin ajustarse a la ley, el desfase con los recursos, la mano sucia del alcalde Víctor Carranza. Cercada, acorralada, Yazmín Martínez Irigoyen fue embestida por los ediles de su partido, Morena, y dos del PRI, que aprobaron proceder legalmente, dar vista al Congreso de Veracruz, iniciar juicio político, destituirla como síndica del ayuntamiento de Coatzacoalcos y, por si faltara, aplicarle la inhabilitación para ocupar cargos públicos. Incómoda a los intereses de la pandilla del presidente municipal, con la que llegó al poder, Yazmín llego a develar podredumbre y excesos, obras ejecutadas con contratos sin firma, el abuso de funcionarios menores, la impostura del “director jurídico municipal”, Agustín Jiménez Hernández, que usurpa funciones pues desde diciembre de 2018 le revocó su poder notarial. Pero no pasó de ahí. De la luna de miel transitó a la relación enfermiza.

Y el sábado 5, a propuesta del alcalde Carranza, por mayoría del PRI-Mor se acordó tramitar su desafuero. Sabiendo de las tropelías del presidente municipal, el uso ilegal del erario, la rebeldía de funcionarios de segundo nivel y la complicidad de Víctor Carranza, no llevó su denuncia al Congreso de Veracruz.

Ahí, y en la vía judicial, tendrá que defender su condición de síndica y revertir el golpe de sus antiguos aliados. Con la evidencia de las corruptelas del Comediante Supremo, el que debiera ir a juicio político es Carranza.

Pero Yazmín no quiso actuar… ¿Fue evaluada o no Marcelina “N”, la mujer narcopolicía de Agua Dulce? ¿Aprobó los exámenes de control de confianza o compró la certificación? ¿Traficaba desde antes de ser policía o en el camino se pervirtió? ¿Cómo pudo ser apañada con droga, junto a la jefa de plaza, Dulce Verónica “N”, que resultó ser su hija? Preguntas para el alcalde Sergio Guzmán Ricárdez, el sátrapa a quien los hidrómilos no aplaudidores, la sociedad pensante de Agua Dulce, recuerdan en su faceta de jefe policíaco, consentidor de la tortura y la extorsión. Sergio Guzmán fue cómplice de comandantes y tropa, violadores de derechos humanos, y se le denunció hasta echarlo de la corporación.

Al inocente que caía en sus manos le hacían vivir un infierno, y al delincuente, ya molido a golpes, lo liberaban a cambio del moche. Que ahora en su corporación policíaca haya un elemento, Marcelino “N”, que trafica droga, no extraña. Sabiendo su proclividad a lo chueco, para Sergio Guzmán esa es la normalidad… Veracruz en el top ten del caos: primer lugar en sida, primer lugar en dengue, primer lugar en feminicidio, primer lugar en secuestro.

Según el Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH y el sida (Censida), Veracruz va a la cabeza en mortalidad femenina a causa de sida con 4 de cada 100 mil habitantes y segundo en mortalidad masculina con 14.7 por cada 100 mil habitantes. El promedio nacional es de 7.1. En el registro de dengue, hasta el 30 de septiembre sumaban 6 mil 107 casos con 15 decesos, por encima de los 5 mil 147 contagiados en Jalisco.

El total nacional es de 20 mil 914, al corte de septiembre. Y el gobernador Cuitláhuac García justificando que no se hayan implementado programas de abatización bajo el argumento de que se ponía en riesgo a la población de abejas.

Supina ignorancia la del ateperetado de palacio. Los componentes del abate no causan efecto a este tipo de insectos. Respecto al feminicidio, el registro del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública revelaba hasta septiembre 131 casos ocurridos en Veracruz. Por lo que hace al secuestro, de las mil 142 víctimas totales durante el período de enero a agosto, 242 pertenecen a Veracruz; o sea, el 21 por ciento. Supera a la Ciudad de México con 151 y al Estado de México con 152. Y frente al caos, el Dios de Morena, Andrés Manuel López Obrador, y Cuitláhuac García, su acólito de Xalapa, dirán que “vamos requetebién”… Dos textos —contradictorios— y una fisura en la élite marcan la renuncia de Alberto Mijangos, El Colegial. Deja la Secretaría de Gobierno del ayuntamiento de Coatzacoalcos y con ello el sueño de ser alcalde. Su salida —octubre 2— se advertía en su cuenta de Facebook donde refirió el 18 de septiembre: “Quédate con la tranquilidad de saber que todo lo que hiciste fue con buena intención, sonríe y permanece tranquilo, porque tú no perdiste… a ti te perdieron”.

Y cuando se produjo la dimisión corrigió: “Como en todos lados donde he tenido la oportunidad de servir, me marcho muy agradecido por incontables personas con las que tenido la fortuna de interactuar: jefes, compañeros de trabajo, servidores de otros órdenes de gobierno, actores políticos y desde luego con la generosa gente de Coatzacoalcos a la que hice mi mejor esfuerzo por servir con humildad y empeño”. Y agradece en especial al alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo. Y entonces por qué había expresado: “porque tú no perdiste… a ti te perdieron”.

Nebuloso, el cese de Mijangos se da agudizado por versiones morenistas que refieren un choque entre Rocío Nahle y su mentora Roselia Barajas de Robles. Quiso la matriarca del Clan de la Succión acelerar la caída del presidente municipal, avizorando el impacto que tendrá su nefasta actuación en la elección de 2021 y el inminente descalabro de Morena, pero la secretaria de Energía, Rocío Nahle, la atajó.

En su ayuntamiento, que los Robles se olviden de mandar. Y Mijangos se fue. Roselia es impolítica, corta de visión, cero operación, pero en el caso Coatzacoalcos le asiste la razón. Carranza hunde a Morena y el naufragio ya se ve.

En cambio, Nahle, la senadora y titular de Energía, lideresa del Grupo Barbarazo, es proclive a destruir. Y a preservar su negocio. Al relevo de Mijangos va Noe Joffre, operador electoral de Nahle, al que incrustó como consejero del IFE distrital, luego presidente de la Junta Electoral para la elección de agentes municipales en Coatzacoalcos.

Es su pieza. Había sido la Secretaría de Gobierno municipal espacio de los Hillman y del Clan de la Succión; ahora lo es de Rocío Nahle. Habrá quien afirme que no es choque de trenes en la élite. Pero lo es…

Diez meses y la violencia sigue. Conviven, coexisten los siete cárteles y su gobernador, ellos en la ejecución y el secuestro, la droga y la extorsión, y Cuitláhuac García ocultando, maquillando cifras, la estadística de muerte que retrata a Veracruz. Así vive su realidad irreal.

Manda el narco, el cobro de piso, el levantón y toda forma de delincuencia. Masacran a la sociedad, esparcen el miedo, provocan el éxodo de familias, cierre de empresas, caos económico, evasión social. Y Cuitláhuac negando la dimensión de la inseguridad.

Son ya seis meses de la masacre de Viernes Santo, en Minatitlán, y no hay justicia. Fuera de dos presuntos jefes de plaza del Cártel Jalisco Nueva Generación, El Lagarto y El Pelón, nadie ha parado en la cárcel. Y habrá que esperar si se les puede condenar.

Ahí fueron 13 muertos, entre ellos Santiago, menor de un año de edad, y su papá.

Un comando fue por un transexual, la Becky Lin, con negocios que servían como punto de venta. Cambió de cártel, rompió con el proveedor y terminó ejecutado, refiere la versión oficial. Y con él murieron 12 más.

Es ya un mes y medio de la masacre en el table dance Caballo Blanco, en Coatzacoalcos, y la Fiscalía General de la República, que atrajo el caso y con ello precipitó la caída del fiscal estatal, Jorge Winckler Ortiz, por las implicaciones que se habrían de revelar, no muestra resultados ni avance. 30 víctimas y todo sigue igual.

Hubo dos detenidos, según presumía el gobernador Cuitláhuac García, que nunca mostró. Y si los aseguró la FGR y no los puso a disposición de algún juez, hubo violación al debido proceso.

Hay un detenido, vuelve a insistir el gobernador de Veracruz, y asegura que ya está en manos de un juez, al que no duda en amedrentar.

Cunde la violencia, se recrudece, se multiplica el dolor. Y mientras, el gobernador maquilla, oculta, miente, presume “15 días sin delitos de alto impacto en Coatzacoalcos” al tiempo que los siete cárteles se disputan Veracruz.

Su realidad es como la del presidente López Obrador, irreal.

Golpean los malosos a mujeres, jóvenes, empresarios y todo aquel que paga cuota. O al que es levantado y objeto de extorsión.

Destaca entre las agresiones letales, el de Galilea “H”, de 22 años, residente de Minatitlán, quien había viajado a Tres Valles, en la zona de la Cuenca del Papaloapan. La acompañaban dos amigos, quienes también fueron ultimados. A ellos los hallaron primero, a Galilea, el 1 de octubre.

Otra joven, Izamar “M”, desapareció el 27 de septiembre. Su cuerpo fue hallado dos días después en el ejido Tacoteno, colonia Costa de Marfil, en Minatitlán. Apareció desmembrada en una bolsa de plástico.

Siendo estudiante de Bachillerato, sus compañeros tomaron las carreteras que unen a Coatzacoalcos, Minatitlán y Cosoleacaque, generando el ahorcamiento del sur de Veracruz. Referían los estudiantes que o el gobierno se aplica y resuelve o la protesta se radicalizará.

Una tercera mujer, Ingrid Annel “S”, fue hallada con vida en una casa de seguridad en la colonia Primero de Mayo, en Coatzacoalcos. Por espacio de 10 días sus captores la mantuvieron retenida.

Con Galilea e Izamar habían sumado seis asesinatos de mujeres en una semana.

A Coatzacoalcos le duró un mes la paz. Con Guardia Nacional o sin ella, la violencia vuelve. Pero Cuitláhuac dice en redes sociales que van “15 días sin delitos de alto impacto en Coatzacoalcos”.

A José Antonio “C” lo levantaron a fines de septiembre y su cuerpo fue hallado el domingo 29, ultimado por sus captores que exigían 2 millones de pesos a cambio de su vida. Pertenecía a una de las familias más conocidas de Coatzacoalcos.

Un video daba cuenta de las condiciones en que José Antonio “C” se hallaba, literalmente en manos de los secuestradores su vida pendiendo de un hilo. Y ahí la evidencia de que el ultimátum era real.

Su familia ofreció un bien, parte de su patrimonio, y adujo no disponer de una cantidad así. La respuesta de los malandros fue: efectivo o no lo regresaría con vida.

Tras 10 días sin saber nada de él, su cuerpo fue ubicado en un rancho de la colonia Hermegildo J. Aldana, municipio de Cosoleacaque, el domingo 29 de septiembre.

Joven empresario dedicado al ramo de la tortilla, emprendedor y bien apreciado, José Antonio deja esposa e hijas en el desamparo, y la zozobra, y el dolor.

Y Cuitláhuac sigue en su realidad irreal.

Agua Dulce, el municipio más al sur junto con Las Choapas, es su perdición. Ahí va a exaltar el espejismo de la seguridad, la estrategia de paz, las acciones que hagan correr al delincuente. Ahí se escucha la voz su voz— que increpa al juez que debe ceñirse a las locuras del gobernador.

Y ahí, en Agua Dulce, el vínculo con la droga es parte de la Cuarteada Transformación.

Van por reflectores y termina ridiculizado. Va por lana —reza el refrán— y regresa trasquilado.

Llega Cuitláhuac García a Agua Dulce, lo flanquea el alcalde anfitrión, Sergio Guzmán Ricárdez, y la diputada federal Tania Cruz. Y asume el tono mandón, su faceta teatral.

Que el juez que lleva el caso Caballo Blanco no libere a los implicados en la masacre. Y que no lo haga “porque lo vamos a vigilar”.

“No me voy aguantar—decía el lenguaraz—: juez que libere a un responsable de manera muy superficial, lo vamos a exhibir públicamente. Este es un mensaje para el juez aquí en el sur, federal, muy claro”.

Porque—apunta— no se puede detener a quienes infringen la ley y luego el Poder Judicial los deja libres. ¿Sabrá lo que es la autonomía de poderes?

Así andaba de echador, soberbio, desafiante, cuando la liebre le volvió a saltar.

Una mujer, Marcelina “N”, integrante de la Policía Municipal de Agua Dulce, fue sorprendida mientras realizaba un negocio non sancto: vendía droga. Y con ella, la jefa de plaza, doña Dulce Verónica “N” que resultó ser su hija, y una tercera implicada, María “N”.

Tres fichas, una de ellas policía municipal de Agua Dulce, vendían droga en la cercanías de la Secundaria General Uno, Sección 22. Es la policía del alcalde Sergio Guzmán Ricárdez, al que los del CJNG le tienen aprecio especial.

Les hallaron cocaína en bolsas, 28 dosis; 13 bolsas de cristal y otras 42 de hierba verde con característica de marihuana. Y sus clientes eran estudiantes de secundaria.

Por ese delito, la uniformada y su conecte, su hija, pararon en la cárcel.

El Muelle, una de las principales congregaciones de Agua Dulce, es tierra en disputa. Cuando menos van cuatro ejecuciones y se respira un clima de miedo.

Y el alcalde Sergio Guzmán Ricárdez, con su policía narca, con las burlas y la sorna de la sociedad, la tomadura de pelo a Cuitláhuac, está en la mira del gobernador.

Cuitláhuac es cuento y rollo marca 4T. Asaltó la Fiscalía de Veracruz, vía un golpe de estado urdido y ejecutado en la Comisión Permanente del Congreso estatal, que carecía de facultades y atribuciones, y hoy maquilla las cifras de la violencia… o las oculta.

“15 días sin delitos de alto impacto en Coatzacoalcos —dice el embustero en redes sociales—. Incidencia delictiva -20% a la baja (sic). Aprehensión de generadores de violencia en la región. FGE regional renovada”.

Su fiscal carnala, Verónica Hernández Giadáns, ex empleada del secretario de Gobierno, Eric Patrocinio Cisneros Brugos, dejó de difundir las cifras y la estadística delictiva como lo hacía el fiscal depuesto, Jorge Winckler Ortiz. Para eso la impuso ahí.

Un reporte, el de la incidencia delictiva al mes de agosto, excluye las masacres de Minatitlán y Caballo Blanco, uno con 13 muertos, el otro con 30. Fue en los tiempos de Winckler pero la fiscal a modo del gobernador no corrigió y así se remitió la información al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

De palabra, esos muertos no existen. De palabra, estilo Andrés Manuel López Obrador, la seguridad va bien. Sólo de palabra.

En los hechos, el caos crece. Sea el norte o el sur, la sierra o la costa, a Cuitláhuac García la violencia lo sacude. Gira atrapado en un huracán de muerte, en el reto de los cárteles, a los tumbos y dando palos de ciego.

Se motiva con uno que otro golpe a la delincuencia. Pero las estructuras del crimen organizado siguen intactas, en alta la disputa por la plazas, las ejecuciones, el levantón, el cobro de piso, el secuestro.

Y el gobernador convive con siete cárteles, los que mandan, los que imponen su ley.

Diez meses después, Veracruz arde. Lo incendian los malos. Lo devora la inseguridad.

Y Cuitláhuac maquilla las cifras de la violencia.

Archivo muerto

Igual o peor que Edel Álvarez, el magistrado Raúl Pimentel carga un negro historial, historias de abuso y tráfico de salarios, empleados a los que se les rasura el sueldo. Uno y otro son lacras en el Poder Judicial de Veracruz y uno y otro son voraces y proclives a la corrupción. Pimentel Murrieta, hoy defenestrado, degradado al Tribunal de Responsabilidad Juvenil, confinado ahí por Álvarez Peña para reducirle al mínimo sus posibilidades de ser presidente del Poder Judicial, tuvo a su lado una colaboradora sui generis, Lorena Zapata Rodríguez, proyectista de membrete pues el trabajo lo realizaba Tomás Antonio Francisco. Y parte del salario de la favorita del magistrado provenía de la rasurada acomodada a la compensación de la secretaria de Pimentel, María de los Ángeles Rosado Ortiz, según denuncia difundida en el portal Plumas Libres, el 17 de febrero de 2017. Lorena Zapata tiene un deporte, el nepotismo, y lo practica a fondo.

Tres familiares pululan en las nóminas del Poder Judicial: su hija Liliana Juárez Zapata, su yerno Marco Antonio Vázquez Torres y su sobrino Héctor Zapata Franco. Y pensar que entre Edel Álvarez y Pimentel Murrieta se mueven las bandas de magistrados que simulan impartir justicia a Veracruz. Uno endeudando al Poder Judicial, obsesivo con los negocios oscuros, las jueces y magistradas a las que proyecta, sean letradas o no, y el otro que lo que puede se lo agandalla…

De canibales y carroñeros se nutre Morena. Uno de ellos, Víctor Manuel Carranza, ataca y fustiga, desuella y lacera a la síndico del ayuntamiento de Coatzacoalcos. Carroñero, el Chacal del Carmen no le respeta ni el luto de Yazmín Martínez Irigoyen por la tragedia que envuelve a su familia, y en cosa horas terminará de mancillar políticamente a quien pasó de ser su aliada fiel a una voz discordante en el cabildo, exhibiendo transas y simulación, contratos sin firma, asignaciones directas, abuso de autoridad, la corrupción galopante del presidente municipal y su pandilla.

Carranza construye denuncias y luego una solicitud de juicio político ante el Congreso de Veracruz, que pasará, que se aprobará, sólo si Morena logra sumar los 34 votos que le darían mayoría calificada, aunque ya dos veces, léase caso Jorge Winckler, fiscal destituido violando la ley, el partido en el poder fracasó. Carranza requiere primero del aval del cabildo. Tiene el voto de cinco ediles de Morena, la banda que lo ayuda a desgobernar Coatzacoalcos, y los de Oliver Damas y Felipe Rodríguez, regidores priistas que le aprueban todo sin chistar. Oliver, a cambio de la impunidad que goza su amigo y patrón, el ex alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, al que Carranza no toca ni con las trampas cazarratones que colocó a las puertas del palacio municipal cuando era alcalde electo, y Felipe por un acuerdo de no agresión que permitió que todo el equipo de Víctor Rodríguez, su hermano, quedara succionando la nómina municipal. Le queda a Yazmín Martínez Irigoyen —que también incurrió en nepotismo— la movilización de sus huestes, el recurso legal y aguardar a que funcione la incapacidad de Morena para sumar los votos requeridos para que el juicio político cuaje.

Mientras, el chacal Carranza sólo tuerce la boca al insistir en que esto no es desafuero. Pues no, es carroña versión 4T… Potencialmente incómoda, Adriana Herrera no se traga las cifras, los gastos, las cuentas alegres del alcalde Víctor Carranza. Inquiere y exhibe la regidora al presidente municipal de Coatzacoalcos y alerta que hay desfase en el gasto, opacidad en la inversión, en el pago a proveedores, en las ayudas sociales. Por eso es incómoda. Para la regidora independiente se activa también una solicitud de destitución ante el Congreso de Veracruz. Y así se va deshaciendo el Chacal del Carmen de los ediles que increpan, los que advierten del saqueo, los que saben y denuncian que se está violando la ley. O sea, el presidente chacal pretende devorar a medio cabildo y quedarse con los serviles de profesión…

Vuela La Amenaza Vasconcelos hacia Morena, la Cuarta Putrefacción. Desdeñado por el priismo, y por aquellos ciudadanos que lo vieron mezquino cuando perdió la elección de alcalde de Coatzacoalcos en 2018 al cortar la ayuda médica a miles que le dieron el voto, ahora irá por la presidencia municipal bajo la sombra de Podemos y por el partido de López Obrador. Podemos es el refugio de la fauna dinosáurica priista, liderados por Francisco Garrido, el ex diputado tapadera de Javier Duarte, el aplaudidor frenético del célebre ladronazo desde los días en que presidía la Comisión de Vigilancia del Congreso de Veracruz. A Carlos Vasconcelos, alias La Amenaza, líder la CTM aunque pronto dejaría de serlo si traiciona a su partido, lo apadrinan las momias del priismo, aglutinadas todas en Podemos, la burda careta del PRI.

A Vasconcelos, cuenta un insider, lo buscan cuando menos dos diputados de Morena, fraguando una candidatura con tufo a moho y a desprestigio, cobijado en el Clan de la Succión, la runfla de los Robles Barajas que no dejan de mamar de la ubre presupuestal. Es esa locura, en esencia, la crónica de un fracaso electoral anunciado: a la imagen de La Amenaza —en sus buenos tiempos su solo nombre suscitaba terror—, se suman esa farsa llamada Podemos y el desplome de imagen de Morena en Coatzacoalcos, derivado de patético gobierno del morenista Víctor Manuel Carranza Rosaldo. Sólo falta que Marcelo Montiel le diga sí al PRI y por Vasconcelos sólo votarán los Robles y los Vasconcelos…

 

La caja gorda de López Obrador

Lunes, 30 Septiembre 2019 05:12

Parloteando, Javier Duarte se asume útil y bocón, vil y servil, apegado al guión de la 4T mientras la élite postneoliberal tramita su pasaporte a la impunidad. “Fui la caja china” en el peñanietismo, dice. No, es la caja gorda de López Obrador.

Reo gris, cínico y despreciado, protagonista del saqueo a las arcas de Veracruz, se regodea en los privilegios que la casta obradorista no le concede ni a los capos ni los sicarios, ni al H de los Beltrán Leyva, ni a los hijos del Chapo y del Mayo o a los parientes del Señor de los Cielos, ni al Mochaorejas, pues. Pero a Duarte sí.

A Duarte lo que pida y la Cuarteada Transformación se rinde a sus pies.

De su celda brotan mensajes en Twitter o a la crujía acude la prensa nacional y estatal a registrar el trato laxo del gobierno morenista, las ínfulas y los desplantes del ladrón confeso que por un procedimiento abreviado, reconociendo el delito, transó con el gobierno de Enrique Peña Nieto una condena ínfima, nueve años, cuando debió purgar 40 si le hubieran sostenido los cargos por delincuencia organizada.

Al Reclusorio Norte van los corifeos. Escuchan y repiten. Asumen cierta la verdad mañosa de Javier Duarte, las proclamas de inocencia y la mentira con que se exculpa del desvío de 60 mil millones de pesos, según las denuncias encausadas por la Auditoría Superior de la Federación.

Javier Duarte es el reo estrella de la 4T, la caja gorda de López Obrador.

Dice lo que Andrés Manuel no quiere, no sabe o no puede expresar.

Si el Dios Peje no se lanza contra Peña Nieto, Javier Duarte lo hace por él.

Si el Dios Peje no menciona a Miguel Ángel Yunes, Javier Duarte se le tira a matar.

Y así se va convirtiendo en la conciencia moral, y ahora vocero, del presidente López Obrador.

Literalmente, Javier Duarte se llenaba la boca vociferando su filia peñanietista. “El mejor amigo de Peña Nieto en Veracruz soy yo”, soltó a un grupo de periodistas en Xalapa cuando ideaba cómo imponer candidato en el PRI.

Era, por decisión de Peña Nieto, el dueño de la sucesión. Le había concedido el entonces presidente, dijo Duarte, tomar los hilos, alinear los astros y designar al priista que sería su sucesor.

A contrapelo de muchos, Peña Nieto le concedió acortar el mandato del siguiente gobernador de Veracruz. Así, el sexenio se convirtió en bienio, con el avieso fin de desalentar a quienes pretendían sumir el cargo, los Yunes azules —Miguel Ángel, el panista— y los Yunes rojos —Héctor Yunes Landa y José Yunes Zorrilla, priistas— y dejar el camino libre a Alberto Silva Ramos, el Pato de Tuxpan, su vocero, su operador en el pago a empresas fantasma, el encarcelador de periodistas, el de los excesos hasta con los chayotes de su prensa afín.

Y ahora pregona que fue la caja china del peñanietismo, el distractor por los líos y los escándalos del ex presidente, por la Casa Blanca y el tufo a corrupción, por Ayotzinapa y los 43 normalistas desparecidos y asesinados por los cárteles del narco.

Javier Duarte TV concita a Televisa, a Imagen TV, a la radio y a las redes sociales. Súbitamente se despliegan múltiples espacios en la prensa que milita en la Cuarteada Transformación. Aplauden las focas a una voz replicando lo que conviene al Dios Peje, y canta el coro de los pejistas puros que ya comulgan con el sátrapa que saqueó a Veracruz, o la yihad pejista que no sabe lo que es razonar, o el ejército de bots que responden a un sí o sí con el aliado de López Obrador, o que sirven para insultar, golpear o descalificar. Todos en torno a Duarte.

Goza Andrés Manuel de la presidencia y goza Peña Nieto de impunidad… por ahora. El pacto se firmó iniciando campaña. A cambio de parar al panista Ricardo Anaya, por no respetar acuerdos y batear a Felipe Calderón que intentaba gobernar vía Margarita Zavala, su esposa, La Calderona, Peña Nieto inició la persecución usando a la Procuraduría General de la República que acusaba el supuesto uso de dinero de procedencia ilícita en la compra de un terreno y la venta de una nave industrial. Anaya ya no creció, perdió la elección y la PGR se replegó.

Ya en palacio nacional, López Obrador gana y pierde a diario. Desmantela al régimen anterior, cancela programas, reorienta presupuesto, recorta gasto. Y a cambio el sector privado no invierte. Y la clase política lo fustiga. Y Peña Nieto anda hiperactivo, protagonista, rompiendo la regla que obliga a los ex presidentes a sumirse en el olvido.

Una fiesta le permitió a Andrés Manuel palpar el desprecio de la élite. A la boda de la hija del abogado Juan Collado acudió Peña Nieto, su nueva novia, amigos y la cúpula del poder económico.

Entre ellos hubo grabaciones en las mesas de invitados, en los pasillos y jardines. Se registró la sorna, la burla, el desprecio a López Obrador. Y Andrés Manuel se irritó. Lo consigna el periodista Salvador García Soto en su columna Serpientes y Escaleras, el 21 de septiembre.

Días después fue encarcelado Juan Collado, abogado de ex presidentes y adinerados. Y después la ex secretaria de Desarrollo Social y Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Rosario Robles Berlanga, acusada de ser la pieza clave en la Estafa Maestra. Y llegó la advertencia a Peña Nieto.

“ ‘El Presidente le pide, de la forma más atenta y respetuosa —cita Salvador García Soto—, que cuide su perfil, que lo baje y no se exponga’. Pero la respuesta del mexiquense, lejos de corresponder a la cortesía política, fue seca y cortante: ‘¿O sea que para no molestar al Presidente yo tengo que abandonar mi vida social? Pues dígale al Presidente que tomo nota’. Y colgó”.

Al quinto día —26 de septiembre— Televisa dedica tiempo a Duarte. Y su tema es Peña Nieto.

“Fui la caja china”, dice el reo. Fue el distractor, sostiene, para desviar la atención de la opinión pública que se centraba en la Casa Blanca, Ayotzinapa y su pérdida de popularidad. Había que sacrificar a uno de los suyos y Duarte fue, dice, el personaje ideal.

Era el mejor amigo de Peña Nieto en Veracruz, según pregonaba Duarte, y lo llevó a prisión.

De Yunes redunda casi ni lo toca: es un psicópata, le inventó pruebas, persiguió a su familia, asedió a su esposa Karime, la que asumía funciones de gobernadora en reuniones con el gabinete.

Y a lo que difunde Televisa se suma la prensa obradorista y hasta la que busca su tajada del pastel.

Duarte habla por López Obrador. Habla a medias. Habla de la Casa Blanca y Ayotzinapa.

De lo que no habla es del saqueo del erario siendo gobernador, entregas de dinero al PRI, las cajas de huevo conteniendo efectivo, trasladadas en helicóptero a un edificio de la Ciudad de México.

Tan solo en un viaje, Duarte ordenó a Tarek Abdala, su tesorero, el desvío de mil millones para el PRI. Era el 7 de febrero de 2012, a punto de iniciar la campaña de Peña Nieto.

Víctor Hugo Arteaga, periodista y colaborador del portal Animal Político, sostiene que en 2012 Duarte trasladó 3 mil 500 millones al PRI.

Eran los lodos en que solía andar Duarte cuando era el mejor amigo de Peña Nieto en Veracruz.

Ahora transmite la advertencia.

Y le sirve de vocero a López Obrador.

Archivo muerto

Trabado en el escándalo Bartlett —inútil defender lo indefendible—, Andrés Manuel suelta a media mañanera un complot que no se lo cree ni el mismo Andrés Manuel. Un domingo, día de descanso, fueron inscritas en el Servicio de Administración Tributaria 26 empresas a nombre del presidente de México y su esposa Beatriz Gutiérrez Müller. “Ya me rayé” —bromeó López Obrador—.

Me convertí en empresario”. Luego acotó: “Todas las inscribieron el 11 de agosto del 2019, en Boca del Río, Veracruz, en las oficinas del SAT. Me ponen a mí como socio y también a mi esposa”.

Y se lanzó: “Están muy mal acostumbrados a hacer eso, como sea, si fue por venganza, alguien dolido que quiso vulnerar el sistema del SAT, o alguien que constituye estas empresas que puede hacer negocio engañando de que yo soy miembro de la empresa, socio de la empresa, o mis adversarios políticos para que el día de mañana aparezca de que estoy yo haciendo negocios chuecos”.

Justo cuando los reportajes de Areli Quintero, impulsados por Carlos Loret de Mola, sobre el director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett Díaz, entrampan a la Cuarteada Transformación. Bartlett omitió 25 casas, valuadas en 800 millones de pesos, y 12 empresas.

AMLO lo justifica, lo cobija, lo encubre. Acusa a quienes realizaron la investigación de no ser honestos. Y muy a modo, tira el rollo de las 26 empresas inscritas en el SAT de Boca del Río. Sí, pero en los hechos su versión es tácitamente imposible.

Crear una empresa implica un acta constitutiva, protocolizarla ante notario, solicitar registro del nombre en la Secretaría de Economía, inscribirla en el SAT, que el representante de la sociedad anónima se identifique, que estampe su firma, que le capten el iris de sus ojos, que le asignen la firma electrónica y que quede una huella fiscal.

Y es demencialmente imposible que pase desapercibido que los dueños de las 26 empresas lleven por nombres Andrés Manuel López Obrador y Beatriz Gutiérrez Müller. Fanático de las cajas chinas —y de las cajas gordas, marca Javier—, del distractor y las bolas de humo, el presidente quiere sembrar en el imaginario colectivo la idea de que cualquiera inventa empresas, las inscribe en el SAT y luego las convierte en noticia nacional. Y si lo hicieron en Boca del Río, según sus “otros datos”, también lo pudo hacer Loret de Mola. Y a partir de ahí, desacreditar los reportajes sobre Manuel Bartlett. Strike a López Obrador y riesgo de que se autoponche la 4T…

Seco y al hígado del gobernador, el gancho del diputado Maleno Rosales, de Morena. Ni el secretario de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado, ni el secretario de Gobierno, Eric Cisneros Burgos, contaban con la certificación del examen de control de confianza. Acorralado ante la grave delación, Cuitláhuac García comenzó entonces a chimoltufiar.

Y terminó admitiendo que sí, ni el shérif ni el impolítico secretario de Gobierno habían cumplido el requisito. Lo hicieron hasta el miércoles 25, casi 10 meses después de asumir el cargo y casi ocho meses después que comenzaron a acudir a las mesas de seguridad pues en 50 días no ni el gobernador, ni Eric, ni Hugo se pararon por ahí. Gravísimo el hecho por la cantidad de información de seguridad nacional, la estrategia contra el crimen organizado, los operativos en que intervienen Ejército y Marina, en manos de don Hugo y don Eric que no habían presentado el examen de control de confianza.

Peor aún que lo hayan aprobado cuando que Hugo Gutiérrez llegó a Veracruz precedido de un historial nefasto, acusado en su natal Nuevo León de tener entre su personal de la Procuraduría estatal a agentes extorsionadores de empresarios, y Eric Patrocinio hablando de un fiscal, Jorge Winckler, al que le imputaba nexos con la delincuencia y vertiendo amenazas abiertas y directas contra periodistas que no entran en su juego demencial. A Winckler lo separó ilegalmente la Diputación Permanente del Congreso de Veracruz arguyendo que carecía de certificación. Y los bufones del gobernador pecando del delito que aún no le han podido acreditar al fiscal.

Jodido y más, don Cuitláhuac… Ruin, tramposo, Edel Álvarez naufraga en un mar de desatinos, tretas y maniobras por el control del Poder Judicial de Veracruz. Una falsa sesión de la Sala Quinta quedó al descubierto cuando la magistrada Beatriz Rivera Hernández desmintió, acreditó que no pudo estar presente, y por lo tanto no votar, en la elección de Amadeo Flores Villalba como presidente.

El acta dice que Beatriz Rivera estuvo ahí y ella demuestra que no. Beatriz Rivera se encontraba en carretera el domingo 22 a la hora que supuestamente se realizó la elección. Lo acreditó con los recibos del peaje pagado en las casetas del municipio La Antigua y la congregación Plan del Río donde consta la hora. La sesión, pues, fue una farsa y conforma una transgresión al Reglamento Interior del Poder Judicial. Revela la escasa moral de los magistrados Flores Villalba y el habilitado magistrado Marco Antonio Rodríguez Lobato, y muestra su proclividad a violar la ley.

Define a Edel Álvarez, su naturaleza chueca, la saña conque avasalla el orden y su obsesión por echar a sus enemigos de la contienda y consumar su reelección como presidente del Poder Judicial de Veracruz con las mismas mañas y con las mismas tretas del PRI… Unas palabras en Facebook y Alberto Mijangos se hizo tendencia: “Quédate con la tranquilidad de saber que todo lo que hiciste fue con buena intención, sonríe y permanece tranquilo, porque tú no perdiste… a ti te perdieron”. Y el secreto a voces de su remoción in crescendo.

Por la tarde del miércoles 18, circulaba el texto en la red social, interpretado como la inminente salida del aún secretario de Gobierno del ayuntamiento de Coatzacoalcos. Mijangos fue seguidor de Roberto Madrazo Pintado —¿qué dirá de eso Andrés Manuel?—, allegado al círculo de Marcelo Montiel Montiel, pero de tanto fanfarronear que sin él el de las tres “M” no hubiera sido alcalde, fue enviado al PRI como secretario general y de ahí a la oscuridad. Lo adoptó Iván Hillman. Lo hizo director de la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento, presidente de Grupo Integra y tras renunciar al PRI se fue a Morena. Cuando inició el ayuntamiento del morenista Víctor Manuel Carranza, Mijangos era el ajonjolí de todos los moles, operando y corrigiendo errores, protagonista como suele ser. Y el morenismo replicó, siendo enviado de nuevo a la oscuridad, con bajísimo perfil.

Y ahora el mensaje en Face que suena a renuncia… Intransigente, de día Rosa Rodríguez es la “Dama de Hierro”. Y entrada la tarde, en el sigilo y el silencio, suaviza el trato; bien motivada, cede.

Es Catastro Municipal un infierno para notarios y dueños de predios a los que la arquitecta Rosa Rodríguez, su directora, les tasa las operaciones con el impuesto más elevado, provocando que el propietario venda a bajo precio, pague altos impuestos y vea mermada su utilidad, u opte por no vender. Rosa Rodríguez es, a la par, perito valuador de Bancomer, lo que suena a negocio redondo. Necia, la inmensa funcionaria del ayuntamiento de Coatzacoalcos por las mañanas revienta a todos por igual. Pero ya tarde, cuando sólo unos cuantos empleados de Catastro acuden a laborar, la intransigencia se vuelve suavidad. Por algo muy explicable será…

 

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