Lunes, 15 de julio de 2019

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Mussio Cárdenas Arellano

Mussio Cárdenas Arellano

Atrapado en el mundo de las letras y la denuncia social, Mussio Cárdenas Arellano cuenta ya con un extenso kilometraje recorrido en el periodismo. Lejano parece ya aquel 1978 cuando en Coatzacoalcos, su tierra natal, escribió sus primeras notas. Transitó por la entrevista, el reportaje, la crónica, el artículo y la columna política. Fue corresponsal de la revista Proceso, Imevisión, IMER, Contralínea; fundador de las revistas Contacto e Informe Rojo; analista político en radio y televisión, y ganador del Premio México por columna política, en 2009, otorgado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de México (FAPERMEX). Su contacto con el periodismo viene de familia. Su padre, Mussio Cárdenas Cruz, y sus tíos Emilio, Francisco y Paulino, constituyen una dinastía de periodistas veracruzanos de reconocido prestigio. Actualmente escribe la columna Informe Rojo, que se publica en portales en internet y medios escritos con amplia aceptación entre la opinión pública.

mussioc2@gmail.com

 

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Embelesado con el beis —la bola dura y el bat—, Cuitláhuac sabe que lo suyo es el relax, la vida en rosa, así Veracruz se tiña de sangre, se sacuda con la irrupción de un nuevo cártel, el Cártel del Siglo, que se anuncia con dos encajuelados, decapitados, masacrados, y un mensaje siniestro que presagia más violencia, una violencia brutal.

Ríe y bromea el gobernador, a sus anchas, desparpajado entre los prospectos a Ligas Mayores, y los cazatalentos, mientras el secuestro se dispara, las ejecuciones cimbran, disputándose a bala y fuego la plaza, cayendo malosos, cayendo inocentes también.

Terriblemente frívolo, Cuitláhuac García Jiménez trasluce impotencia ante el Veracruz que se incendia, la violencia que no puede contener.

Seis cárteles —admite el gobernador— operan en Veracruz. Y no hay cómo pararlos. Y no hay infraestructura. Y “no tenemos capacidad operativa —dice— para enfrentar al narcotráfico”.

Muy grande la silla, diminuto el gobernador, se retrata grotesco ante la creciente inseguridad, situado Veracruz en el podium de la criminalidad, primerísimo lugar en secuestro, primerísimo espacio en homicidios dolosos.

“No tenemos capacidad operativa”.

Es la selfie del caos.

Brutal, Cuitláhuac se muestra postrado ante los psicópatas de la violencia, los sicarios con sed de muerte. Es la imagen indignante de un gobernador agazapado, empequeñecido, escondido en los drenajes del poder.

“No tenemos capacidad operativa”.

Seis cárteles operan en Veracruz, acepta Cuitláhuac, y no sabe qué hacer.

Y suma uno más, el Cártel del Siglo, cuya aparición se da al estilo de los violentos: un auto compacto a pie de carretera, entre Coatepec y Xalapa, la capital de Veracruz, sangre que escurre de su interior, dos cuerpos, dos cabezas desprendidas y un mensaje amenazador.

Son malos y se hacen llamar El Cártel del Siglo. Y sobre una cartulina se leen los alias de una veintena de líderes y sicarios de células enemigas, sentenciados a muerte.

Días después, advertido de la pifia monumental, el discurso de rendición que nunca debió pronunciar, la aceptación de que su Secretaría de Seguridad no tiene con qué, el gobernador niega la existencia del Cártel del Siglo.

No explica en qué se sustenta. No son, no existen y ya. No aporta datos. No precisa por qué de la cartulina, el mensaje, la amenaza, los apodos de las próximas víctimas, los dos muertos, los dos descabezados.

Imita en eso a Fidel Herrera, el que negó una y otra vez que hubiera zetas y con ellos gobernó, el que hizo de Veracruz un santuario de los narcos.

Allá en el arranque del año, Cuitláhuac acudió a la Cámara de Diputados a justificar la creación de la Guardia Nacional, el proyecto militarista de Andrés Manuel López Obrador, aquel que en sus días de opositor acusaba a soldados y navales de violar derechos humanos, el que con lenguaje insultante recomendó al general Salvador Cienfuegos, entonces secretario de la Defensa Nacional, que se pusiera a trabajar.

Ese día —enero 8—, en las Audiencias Públicas sobre la Guardia Nacional, Cuitláhuac muestra al Veracruz que desgobierna, inerme, y a la Secretaría de Seguridad Pública, rebasada.

Hay seis cárteles operando, llega a decir. Y no hay capacidad para enfrentarlos.

“El estado no cuenta con la capacidad para hacerles frente con sus fuerzas policíacas estatales”, suelta sin advertir el tamaño del diagnóstico, la degradada infame a la Secretaría de Seguridad.

Y en consecuencia, apela al Ejército y la Marina, quienes —dice Cuitláhuac— sí tienen la capacidad para enfrentar al crimen organizado.

“No tenemos esa capacidad, por eso recurrimos a quienes si tienen la capacidad de combatir, disuadir e inhibir a esos grupos delictivos. Veracruz, como estado está en el paso de la droga, operan seis cárteles, todos con un poderío que superan a la policía”, suelta el gobernador.

Cumple cien días y su gobierno es un fiasco, desastrosas sus cifras, el secuestro, el homicidio en primer lugar nacional, y Cuitláhuac tirándose la maroma de demeritar a su Secretaría de Seguridad para justificar a la Guardia Nacional, tácitamente una militarización.

Operan en Veracruz el Cártel del Golfo, Los Zetas, Cártel Jalisco Nueva Generación, Grupo Sombra, Sangre Nueva Zetas y las bandas de huachicoleros. Y a ellos se suma El Cártel del Siglo.

Mandan los malos, no el mini gobernador.

Y peor cuando pronuncia un término clave: “no tenemos esa capacidad” para enfrentarlos.

La falacia de Cuitláhuac García es monumental. Fuerza Civil es la segunda corporación policíaca mejor armada de México. Es un cuerpo de élite, entrenado para actuar en eventos de alto impacto. Pero abusa de su poder.

Con los débiles impone la fuerza, con los cárteles, según Cuitláhuac, no tiene qué hacer.

A siete ciudadanos, uno con residencia en Estados Unidos y el resto nativos del país vecino, los arrolló la Fuerza Civil en Actopan, a unos kilómetros de Xalapa, el 1 de enero.

Arremetió contra los “gringos”, allanado un domicilio, sembrando armas, golpeando a mansalva e incurriendo en una detención arbitraria.

Fue un exceso con implicaciones diplomáticas. Intervino la embajada de Estados Unidos y la Fiscalía General de la República y los detenidos fueron liberados. Y el secretario de Seguridad Pública se negó a presentar a los policías señalados del atropello.

Y la Fuerza Civil, esa que Cuitláhuac dice que no tiene capacidad, mostrando poder.

No sirve, según el gobernador, para enfrentar al crimen organizado. No sirve su armamento, su adiestramiento, las tanquetas y el apoyo aéreo. Pero para golpear al pueblo, sí.

Sin brújula y sin rumbo, Veracruz por voz de su gobernador carece de fuerza de seguridad capaz de enfrentar a la delincuencia. Los malosos son superiores. Seguridad Pública, rebasada.

Con una SSP jodida, se requiere del Ejército y la Marina. Así justifica la creación de la Guardia Nacional, con el aval de su gobierno. O sea, la militarización de la seguridad.

Arrugado, arrinconado, el desgobernador admite la existencia de seis cárteles. Y el Cártel del Siglo, aunque lo niegue, se anuncia ya.

Amenaza, sentencia, amaga. Deja dos decapitados, un auto del que brotan hilos de sangre, un mensaje, los alias de las capos y sicarios de otras células que pronto morirán.

Presagia, pues, más violencia, violencia brutal.

Archivo muerto

Desalmado, vival, por las venas de La Liebre no corre sangre. Ni sentimiento. Ni un gramo de piedad. Irrumpió un día en la vida de Clemente Martínez y la segó. Un instante atrás descargó el arma sobre los cuarto niños y luego sobre Martha, la esposa, sometiendo a su víctima a un sufrimiento desgarrador.

Que llore por los pequeños, lo instruyó el H. Que sufra por la esposa, insistió el jefe zeta. Y luego, que muera él. Así cumplió la orden el matón. Y Alaín López, La Liebre, se esfumó. A salto de mata vivió por casi dos años, desde aquel 24 de junio de 2017 en que acató la orden de Hernán Martínez Zavaleta, el jefe zeta que en su venganza por el homicidio de Bernardo Cruz Mota, a quien quería como a un hijo, ordenó el crimen bestial. La Liebre se fue, señalado como autor material.

El Comandante H intentó la fuga, siendo atrapado en el municipio de Cárdenas, Tabasco, remitido a la Ciudad de México, arraigado en la SEIDO de la entonces PGR, y trasladado al penal de Villa Aldama, Veracruz, donde enfrenta proceso penal. Con La Liebre en el sur, volvió la sangre y el miedo, ejecuciones en cascada, secuestros brutales, cercenados, decapitados, cobro de piso al alza.

Así hasta el domingo 3 en que elementos de la Marina lo atraparon. Si canta, el H no sale. Si La Liebre revela quién le ordenó el crimen de los niños, Hernán Martínez Zavaleta pasará el resto de su vida en prisión… Un oficio fue remitido a Anilú Ingram. Otro, a Octavia Ortega. Ambos tienen sellos de la presidencia y la secretaría general del Congreso de Veracruz.

Y en ellos consta el trámite de aprobación de la concesión a Ember Ballinas, sus derechos por 11 años sobre la cancha de futbol rápido en la Unidad Deportiva Miguel Hidalgo, de Coatzacoalcos, según el acuerdo de cabildo del 24 de octubre de 2014, refrendando el aval que diera el ayuntamiento presidido por Marcos Theurel Cotero, y la rectificación del plazo de la concesión, en diciembre de 2015. Por si faltaba algo, el 27 de octubre de 2016 la Comisión Permanente del Congreso de Veracruz aprobó la concesión en definitiva, tal como consta en el Diario de los Debates.

Todo, con el acta de cabildo que favorece en el punto 5 a Ember Ballinas como concesionario. Del “acta falsa”, la que certificó el secretario del ayuntamiento de Coatzacoalcos, Miguel Pintos Guillén, no hay nada en el Congreso. No existe. No tiene valor legal y no se usó para trámite alguno. Mientras, el alcalde Víctor Carranza y su pandilla enfrentan una denuncia penal por robo, daños, abuso de autoridad.

Deriva de la irrupción y destrucción de las canchas de la Liga Municipal de Futbol, violando el juicio amparo, cuya sentencia no había causado estado. La denuncia se ventila en la Fiscalía Especializada para Delitos Cometidos por Servidores Públicos, implicados el coordinador jurídico, Agustín Jiménez, de pasos turbios en la UPAV; sus abogados; el secretario de Obras, Leopoldo Suárez, y la empresa Fosmon. Sólo el alcalde tiene fuero; los demás no. Y cuando sea desaforado, irá a juicio… Lanzada al matadero, Eusebia Cortés habla de lo que ni sabe ni entiende. Exige la regidora una disculpa por la imputación del acta falsa de cabildo, que sí lo es. Reclama sobre un peritaje confuso y difuso, impugnable, basado en un acta presuntamente hallada en un libro del ayuntamiento de Coatzacoalcos “sin sellos ni firmas”, como sostiene el coordinador jurídico municipal, Agustín Jiménez, en oficio enviado al juez noveno de distrito, el 20 de diciembre de 2018. Según el perito Francisco Javier Ortiz Martínez, el acta de cabildo presenta firmas auténticas de los regidores que integraron el ayuntamiento de Coatzacoalcos en 2015. Y eso le sirve a la regidora de Morena, ex del PRD, para exigir una disculpa pública por imputarle a la pandilla que pulula en el ayuntamiento que ahí hubo falsedad. Pues la hay.

Es el acta apócrifa que nunca llegó al Congreso de Veracruz, la que contiene una compraventa que la Legislatura no avaló. En breve habrá acciones legales que sustenten que el peritaje es parcial, contradictorio y basado, según la afirmación del “delegado” jurídico Agustín Jiménez, en un acta extraída de un libro “sin sellos ni firmas”. Luego diría el alcalde Víctor Carranza que el acta fue robada del libro o florete azul, violando la cerradura de al puerta de la oficina del secretario del ayuntamiento, Miguel Pintos Guillén. ¿Y la denuncia por qué no se presentó en instancias judiciales? Y a Cheba la envían a matarse sola. Lo que es hablar por hablar… Tácitamente, Laureano Malpica gana pleitos sin cédula profesional. Y hace fortuna. Afamado en el medio, reconocido por muchos, a lo largo de los años ha defendido a trabajadores que reclaman justicia laboral.

Y lo logra. Hoy se mueve en la otra otra orilla, defensor de patrones, asesor de Víctor Carranza en la alcaldía de Coatzacoalcos y de Nicolás Reyes en Minatitlán, dos ayuntamientos desastrosos. Su equipo legal, cambiante a lo largo del tiempo —Amado Cruz Malpica, María del Carmen Sánchez Sosa, Abel Jiménez Hernández, entre otros— aportaba conocimientos, entrega, colmillo y cédula profesional. Laureano, un estudioso del derecho laboral, ícono de la defensa del obrero —los azufreros que enfrentaron a los hijos de Fidel Velázquez, los despedidos de Pemex—, hoy muestra las tablas, la dilación de sentencias como argucia legal. Y todo sin cédula profesional. Vasta su experiencia, cuentan los insiders que algo ya no cuajó en el ánimo de quienes controlan al alcalde Carranza y pronto concluirá sus días llevando lo laboral y hasta lo que no… Estafa casi maestra la de Fidel. Siendo gobernador le vendió al Holiday Inn un predio que no era propiedad del gobierno de Veracruz.

Fidel Herrera sostuvo que sí. Vendió e Invivienda cerró la operación. Vendió a precio de regalo, incurriendo en daño patrimonial, fraude vil. Escrituró y persiguió a los dueños del predio, ubicado entre la playa y el malecón de Coatzacoalcos. Y el Holiday Inn comenzó a operar, sin que el litigio termine aún. Un oficio, cursado por la SEDATU a la Presidencia de México —27 de octubre de 2016— establece que ahí, donde se fincó el hotel, no es parte de la reserva territorial. Fue una “estafa casi maestra” de Fidel. Fue un engaño. Fue una treta marca Fidel. El documento, en breve. Y el escándalo también… ¿Quién es ese secretario de Cuitláhuac García, sorprendido hará varios años ya en el interior de un auto compacto, dándose tremendo atracón, vestidos ambos con pantimedias caladas, al estilo de las chicas que bailan en torno al tubo, de las que venden caricias, no amor, conducidos a los separos de la policía municipal, fichado pese a ser funcionario de un ayuntamiento? Dos pistas: es del sur y la fotografía circula por ahí y por aquí…

Tarek habla, Duarte y Karime tiemblan

Lunes, 04 Marzo 2019 09:29

 

 

 

 

Tal para cual, Karime y Tarek hacían click. Hablaban, reían, bailaban, ejercían el poder. Ella, gobernando a Veracruz, escuchada su voz, temida, diseñando el destino del dinero robado. Él, operando el desvío, entregando a Javier Duarte las “pizzas” y los “tacos” y los “ciegos”, los millones y los cientos de miles que servían para corromper y corromperse. Así hasta que el botín los separó.

Favorito de Karime Macías, su jefa, su amiga, su sostén en el DIF estatal, Antonio Tarek Abdala Saad sabía trepar y trepó en la confianza, en el sentimiento, en la entraña de la mujer clave, única, en el saqueo a Veracruz.

Fue Tarek una prima dona en el duartismo, zar financiero de trato suave, amable, duro cuando lo tenía que ser, convincente y comedido con los dóciles, implacable ante las resistencias, vigilante que las tretas del entonces gobernador se ejecutaran sin chistar.

Del harem político de Karime Macías Tubilla, siendo director administrativo del DIF, Tarek pasó a la Tesorería de la Secretaría de Finanzas y Planeación, operando los desvíos, y luego a la diputación federal donde la inmunidad se tradujo en impunidad.

Hoy es el delator. Hoy Tarek canta. Hoy Tarek es el sapo.

Salva el pellejo con infidencias de la pareja voraz, los días en que Javier Duarte asumía el poder, instruyendo cómo corromper para perpetrar el mayor atraco a las arcas del gobierno de Veracruz; los días en que Karime, su admirada Karime, imponía su voz, decidía por encima de secretarios y subsecretarios, una aberrante usurpación.

Perseguido, acosado por el yunismo, Tarek evadió la prisión por el fuero y por el PRI. Se escudó en la inmunidad de diputado federal, el de Cosamaloapan, y el cobijo de la pandilla priista, otros como él, con tufo a corrupción.

Y vislumbró que al terminar su encargo, su vida sería un infierno, huyendo, refugiado en las sombras, endosándole a los suyos, su joven esposa, sus padres, la vergüenza y el estigma de ser un alfil que chapoteaba en el fango la suciedad duartista. Entonces pactó.

A cambio de ser inmune, contó a la Procuraduría —hoy Fiscalía— General de la República las cuitas y las trastupijes de Javier Duarte. Dio detalles. Hiló, hilvanó, historias de saqueo y desenfreno, el retrato hablado de un ladrón y su mujer, otra ladrona.

Por Tarek Abdala se supo del primer día de Duarte en palacio de gobierno. De entrada, a robar. De entrada, enviar todos los recursos federales a una cuenta concentradora, la que diluía su aplicación y destino.

Una fecha es clave: 23 de mayo de 2018. Ese día, próximo a dejar la diputación federal, se acogió a un trato con la PGR. Ahí perfiló las delaciones. Ahí aportó la evidencia de que Veracruz fue gobernado por la pareja rapaz.

“La que decidía a qué compañía fantasma pagar era Karime”, reveló Tarek Abdala a la entonces PGR.

Él era el pagador pero ellos, Javier Duarte y Karime Macías, eran quienes instruían a qué empresa depositarles el pago.

Eran empresas fantasma o “cascarones” como les llamaba Javier Duarte. Una vez a la semana, A veces con mayor frecuencia, el gobernador llamaba y su tesorero acudía. Recibía la instrucción y destinaba el depósito.

Su testimonio, o una parte de él, según reveló el portal Animal Político, sirvió para incriminar a Javier Duarte, fincarle nueve años de prisión, admitir el robo de 250 millones de pesos, una minucia ante el atraco descomunal a las arcas de Veracruz, solapado por el PRI, por Peña Nieto por la mafia del poder.

Justo en mayo de 2018, Animal Político, bajo la firma de Arturo Ángel, revelaba que fueron al menos nueve dependencias del gobierno de Veracruz las que que habían transferido “más de 3 mil 600 millones de pesos a compañías fantasma, operaciones que en la mayoría de las ocasiones se ejecutaban desde la Tesorería que ocupaba Abdala”.

Tarek fue generoso en la delación. Generoso con la PGR. Generoso en el cúmulo de pistas. Generoso en el abanico de nombres, la identidad de los cómplices, la dispensa de recursos, la compra de voluntades. Una resonancia magnética al cuerpo podrido de la corrupción duartista.

De su testimonio, citado ahora por Víctor Hugo Arteaga, se da el perfil de la vocación ladrona de Javier Duarte. Un día en el gobierno y ya robaba. Un día en palacio y la banda comenzaba a operar.

A secretarios y subsecretarios les asignó compensaciones que equipararan sus salarios con los del gabinete de Peña Nieto.

Usaba nombres clave, según relató Tarek Abdala a la PGR. Las “pizzas” eran de a millón. Los “ciegos” o “invidentes”, cien mil. Genéricamente les llamaban “tacos”.

A las empresas fantasma Duarte les decía “cascarones”. Y eso eran: empresas huecas, vacías, tácitamente inexistentes.

Sirvieron los secretarios —los Tomás, los Manzur, los Charleston, los Aguirre, los Audirac, los Pellegrín— para ejecutar el desvío.

Sirvieron los subsecretarios —los De Antes, los De la Llave y los Hernández— para aterrizar las tretas.

Sirvieron los los titulares de dependencias —los Mota, los Silva, las Noemí, los Obeso— para el saqueo.

Sirvieron los operadores —Mansur Cisneros, los Del Castillo, los Moreno, los Caleb, los Benítez, los Grappa, los Janeiro— para enmascarar el atraco.

Y todo se sabe gracias a Tarek.

Su vida, pues, está en un hilo. O vive tiempo extra.

Informante protegido —testigo protegido— de la PGR, se salva de ir a prisión pero no de la fobia y la ira de los malnacidos, la banda que al amparo de Javier Duarte, y por órdenes de él, desviaron miles de millones de las arcas de Veracruz.

Su testimonio es clave. Javier Duarte ordenó el saqueo y Karime también. Mandaba Duarte y en su ausencia, o con su anuencia, Karime Macías Tubilla ejercía el poder. Era la gobernadora de Veracruz.

Nada en política suele ser casual. Javier Duarte venía contando los días en prisión, la disminución de pena, la buena conducta, su estatus de privilegio y la esperanza que en untar de años lograra su libertad. Y a disfrutar los millones ocultos.

Y se le descompone el proyecto.

Tarek vuelve a escena. Y Karime también.

Tarek con sus delaciones, las infidencias, la trama de corrupción que sitúa a Javier Duarte y Karime Macías en el vértice del saqueo.

Y Karime en la mira. Se tramita su detención, la extradición a México, el juicio, su papel protagónico en el robo del erario, el pago a empresas fantasma, el traslado a empresas fachada, inmobiliarias, el lavado y el destino de lo robado.

Y ahí, el preso de lujo, Javier Duarte, está perdido.

Ha de recordar cuando Karime y Tarek reían, danzaban, gozaban, Duarte azorado y el gabinete perplejo, suscitando habladas, despertando morbo, imaginando que donde hay dos, hay tres.

Y hoy, las delaciones de Tarek la comienzan a hundir.

Ya no hacen click.

Archivo muerto

Suaves y mansos, militantes de la grilla de arrabal, los tres diputados desertores de Morena vuelven al redil. Una semana dignos y de nuevo a postrarse de rodillas, sometidos a su líder, Juan Javier Gómez Cazarín, al que en su partida denostaron y le imputaban no coincidir con su manejo administrativo y político del grupo parlamentario.

¿Ahora sí? Tres diputados —José Magdaleno Rosales Torres, Jessica Ramírez Cisneros y Augusto Nahúm Álvarez Pellico— y una encomienda: frustrar la destitución del fiscal de Veracruz, Jorge Winckler Ortiz, a contrapelo del gobernador Cuitláhuac García, exhibiendo sus taras políticas; las insultantes intromisiones del secretario de Gobierno, Patrocinio Cisneros, en la vida del Congreso, el desaseo y la torpeza en su actuar.

Se fueron dignos y retornaron amaestrados. Exhibieron la fragilidad del grupo parlamentario y la infame, miserable, capacidad de Cuitláhuac para mover el Congreso. Alguien en el altiplano, un tal Andrés Manuel, ve los desatinos del gobernador. Y ríe. Y se enfada. Y se asombra. Y vuelve a reír. Winckler se queda y habrá de acreditar los cargos contra Karime Macías por desfalco al DIF y encauzar a Javier Duarte hacia el juicio por desaparición forzada, un delito lesa humanidad del que no se va a librar, por el que pasará en la cárcel los días que le toque vivir. Una semana dignos y rebeldes, y los tres diputados vuelven al rebaño sin pastor… Una ráfaga y los Caguamos quedaron diezmados. A espaldas de Plaza Cristal, en Xalapa, un comando lanza el ataque con saldo de un muerto y ocho heridos, los taxistas que optan ahí. Fue un comando pero los que sobreviven acusan que fue Policía Estatal y que una vez que llegó la fuerza pública y acordonó el lugar del crimen, intentó secuestrarlos. Se escucha y ve en un video que reseña el caos que envuelve a Xalapa, la peor oleada de terror y muerte desde que Cuitláhuac García asumió el gobierno de Veracruz.

Ríos de sangre, tranquilidad robada, la exigencia de seguridad de Pánuco a Las Choapas y don Cuitláhuac mirándose al espejo, en el baño del antro, haciendo la selfie que luego circula en redes, trasluciendo este tipo que Veracruz le vale un pepino. ¿Para eso quiso se gobernador? Y así todo Veracruz, incendiado, sacudido, con el miedo en las entrañas y el Jesús en la boca. Un caguamo menos, ocho heridos y la capital del estado se vuelve tierra de hampones y mafias que hacen sonar sus fierros y sus tronas porque, literalmente, no hay autoridad…

Gusto del alcalde por armar lío. Y coleccionar denuncias. Hay dos más para Víctor Carranza, el preciso de Coatzacoalcos: una, por el robo de bienes de la Liga Municipal de Futbol, y otra en la que se pide anular la escritura con que el ayuntamiento se ostenta como dueño del predio aún llamado Unidad Deportiva Miguel Hidalgo, la sede de siete ligas de futbol. Denunciado, pues, por partida doble. Con el número de denuncia 373/2019-IV, Víctor Carranza y su cabildo, a excepción de la sindica Yazmín Martínez Irigoyen, fueron acusados de despojo, robo, daños y los delitos que resulten.

Les imputan, vía su presidente, José Ribón Zárate, la destrucción de bardas, gradas, áreas del campo Revolución, y la sustracción de porterías, aparatos de aire acondicionado y dinero en efectivo, tras el ataque ordenado por el alcalde y ejecutado por la empresa Fosmon, el 21 de febrero, cuando el juicio de amparo aún concluía, cuando aún no causaba estado, cuando la Liga Municipal de Futbol aún no había notificada por autoridad alguna y cuando aún habían recursos legales en curso. Por esa denuncia, Víctor Carranza tendrá que comparecer ante la Fiscalía Especializada en Delitos Cometido por Servidores Públicos.

Una más, la demanda civil, en que la Liga Municipal de Futbol, vía José Ribón, tramita la anulación de la escritura 47,057 usada por el ayuntamiento de Coatzacoalcos para ostentarse como dueño de la Unidad Deportiva Miguel Hidalgo. Se pide la nulidad por ser sólo una “supuesta desincorporación del Fundo Legal” y que se cancele su inscripción en el Registro Público de la Propiedad de Coatzacoalcos.

Cuando esto concluya, Víctor Carranza ya no será alcalde y por supuesto no tendrá fuero en el cual cobijarse… Sabe Lenis Paulin Aparicio que sólo se es regidora una vez. Y se da un atracón de poder. Más morenista que los de Morena, está a los pies del alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo. Todo le aplaude, todo le aprueba, todo le solapa. Y cuando no, se abstiene. Saben en la CTM, la central que la propuso para integrar la planilla priista de regidores, que Lenis Paulin los traicionó. Y saben que nunca volverá al poder…

Con un tornillo flojo, protagonismo al extremo, Héctor Yunes insulta, increpa, se monta en la valenciana del Bronco, Jamie Rodríguez Calderón, gobernador de Nuevo León. Dijo el regio que el sur tenía la bendición de la tierra y la desgracia de la flojera. Y Héctor Yunes Landa, que se desbieló desde que perdió la gubernatura en 2016, le sale al paso. Le llama buey y retomando aquello de cortarle las manos a los corruptos, como sugirió El Bronco en el debate presidencial, sugiere cercenarle la lengua a los bocones. Espectáculo de carpa, video infame, que da cuenta de los altibajos emocionales, el desajuste del diputado del PRI, aquel que muy ufano sentenció que “Javier Duarte es mi jefe político” y que sirvió a Fidel Herrera Beltrán, el iniciador del caos en que vive Veracruz, en la Subsecretaría de Gobierno y luego en el Congreso estatal. Y ahora el desfiguro en video contra El Bronco. O se atiende don Héctor o terminará hablando solo…

Morena: cuando los diputados se van

Jueves, 28 Febrero 2019 09:14

 

Sin quién los guíe, sin luz, sin rumbo, Morena ve a sus diputados partir. Cargan los resabios del conflicto, la confrontación por el poder, las torpezas de un líder miope, torpe, incapaz, y la inquina de un gobernador que riñe hasta con lo que no existe, que vive y pernocta en otra dimensión.

Se van con el sable en la mano, volando cabezas, advirtiendo de los vicios y caprichos, la falta de operación política, la nula efectividad republicana, insumos que conforman el primer fracaso monumental de Morena en el Congreso de Veracruz.

Leno Rosales, el que más habla, acusa intromisión de Cuitláhuac García, el ciego de palacio, y su santo tripulador, Eric Patrocinio Cisneros, el desarraigado secretario de Gobierno que no dialoga, impone; que no concilia, atropella; que no tranquiliza el vendaval, lo atiza.

Su culmen fue la fallida destitución del fiscal Jorge Winckler. Lo pasaron por dos juicios políticos y una andanada mediática y el resultado fue un ridículo devastador.

Morena dominando el Congreso, en número de diputados, en estructura administrativa, con su prensa servil, y el fiscal se quedó.

Mayoría inútil, la de los cortesanos de López Obrador, unos porque no saben un gramo de leyes y otros, los que sí, por mañosos y podridos, conscientes que aprobar un dictamen de juicio político —o dos—, violando la ley, terminaría con un rotundo no en el Poder Judicial de Veracruz, o se caería cuando llegara al ámbito federal.

Aún así, sabiendo que por el lado de la ley no era, prevaleció la terca ignorancia del gobernador. Tiró línea. Instruyó Patrocinio. Ordenó Patrocinio. Los jodió Patrocinio.

Ciego Cuitláhuac, ciegos los diputados de Morena, caminaron hacia el abismo. Y su coordinador, Juan Javier Gómez Cazarín, simulando que sabía operar, llegó a las sesiones sin los votos de 34 diputados que aseguraran mayoría calificada como lo establece la Constitución de Veracruz.

Presumía Gómez Cazarín que a dos diputados del PAN los traía en la bolsa. A cambio de la traición, el Tribunal Electoral de Veracruz tumbaría a su líder estatal, José de Jesús Mancha, reivindicando a Joaquín Guzmán Avilés, El Chapito, cacique de Tantoyuca, donde sólo su hermano, su hermana y él pueden tener poder, atizando el conflicto entre el yunismo y sus rivales, antes aliados.

Pero el líder de Morena en el Congreso falló. Tonto o miope, olvidó que en política mientras uno suma, su adversario resta. Jaló dos votos de panistas, el de Enrique Cambranis y Nora Jáuregui, sin advertir que la oposición ya taponaba el boquete llevándose a la priista Ericka Ayala, ex senadora, y a la morenista Jessica Ramírez, legisladora por Minatitlán.

Y Winckler sigue ahí.

Sus juicios fueron un bodrio legal. Armado, uno de ellos, por un fantasmón que vive del recuerdo, Jorge Reyes Peralta, el resultado fue el ridículo total.

Abogado fidelista, abogado fiasco, con más lengua que neurona, basó su alegato en el testimonio de un procesado de pésimo historial, Gilberto “A”, ex director de Servicios Periciales, al que le imputan haberse prestado a la desaparición forzada de por lo menos 19 personas a manos de la policía criminal del duartismo.

El otro se sustentó en la versión de otro personaje de fina estampa, escolta de Fisculín, alias Luis Ángel “B” de Bravo y “C” de Contreras, el brazo ministerial del ex gobernador Javier Duarte. Alegaba el respetable guarura que Winckler lo sometió a tortura. Y así se endeble era el rollo que ni su amada esposa lo corroboró. El caso fue desestimado en el ámbito federal hace siete meses.

Sobró la estridencia de una prensa que no niega sus filias, duartistas puros, duartistas infames, golpe tras golpe sobre la tesis de que el fiscal se tenía que ir.

Repicaban a diario que porque hay secuestros, homicidios, extorsión, robo, el fiscal —repetían sin cesar— se tenía que ir. ¿Y acaso la prevención no es tarea del gobernador, según vociferaba en campaña Cuitláhuac García?

Hecho trizas, Morena no alcanza a unir sus fragmentos. Les faltan tres piezas de un rompecabezas sin forma y otras están a punto de volar.

Humeaba aún la pólvora, impactada la cúpula obradorista, enfurecido el gobernador, humillado Patrocinio, cuando tres de los suyos los mandaron tácitamente al infierno y más allá.

Sobre el campo batalla, Gómez Cazarín y el presidente del Congreso, el neomorenista José Manuel Pozos, que antes pasó por el PRI, ex candidato panista de la línea de Enrique Cambranis, uno de los diputados del PAN que se prestó a reventar a Winckler. Y con ellos, la banda de Morena que acataba la orden, el capricho de Cuitláhuac y su tripulador.

Se fueron José Magdaleno Rosales Torres, Jessica Ramírez Cisneros y Augusto Nahún Álvarez Pellico, el de Medellín, la de Minatitlán y el de Orizaba. Son los primeros en externar su rebeldía, aguardando a otros que pronto se irán.

De los 26 diputados originales, les quedan 23. Ya no alcanza Morena mayoría simple de 25 votos.

Se van los tres y la felpa es de antología. Concluido el circo del juicio al fiscal, se abrieron de la fracción parlamentaria de Morena, constituyendo una independiente, denominada —para que duela en Morena— “Juntos Haremos Historia”.

Lidera Leno al grupo de los tres. Y con ellos, el diputado del Partido del Trabajo, Erik Iván Aguilar.

De tiempo atrás truena Magdaleno Rosales contra Patrocinio por ignorante y atropellado, por dictar línea para ver arrodillarse a todos.

A su par, Juan Javier Gómez Cazarín, extraído de un archivo viejo, sin roce político, un infeliz invento del gobernador, lo ubicó como un operador de barrio, comprador de conciencias, pagador de lealtades, vía tarjetas Saldazo con las que realizaba depósitos a otros legisladores que así abrían la tapa del cofre de Cuitláhuac García.

Confrontados desde que todos eran “electos”, Magdaleno Rosales mostraba así las cuarteaduras de Morena, los trinquetes y las satrapías, la infame condición del que no se alinee, no sale en la foto.

Frente a la lideresa nacional de Morena, Yeidckol Polenvsky, Leno acusó las tretas de Gómez Cazarín cercando al gobernador, el que abre o cierra puertas.

Se van Leno, Jessica y Nahúm, hastiados de las pifias de Gómez Cazarín, de cómo guía a Morena en el Congreso de Veracruz, del manejo —ojo— administrativo y político.

Sacudido, Morena lleva tres meses en el poder y el carnaval se les adelantó. Perdió diputados de su bancada, se confrontó con Gonzalo Guízar, del Partido Encuentro Social; se les fue el petista Erick Iván Aguilar López, y dos priistas, Ericka Ayala y Juan Carlos Molina, les han votado en contra.

Tres meses y el caos impacta. Al garete su gobierno, Cuitláhuac añora la salsa, las caguamas y el sabadaba, los cuates de la Progreso, en Xalapa, el jolgorio y el reventón.

Su gobierno, en tres meses, hace agua. No hay luz ni rumbo. Llega tarde el presupuesto, reformado por él, y origina un tsunami de reclamos, recortando a dependencias clave y manteniendo al ejército de inútiles, amigos y familiares, en los cargos de dirección.

Sus vendettas lo distraen, y lo exhiben. La del fiscal Winckler es una epopeya. Sabiendo que carecía de sustento legal, apostó a un mayoriteo en el Congreso y ahí también reventó.

Su líder cameral, Gómez Cazarín no sabe operar. Ni alcanzó la mayoría para separar del cargo al fiscal, y provocó el éxodo de tres integrantes de su bancada.

Tres meses y Cuitláhuac no arranca. O arranca mal.

Pasa sus días en el limbo, riñendo hasta con lo que no existe, detrás de sus fantasmas, viviendo y pernoctando en otra dimensión

Dicho está: gobernador que controla medio Congreso, es medio gobernador.

Archivo muerto

Como Calígula que desairaba al Senado romano, Andrés Manuel López Obrador se complace en la Guardia Nacional, aprobada por la Cámara Alta y ya casi en la Baja, y desliza que quien la encabece puede ser un militar en retiro, pero al fin militar. O sea, el Senado aprueba que sea un civil y AMLO ni lo oye ni lo pela. Es su prerrogativa, enfatiza el presidente. Y puede imponer a un civil o a un militar. Ese, entre otros puntos, atoraron el dictamen en el Senado.

Aprobó la Cámara de Diputados, cámara de origen, la iniciativa presidencial que da a los militares y navales estatus jurídico para asumir la lucha contra el crimen organizado.

Antes, de Felipe Calderón para acá, más de 12 años actuando fuera de la ley, fustigados por ministros de la Suprema Corte de la Nación, increpados por organismos de derechos humanos, acusados por el mismo López Obrador de abusos, atropellos, violentando los derechos ciudadanos. En el Senado, Morena y el Partido del Trabajo concibieron un dictamen que otorgaba mando militar en la parte operativa, sin plazo para el regreso de los militares y navales a sus cuarteles, manteniendo el fuero militar.

Pero la oposición —PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano— rechazó avalarlo. Morena pasó entonces del desdén a la suavidad. Sabiendo que irse solos, mayoriteando, generaría ilegitimidad, modificó el dictamen e incluyó lo que sus adversarios proponían. Cedió a la presión.

Al frente de la Guardia Nacional quedará un civil, no habrá junta militar, no habrá fuero militar y se le impone caducidad a la actuación de los militares, que en cinco años máximo retornarán a sus cuarteles. Unos y otros reclamaban el triunfo. Festejaban los opositores y los organismos de derechos humanos. Y horas después, AMLO, que andaba como león enjaulado por fallarle al sector castrense en su estatus de privilegio, sale a decir que tiene la facultad de designar al frente de la Guardia Nacional a un civil o a un militar. O sea, el Senado vale nada. Pero si impone a un militar, Morena y el Dios Peje mismo quedan como falaces y tramposos. Y los organismos de derechos humanos se lo van a acabar… Suman y suman los muertos en Veracruz, y el secuestro y el robo y la extorsión. Una semana, la del 17 al 24 de febrero, detona la crisis de inseguridad, el baño de sangre y la zozobra social. Hay 32 asesinatos más que se agregan a los 96 ocurridos en el resto del mes.

Y 12 secuestros, que sumados a los 21 de las dos primeras semanas de febrero, alcanzan 33 sucesos, disparando a Veracruz al primer lugar nacional. Creció el robo de vehículo de 242 a 319 casos; el robo a comercio de 344 a 444 eventos; el robo a transeúnte, de 48 a 68; el robo a casa-habitación, de 64 a 89; se mantuvo el robo a banco en sólo 4 casos, y la extorsión de 15 a 19 casos.

Y esos son sólo los casos denunciados ante la Fiscalía de Veracruz. De las 128 privaciones de la vida, 117 son varones y 11 mujeres. Una tragedia que no tiene fin… De la ficha criminal del Comandante H, se extraen rostros y vidas, las de los nuevos capos y sus matones. Y algunos, hay que decirlo, ya ni habitan este mundo.

De esa ficha criminal, la que en Tabasco le elaboraron a Hernán Martínez Zavaleta, hay una banda de secuestradores que ya se extinguió; unos huidos, otros aprehendidos y unos ejecutados. Hay otros que dejaron de ser zetas y se matricularon en el Cártel Jalisco Nueva Generación. Recuérdese al que le quitaron la vida a as puertas del edificio Celaya, y al que les dispararon en cinco ocasiones en Forum y vive, y el temible Liebre, el sicario que fue por la familia del taxista, mató a los niños frente a sus padres y luego los silenció a ellos. Ahí sólo faltó Beba, la noviecita que ha corrido un buen. De otros archivos recuperaron los rostros de Pablo Herrera, alias “Mamito” y “El Pana”, cuyas acciones sacuden al sur de Veracruz.

Y de otra banda llegó José Roberto Sánchez Cortés, ex fiscal en Acayucan, príncipe consorte de la ex fiscal regional, Samyra Khoury Colorado, ya fallecida, hoy categorizado como cabeza de la célula chiva en el sur, buscado por su peligrosidad. Entre los lugartenientes del H y Sánchez Cortés está la clave de la violencia y el baño de sangre. Servido Cuitláhuac. Lo que exiges es saber… Foto explícita: las manitas del diputado Gómez Cazarín sobre los brazos de la diputada Mónica Robles, la heredera número uno del Clan de la Succión. Y la pícara risa de ambos.

Así los capta la lente y ellos como si nada, saludando al mundillo político, la runfla morenista que revolotea en torno al panal de miel que representa su Mesías, el presidente Andrés Manuel López Obrador, el día que arribó a Minatitlán al evento de la clausura del basurero de Las Matas y ni una palabra le dedicó al tema ambiental. Podrá ser un cero a la izquierda como presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso de Veracruz. Podrá ser una nulidad como líder de Morena en la Legislatura. O incluso un “pelele” del secretario de Gobierno, Eric Patrocinio Cisneros, como lo definió el diputado aún morenista, Magdaleno Rosales Torres. Lo que sí es que Juan Javier Gómez Cazarín es un apapachón. ¿Será que le quiere pedalear la bici al maestro Iván Hillman Chapoy?…

¿Qué hay de cierto en que Rocío Nahle, que no da una en temas energéticos, cabildea en la Suprema Corte, toca puertas, gestiona y sugiere que a un juez federal, Juan José Contreras Madero, le observen sus cualidades para ser elevado a la calidad de magistrado? ¿Será? Es el mismo juez que desecha amparos promovidos por ligas de futbol contra el desalojo de las canchas —y su destrucción a manos del troglodita Víctor Manuel Carranza, el mal llamado alcalde de Coatzacoalcos— con tesis obsoletas. Otro juez Porky. ¿Cómo se le llama a ese manoseo? ¿Tráfico de influencias? ¿Favores inconfesables?…

Cuitláhuac: y ahora los linchados

Sábado, 23 Febrero 2019 15:25

Una turba, azuzada por la violencia que no tiene fin, se vuelca sobre cuatro sujetos, los somete, los tunde a golpes, los ve consumirse en el fuego del rencor. Son los linchados de Soledad Atzompa.  Es el Veracruz que se le desmorona entre los dedos a Cuitláhuac, el gobernador.

Son cuatro muertos y hay dos más.

Y es un gobernador aterrado, pasmado, al que se le congela la sangre y pierde el aliento frente a un mar de sangre descomunal.

Atardecía, el jueves 21, y en Los Colorines todo se enrareció. Serían las 6 y la quietud se volvió caos. Dejó de reinar la paz y los demonios tomaron el control.

Una patrulla, una autodefensa, detecta un convoy de autos manejados a gran velocidad, circulando sobre la carretera que va de Ciudad Mendoza a Atzompa, la cabecera municipal, en plena sierra de Zongolica. Siguen su rastro. Hacen por huir. Los persiguen, los interceptan. Hay disparos, según el parte de la Secretaría de Seguridad. Los desarman y los conducen, sin saberlo, a su trágico final.

Son cuatro sujetos. Otros tres, en la confusión, con algo de suerte, logran escapar.

Detectados por el pueblo, son arrebatados a la Policía Municipal y la autodefensa. Unos 400 pobladores los toman para sí.

Van los golpes. Van las condenas. Van los reclamos y las maldiciones. Va de todo, incluida la imputación crucial: son secuestradores y querían levantar maestros al concluir la jornada escolar.

Ahí ya están muertos antes de morir. Y nada los puede salvar.

Son colocadas barricadas en los caminos rurales que conducen a Soledad Atzompa, impidiendo que policía y cualquiera otra fuerza se pueda acercar.

A golpes, la turba los sentencia. A golpes, estos endemoniados tienen ya el veredicto fatal: que se mueran antes que vuelvan a secuestrar… si es que son secuestradores.

Enfurecidos, sueltan su carga de furia y rabia. Enfurecidos, amenazan al que intenta rescatar a los secuestradores, según ellos, que iban por maestros rurales.

Así, la policía se repliega, alertando, advirtiendo que mejor ni meterse con la población.

Transcurre el festín de odio. Caen los presuntos delincuentes y se levantan para luego volver a caer, queriendo resistir, cediendo hasta desfallecer, deseando que lo que ha de ocurrir, ocurra ya.

Uno de los “secuestradores” es golpeado a mansalva. Le arrancan los ojos. Muere.

Otros dos son molidos a golpes. Luego reciben un disparo en la cabeza. Es el tiro de gracia.

Uno más cae por la fuerza de los violentos, rendido a su suerte, por la “justicia ilegal” que se arroga la población.

Alguien acerca recipientes con gasolina. Les prenden fuego. No se cocinan. No arden pese al esfuerzo de la gente por avivar las llamas.

Así fluye el relato de policías, alcalde, fuentes de Seguridad Pública, dando forma al crimen bestial.

Hacia las 10 de la noche, patrullas de la Secretaría de Seguridad Pública ingresan a Soledad Atzompa. Hallan los cuerpos, tres ellos sin ser consumidos por el fuego.

A 36 horas del linchamiento, el festín de sangre vuelve a ocurrir. Otros dos presuntos secuestradores son apresados por la turba. Los hallaron y les dispararon, quedando uno herido. Los tunden hasta dejar de existir.

Y el gobernador pasmado.

Y la Secretaría de Seguridad, peor.

Se excusan los uniformados con un argumento tan vil como inaceptable. Enardecido, “el pueblo tomó el control” y “no permitió que alguien se acercara”.

Un comunicado de la SSP da cuenta de la fragilidad de sus elementos, la tropa que teme, la institución que no sabe reaccionar.

“Los pobladores tomaron medidas extremas —dice el documento—, lo que dio como resultado cuatro hombres quemados, de los cuales dos presentaron impactos de arma de fuego en la cabeza, así como tres vehículos calcinados”.

Y otra pifia de la Secretaría de Seguridad: “lamenta y condena los hechos de violencia”.

¿Está para lamentar o para enfrentar a la delincuencia? Valiente seguridad e infame excusa. ¿Y la coordinación con el Ejército y la Marina, los helicópteros que sirven para acciones sorpresa, la coordinación institucional?

Ofreció la SSP que reforzaría la seguridad para salvaguardar el orden.

Un día los cundió el miedo. Y al tercer día, cuando fueron linchados otros más, ¿también?

Pueblo bravo el de Atzompa, tan bravo que ni militares ni malosos los dominan. El gobierno menos.

Pueblo bravo donde hará una década una anciana indígena, una mujer que no dañaba a nadie, doña Ernestina Ascensión, fue ultrajada, con daño irreversible en sus órganos, por militares.

Pueblo bravo, radical, exigió justicia. Si no, ardería la sierra de Zongolica.

Dictaminaron los forenses que murió por la penetración y destrucción de órganos vitales.

Dictaminó un legista impostado, Felipe Calderón, presidente, que la muerte fue por gastritis.

Determinó el intragable Fidel Herrera Beltrán, entonces gobernador de Veracruz, que murió como dictaminó Calderón. Y a los legistas los cesaron. Y los obligaron a cambiar su reporte.

Había que salvaguardar al Ejército mexicano, a sus elementos que violan ancianas, generando la ira del pueblo, el repudio a los criminales que ensucian el uniforme y la institución.

Publicada la fotografía de Ernestina en Proceso, Fidel se engalló. Y quiso ganarse a Calderón. Denunció a Rodrigo Vera y Regina Martínez, reportero y corresponsal, sin que el acoso funcionara.

Regina fue asesinada tiempo después, en su hogar de Xalapa, el 28 de abril de 2012, en el funesto gobierno de Javier Duarte, el pupilo de Fidel.

Arde Soledad Atzompa. Arden los linchados. Arde Veracruz.

Y el gobernador Cuitláhuac García dando rienda a sus obsesiones, candidato al diván, al silencio del psiquiatra que escucha al frustrado, a ver si lo puede salvar.

Arden los linchados y a esa hora Cuitláhuac ventea sus odios en la reunión de seguridad, en la base de la Naval de Coatzacoalcos, excluyendo al fiscal de Veracruz, Jorge Winckler Ortiz.

Negado el paso, al fiscal no le llegó invitación. Pero fue. Y sabiendas que no tendría acceso, atrajo lentes y cámaras, grabadoras y preguntas, generando el impacto mediático que se propuso tener.

Y Cuitláhuac se lo propició.

Winckler soltó información. Habló de cifras, aprehensiones, de la violencia que detona. Y enfatiza: el punto clave es la prevención. Y la prevención corresponde al gobernador.

A las puertas de la base naval, Winckler increpa al alcalde de Coatzacoalcos, Víctor Manuel Carranza Rosaldo. Quería el edil cifras, exigía datos, algo que demostrara que el fiscal trabaja. Y cuando lo tuvo cara a cara, se arrugó.

Minutos después, Winckler hizo una más. Entregó al superdelegado del gobierno federal en Veracruz, Manuel Huerta Ladrón de Guevara, los documentos que leería en la reunión de seguridad. Y lo conminó que las diera a conocer.

Masacrado por la violencia, por los seis linchados de Soledad Atzompa, por los levantados y ejecutados en todo Veracruz, Cuitláhuac sólo tiene una obsesión: el fiscal Winckler.

Su discurso se centra en él. Cuestionado por los medios resume: Winckler no fue invitado a la reunión de seguridad. “Es como aquel que no es invitado a una fiesta y va”, expresó.

Jodido el cerebro del gobernador. Una reunión de seguridad no es fiesta para el relax. Van los que tienen que ir. Van los que traen información, contribuyendo a la estrategia para abatir la violencia.

Y Cuitláhuac ya delira. Se le incendia Veracruz, se disparan los secuestros y homicidios, crece el poder de los cárteles y en lo único que le inunda la mente es deponer al fiscal.

Hay seis linchados. La brutalidad no sólo es de los capos y sus sicarios. La brutalidad anida en el pueblo que hace justicia por mano propio, porque Seguridad Pública no previene, no cerca al delincuente, no desmantela bandas, no aprehende a los malosos, no los apaña en flagrancia.

Crece la estadística de muerte. Primer lugar en secuestro. Primer lugar nacional en homicidio. Primer lugar entre los gobernadores ineptos. Primer lugar en perversidad.

Y mientras, la violencia devora a Veracruz.

AMLO: llévalo a tu reino por el bien de la nación.

Archivo muerto

Todos maltrechos, los de Morena saben ya lo que es la humillación. Debían sus diputados echar a Jorge Winckler de la Fiscalía de Veracruz, vía dos juicios políticos, y les faltó operación. O les sobró soberbia. Fallaron una vez —febrero 7—, cuando viendo que los votos no les daban, decretaron un receso de 17 horas. Vencido el plazo, observando que no ajustaban el número de legisladores para acreditar mayoría calificada —febrero 8—, como establece la Constitución para iniciar un juicio político, ni siquiera se pararon por el recinto del Congreso de Veracruz.

Ahí, el bloque panista y los diputados Gonzalo Guízar, de Encuentro Social; Erick Iván López Aguilar, del Partido del Trabajo, y Juan Carlos Molina, priista que se pronunció independiente, sumaron 19 votos en contra y hasta lo registró un notario público.

Máximo, Morena tendría 31 sufragios cuando que la mayoría calificada se da con 34 votos. Y entonces el receso se volvió desvergüenza. Pasaban los días y nada. Urgidos a cumplir con el reglamento del Congreso, este viernes 22 se votaron las dos iniciativas para llevar a juicio al fiscal Winckler. Y en las dos ganó Morena pero perdió. Una, donde alcanzó 27 votos por 20 de la oposición y tres abstenciones de morenistas.

Otra, obteniendo 30 votos contra 18 de la oposición y una abstención. Ahí la traición de Enrique Cambranis y Nora Jessica Lagunes Jáuregui, en que los panistas votaron a favor del juicio político. Ahí la ausencia de Judith Pineda Andrade por ser afín a la corriente de Joaquín Guzmán Avilés, ahora rival del yunismo. Nunca alcanzó mayoría calificada. Nunca los 34 votos. Y Winckler, sin decir nada, venció a Cuitláhuac García, el gober fallido de Veracruz, y al secretario de Gobierno, Eric Patrocinio Cisneros Burgos, cuya inquina y altivez, el del clásico engreído que vocifera sandeces, de discurso agrio y mayores traspiés, llevó a Morena al desastre y a la burla general. Horas después, Morena se comenzó a partir. Perdió cuatro enclaves más. Renunciaron a su fracción Magdaleno Rosales Torres, Jessica Ramírez Cisneros y Augusto Nahúm Álvarez Pellico. Con el petista Erick Iván Aguilar López, conformaron una nueva fracción parlamentaria, Juntos Haremos Historia. Y sí que la hicieron ya.

Tres de ellos son de la línea del superdelegado del gobierno federal en Veracruz, Manuel Huerta Ladrón de Guevara. Y al paso que van, otros diputados de Morena dejarán su bancada. Hoy Morena tiene 24 diputados. La mayoría simple se extingue. La presidencia de la Junta de Coordinación Política pronto cambiará de dueño. Se verá entonces, por qué López Obrador despotrica contra Cuitláhuac y Patrocinio. Por inútiles y faltos de visión…

A golpe de marro, Víctor Manuel Carranza viola un amparo. Sin que causara estado la sentencia que sobreseyó el juicio tramitado por la Liga Municipal de Futbol, buscando evitar el desalojo de la Unidad Deportiva Miguel Hidalgo, el alcalde envió maquinaria y policía a consumar el abuso. Notificados de la sentencia —febrero 14— disponían de 10 días hábiles para interponer algún recurso legal. Y en eso andaban cuando este jueves 21 inició la destrucción de los campos de futbol, el estadio Revolución, derribando bardas, retirando porterías.

Enemigo del futbol, el alcalde de Coatzacoalcos sirve al negocio y a los negociantes, se pliega a los pillos que, montados en los 60 millones del Programa de Apoyo a Comunidades y Medio Ambiente (PACMA), lucran con el dinero obtenido, con la asignación de la obra, con el costo real, con el disparo de precios, en lo que los dueños de Fosmon son expertos, y en todo lo que habrá para confeccionar esa mafufada llamada Parque Central, un botón ecológico perdido en un mundo de contaminación industrial —la de Pemex y las empresas privadas— y sanitaria —los millones de litros de agua con heces fecales vertidos al mar y otros cuerpos de agua—.

Pregona el Dios Peje que a los jóvenes hay que aportarles alternativas que los alejen de la tentación del ingresar al crimen organizado, y el deporte es una de ellas. Y acá el alcalde de Morena, Víctor Carranza destruye los campos de futbol. Ya se tramita el incidente de violación al amparo. Y que el edil le explique al Poder Judicial Federal… Allá los que lo oyeron y aún lo ven ahí. No hubo día que no lanzara burlas a Morena, condenas a Morena, descalificación a Morena. Y Arturo Rubín, siendo yunista azul, permanece en la CAEV Coatzacoalcos.

Causaron baja los seguidores de Luis Rendón, el ex director, pero Rubín no. Fue acogido por el nuevo titular, Jaime Martínez Webb, que aún tiene en nómina a la otra facción del yunismo, los recomendados de Rafael Abreu.

Son los rasgos, las huellas, del entendimiento Morena-yunismo azul, a espaldas de Cuitláhuac García, el gober, y Andrés Manuel, don Cristo López Obrador… ¿Quién es ese líder y operador, funcionario de alto nivel pero poca efectividad, al que le huyen las féminas del ayuntamiento de Coatzacoalcos, por mañoso y abusivo, por metemanos y empalagoso? Una pista: fue priista. Otra pista: tiene especial gusto por las menores de edad. Una conclusión: es un caso de pederastia en palacio municipal…

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