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Mussio Cárdenas Arellano

Mussio Cárdenas Arellano

Atrapado en el mundo de las letras y la denuncia social, Mussio Cárdenas Arellano cuenta ya con un extenso kilometraje recorrido en el periodismo. Lejano parece ya aquel 1978 cuando en Coatzacoalcos, su tierra natal, escribió sus primeras notas. Transitó por la entrevista, el reportaje, la crónica, el artículo y la columna política. Fue corresponsal de la revista Proceso, Imevisión, IMER, Contralínea; fundador de las revistas Contacto e Informe Rojo; analista político en radio y televisión, y ganador del Premio México por columna política, en 2009, otorgado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de México (FAPERMEX). Su contacto con el periodismo viene de familia. Su padre, Mussio Cárdenas Cruz, y sus tíos Emilio, Francisco y Paulino, constituyen una dinastía de periodistas veracruzanos de reconocido prestigio. Actualmente escribe la columna Informe Rojo, que se publica en portales en internet y medios escritos con amplia aceptación entre la opinión pública.

mussioc2@gmail.com

 

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Víctor Carranza: el fracaso está consumado

Martes, 18 Diciembre 2018 06:25


De su gente —la clase media, el empresariado, el jet set—, el alcalde oye condenas y escucha reclamos. Y de los otros, el pueblo al que desgobierna, la interpelación y el agravio, la voz que se eleva y el grito de quien discrepa, la ira de los que creyendo en la Cuarta Transformación terminaron asumiendo la vil decepción. Primer año, don Víctor Carranza, y el fracaso es real.

Vapuleado, llega a su informe sin más argumento que el embuste y lamentira, las palabras huecas —“gran trabajo”, “gran gobierno”, “granproyecto”— y las proclamas de finanzas sanas en un ayuntamiento, el de Coatzacoalcos, marcado por el derroche, el desfase presupuestal, los recursos que no alcanzaron para cubrir aguinaldos y prestaciones laborales y la urgencia de acudir a un crédito bancario para evitar el conflicto sindical.

Son finanzas enfermas, graves, y otro poco en grado terminal.

Habitante del mundo irreal, Víctor Manuel Carranza Rosaldo presume una obra pública que sólo existe en su imaginación. Reconstruir bardas de escuelas, remozar salones de clases, impermeabilizar techos de mercados, pintar paredes, no es obra pública; es mantenimiento a lo que ya dio de sí.

Tapar baches, que en breve vuelven a estar igual; levantar losas quebradas,  que son dejadas por meses así; pavimentar una que otra calle, que no aligeran el problema vial, es derroche e inversión inútil.

Un año después, la obra pública es deplorable. Ejerce un presupuesto anual de mil 300 millones de pesos, varios cientos destinados a obra y desarrollo, y nadie se explica en qué bolsillo van a parar.

Víctor Carranza revienta en lo político, en lo financiero, en lo social y en lo moral.

Hará once meses inició el conflicto sindical. Y pronto volverá a estallar.

Su gobierno arrancó con una mentira fenomenal: una reingeniería administrativa aliviaría la estrechez económica. Y sólo él lo creyó.

Días después inició el show. Pagó sueldos a destiempo, recortó salarios, canceló plazas de confianza, sobre todo las sindicales, tildó a parte del personal de “aviadores” y ofreció que con menos gastos de nómina se lograría la plenitud financiera.

Enmudeció al filtrarse la nómina del Parque Quetzalli, un espacio ecológico municipal entregado en comodato —o robado, para ser más claros— a Mónica Robles Barajas, esposa del ex alcalde Iván Hillman Chapoy, y acreditarse que es pagada por el ayuntamiento. Esa se la tuvo que tragar.

Embustero nato, Víctor Carranza apretaba al gremio sindical al tiempo que atestaba de personal de confianza el ayuntamiento, los de la cúpula con salarios de privilegio, él con 72 mil pesos mensuales, otros de a 60, 50, 40 mil pesos a mes. Sólo entre 96 trabajadores de alto nivel, la nómina asciende a 3.5 millones de pesos.

Hay mil 200 empleados sindicalizados y mil 100 de confianza, inexpertos, buenos para el mitin, la porra y la matraca pero sin idea de las tareas que habrían de desempeñar en el ayuntamiento.

Carranza capotea líos en los tribunales. Lo abruman las demandas laborales y las acciones del Sindicato Único de Empleados Municipales. Lo alcanza el fantasma de los laudos, el riesgo de reinstalación y los emplazamientos a huelga.

Le gritan títere en las calles, en los mítines, en la prensa, en los parques y en la iglesia piden que lo exorcicen. Títere de Rocío Nahle, la infausta senadora con licencia, hoy titular de la Secretaría de Energía. Títere de la inexperta política que lo vendió como una revelación y resultó una decepción.

Nahle tuvo culpa y la fanaticada de Morena también. Alertados de lo que podría ocurrir, no supieron ver ni quisieron escuchar. El engendro de Rocío Nahle apuntaba al fracaso que hoy es.

Títere de todos, al iniciar su campaña a la alcaldía, Víctor Manuel Carranza colocó ratoneras a las puertas de la presidencia municipal. Fue una señal. Combatiría la corrupción. Y auguraba días de cárcel, días
negros, días de miedo para su antecesor, el priista Joaquín Caballero Rosiñol.

Un año después, Caballero ríe y vuelve a reír. Y su pandilla también. No hay acción legal. ORFIS —Órgano de Fiscalización Superior— deja impune la obra amañada, el fraude de los pozos de agua, los cuartos adicionales de la Sedatu que le fueron observados por la Auditoría Superior de la Federación, la mano sucia de Guillermo Ibarra, el socio de Caballero en la compañía. Perconsa por la que enfrentaron hace 15 años un lío judicial con orden de aprehensión.

Un año va y el alcalde derrocha en forma demencial. A la prensa afín —Diario del Istmo y el consorcio del Clan de la Succión, los Robles y los Hillman— le regala casi 2 millones de pesos al mes. Es dinero tirado en prensa-basura, que no informa y lo que publica carece de credibilidad.

Carranza no paga para difundir acciones sino por orden de su patrona, Rocío Nahle, la autora del caos que es Coatzacoalcos. Paga para evitar golpizas. Paga para evitar que su atropellada vida en Pemex, acusado de corrupción y luego librado de culpas, sea el circo que todos quieren ver.

Su desaseo financiero es brutal. Pregona finanzas sanas y sus finanzas gozan de cabal enfermedad. Diríase que son un cáncer en fase terminal.

Son tan sanas que al octavo mes de gestión la regidora independiente, Adriana Herrera, le dibujó lo que finalmente es: se había agotado el 80 por ciento del presupuesto para saldar salarios y terminaría mal.

Hoy anda tras un crédito emergente para solventar aguinaldos y prestaciones laborales de fin de año. Y si no lo obtiene, el conflicto estallará.

Lo moral y lo ético es igualmente deplorable. Su suplente y a la vez secretario del ayuntamiento, Miguel Pintos Guillén, certificó un acta de cabildo falsa para conculcarle sus derechos al titular de un comodato de  una cancha de pasto sintético en la Unidad Deportiva Miguel Hidalgo, quien promovió un amparo para evitar la construcción ahí del Parque Central, un negocio de 60 millones de pesos provenientes del Programa de Apoyo a Municipios y Medio Ambiente de Pemex.

Por ese delito, la Fiscalía de Veracruz ya emprendió acciones contra el secretario Pintos.

Horas antes del informe de gobierno, Carranza alcanzó su clímax. Agobiados por la inseguridad, la impunidad de los malosos, el secuestro y la  extorsión, el cobro de piso, los asaltos, las ejecuciones, los comerciantes y empresarios decretaron un cierre de actividad. Fueron dos horas. De ahí armaron un mitin. Exigían que Víctor Carranza diera la cara. Y el alcalde huyó.

“Sin no puede, que renuncie”, gritaban en el pasillo del palacio municipal que conduce a la presidencia. Y el edil nunca apareció.

Se dispersaron. Se fueron. Quedaban unos cuantos comerciantes, la clase media, el jet set, cuando alguien advirtió a Carranza que el peligro había pasado. Y confiado llegó.

Lo tomaron casi por asalto. Lo obligaron a escucharlos. Al pie de las escalinatas del palacio municipal oyó reclamos. Qué podía informar al pueblo si en un año nada ha hecho por Coatzacoalcos. Qué decir si el gobierno no existe y el hampa gobierna a placer.

Un día después, con los suyos, su informe de actividades fue el caos. Lo interpeló un teniente retirado. Lo empañó. Aplaudían, lo secundaban, condenaban el fiasco de administración municipal.

Otro día más y llegó lo peor: nueve ediles de 15 que conforman el cabildo rechazaron los estados financieros de noviembre. Aducen falta de información. Perciben tretas y corruptelas, datos ocultos, derroche,
malversación. Y hasta tres de Morena le votaron en contra.

Carranza resultó un fiasco. Atropellando a todos, jodiendo el erario, consintiendo hasta el uso de un acta de cabildo falsa, habría de confirmar que Rocío Nahle se equivocó y el costo político será enorme.

Diría El Justo, el fracaso está consumado.

*Archivo muerto*

Trepados en la Cuarta Transformación, dos ácidos personajes botaneaban y libaban hasta perder la razón. Uno, con las trazas del ínclito Iván Hillman Chapoy; el otro, con la inmensa figura de Edel Álvarez Peña. Y eran ellos. Hará 10 días, en Vinísimo, el restaurant donde se aparta la mancha política de Xalapa para urdir sus tretas, el infumable ex alcalde de los Robles en  Coatzacoalcos y el presidente del Poder Judicial de Veracruz fumaron la pipa de la paz, aderezada con viandas, ensaladas, escamole, cortes de carne, platillos exóticos, mucha risa, mucho, licor. Viene Iván de una familia que atesora tierras a mansalva o con la firma notarial —Juan, su padre; Yohan, su hermano, y él mismo son notarios en Coatzacoalcos— dan fe de actos que rayan en lo ilegal. Políticamente Iván es nada y se cuelga de su matrimonio con la ex diputada priista, hoy de Morena, Mónica Robles; o sea, es fidelista, duartista y rémora del Clan de la Succión.

Edel Álvarez fue alcalde del otrora Puerto México —o Coatza— y terminó con un descalabro político cuando sucumbió en la elección de diputado federal, en 1994, traicionado por Marcelo Montiel y Carlos Brito que lo dejaron sin grupo político hasta que Roberto Madrazo, en 2006, lo sacó del inframundo y lo hizo presidente del PRI en Veracruz sólo para dar lástima y perder la elección presidencial. Revivió de nuevo de la mano de Miguel Ángel Yunes Linares, en cuyo gobierno —gobierno panista— fue encumbrado a la presidencia del Tribunal Superior de Justicia, planchando pares que antes lo denostaron y llegaron a expresar que “cualquier pendejo podría ser magistrado”.

Ahora ve la mano de Yunes y sin chistar la muerde, pues esa virtud sí que se le da. Ahora acuerda con Iván Hillman su arribo al Poder Judicial, primero como magistrado, luego, quizá, siendo su sucesor… Sábado de muertos, el 1 diciembre. Domingo de más muertos, el día 2. Y así por dos semanas, cuando ya suman más de 70, cuando comparando las cifras del primer mes de Miguel Ángel Yunes con el mismo período de Cuitláhuac García, el disparo es de más del 122 por ciento. Son los primeros muertos de  Cuitláhuac García, el pase inaugural de su sexenio, sintiéndose desde palacio que la espiral de violencia que no cesa, sufriendo el vendaval de muerte que no amaina. A unos los mataron en la carretera El Naranjal-Coetzala; a otros en la carretera federal Córdoba-Veracruz.

Unos se hallaban en una combi; otros desmembrados en bolsas de plástico. Uno más fue ubicado en un campo de futbol y ahí los sicarios le vaciaron sus armas. Dos días, seis muertos. Y de entonces para acá, los ejecutados de Coatzacoalcos, los levantados en Coatzacoalcos, las narcomantas en Coatzacoalcos. Y el asalto a los hogares, al de Omar Béjar, el veterano radiodifusor, alma de Grupo ACIR, o el ataque al doctor Guerrero y a su familia, también en su domicilio, hospitalizados él y su familia. Hoy el crimen organizado y la delincuencia común se saben impunes. Hoy, el gobierno, la policía, el Poder Judicial, alcaldes y todas las estructuras de mando se observan arrinconadas, temerosas, rebasadas, sobre todo  rebasadas. Van 17 días del gobierno de Cuitláhuac García.

Es la inercia de la violencia que viene del duartismo y que apenas si se pudo contener en el yunismo y que hoy se desborda con el nuevo gobernador. A costa de la tranquilidad de la sociedad, y el baño de sangre, se cala a la Cuarta Transformación. Son los primeros muertos de Cuitláhuac. Y lo que habrán de venir… Listos los nuevos rectores de tecnológicos estatales en el sur. Va al de Coatzacoalcos —ITESCO— Edgar Iván Gutiérrez Jaimes; al de Nanchital —UTS— Julio Sandría Reynoso; al de San Andrés Tuxtla, Cutberto Solís Domínguez, y al de Las Choapas —ITLCH— Francisco Córdoba Montero, cuñado del jefe de la Oficina de Gobierno de Veracruz, Esteban Ramírez Zepeda, el ex secretario incómodo del gober Cuitláhuac García Jiménez.

Algo así como el nepotismo en su acepción más vulgar. Ahí, como en el duartismo y en el yunismo, habrá contratismo subterráneo, remodelación de oficinas, moche por la renta de los comedores para alumnos, maestros y personal administrativo. Llegan al edén; llegan a tomar la fruta prohibida. Uno de ellos, Julio Sandría, es un caso especial.

Es ingeniero químico con maestría en Inteligencia Artificial y un doctorado en Tecnologías de Información y Análisis de Decisiones de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP). Es Coordinador Académico en el Instituto de Robótica de Xalapa, A.C. (iRoX) y catedrático en la Universidad de Xalapa. Académicamente, pues, no tiene queja.

Habrá que ver si viene a destruir la telaraña de corrupción o a sembrar de robots la UTS… ¿Que por qué se desplomó la recaudación municipal en el ámbito de los giros negros? ¿Que por qué las cantinas, los *teibol dans*, los depósitos de licor y cerveza, ya no cumplen con su contribución a la Tesorería de Coatzacoalcos? Pues porque ahora esas son cuotas que se le pagan al crimen organizado y allá de aquel que se las quiera regatear. Recuérdese el levantón al ex director de Ingresos, Elías Omri Gutiérrez Gordillo. Un calentón y el alcalde Víctor Carranza aflojó el cuerpo y se dispuso a cooperar…

Un instante en el poder y Cuitláhuac ya es amigable al hampa. Bermúdez, el de la desaparición forzada, el de la policía que levanta jóvenes y los entrega a criminales, el temido y siniestro Capitán Tormenta, ya está libre. Y así Audirac y Valencia, acusados del saqueo a Veracruz, del desvío y el robo brutal. Nadie sentenciado, todos bajo fianza, pero libres. Y así, en cosa de horas, se muestra la Cuarta Transformación.

Unas horas y su gobierno ya rebota. Lo sacude la duda y la sospecha, el alarde y la estridencia verbal, los desfogues de soberbia del nuevo gobernador advirtiendo que con chasquear los dedos sometería al yunismo a la ley.

Y eso pregonaba don Cuitláhuac García Jiménez cuando se encontró con la fuga virtual de la pandilla duartista de la cárcel más célebre que tiene Veracruz.

De Pacho Viejo salió Arturo Bermúdez Zurita, no absuelto, no limpio, sino para proseguir su juicio en libertad bajo fianza. Pero salió.

De Pacho Viejo, la prisión que tácitamente alojó al gobierno duartista de dos años para acá, se vio salir a Mauricio Audirac, el ex secretario de Finanzas de Javier Duarte, uno de los que movían los dineros que el ex gobernador se llevó.

Abandonó Pacho Viejo el intragable Paco Grasa —léase Francisco Antonio Valencia Hernández—, acusado de desviar 450 millones de pesos de la Comisión de Aguas del Estado de Veracruz, y le quedaron pendientes los que hizo de noche en la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas.

No en el yunismo sino en la era Cuitláhuac, salen de prisión los duartistas.

Uno, Bermúdez, por los crímenes de su policía asesina, que acataba puntualmente la política de represión y tortura de Javier Duarte.

Al quinto día del gobierno de Morena, Bermúdez deja Pacho Viejo. Detona así el primer escándalo del gobierno de la Cuarta Simulación.

Bermúdez se va a disfrutar la libertad. Sigue sujeto a proceso. Paga fianza de un millón de pesos, debiendo firmar el libro de reclusos. Pero libre. Libre cuando Cuitláhuac ya es gobernador.

Deja Pacho Viejo y aquello es un insulto. Sonríe y ríe. Traspone las puertas del penal y escucha el canto de los dementes, las porras y los vivas de iguales o peores que él, una horda de lacayos que lo recibe como el antihéroe  que siempre fue.

“Voy a retomar mi vida”, dice Bermúdez como si su vida fuera algo ejemplar.

“Viva Arturo Bermúdez”, se oye exclamar, frenético, a Edmundo Martínez Zaleta, ex director de Tránsito en los días del duartismo bestiales, cuya esposa apareciera en las nóminas del IPAX.

“¿Qué le dice a familiares de desaparecidos que lo incriminan y lo señalan?”, le suelta, agudo, punzante, puntiagudo, un reportero.

“Que creo en la justicia, y hoy se está haciendo justicia”, evade el ex secretario de Seguridad.

Qué falsedad. Bermúdez no cree en la justicia; la viola. Y hoy no se está haciendo justicia; hoy se está provocando impunidad.

Lo flanquean otros iguales. Lo acuerpan familiares que servían de pantalla en su enriquecimiento, en las mansiones de Woodlands, Texas, en los negocios de seguridad, y las inmobiliarias, y el desarrollo turístico en la Riviera Maya. Esas lacras son las que lo aclaman.

A su espalda, como si recordara sus días en la policía federal, o como jefe de Interpol México, Rodolfo de la Guardia García, el que no sabe un gramo de penal y cuya fama se divide entre la defensa de criminales de cuello blanco y sus días recluido en una prisión por detentar una fortuna —y una colección de relojes—, que sólo se da cuando los narcos son cuates.

Hoy su clientela es lo más granado de la putrefacción: de un Tony Macías, el “suegro incómodo”, a un Arturo Bermúdez.

Libres los duartistas, el huracán sacude a Cuitláhuac García. Lo que no ocurrió en el yunismo, le sucede al gobernador de Morena.

Libre la pandilla —los del saqueo y el de la desaparición forzada—, la reacción social es una condena implacable. Bermúdez libre equivale a vulgar impunidad. Bermúdez libre desnuda la relación Morena-PRI, los días de campaña, la operación electoral del duartismo para fracturar al ex gobernador Miguel Ángel Yunes Linares y el sueño de heredarle la gubernatura a su hijo mayor.

Al quinto día de gobierno, Cuitláhuac García es azotado por un vendaval, la repulsa total.

Horas después de ver al siniestro Bermúdez libre, da la cara Cuitláhuac y el espectáculo es peor. Quien lo hizo hablar, lo mató. Quien le construyó el texto en el que se deslinda de la libertad de Bermúdez, lo pulverizó.

Es la conferencia de prensa más insólita de la historia. Cuitláhuac al frente, el secretario de Gobierno, Eric Cisneros, atrás. Cuitláhuac leyendo mal un mal guión, y Eric atrás. Cuitláhuac hilando a medias las palabras, temblándoles las corvas, trasluciendo el nervio, vibrando la voz, insignificante y mediocre, y Eric atrás.

Su argumento es un mamotreto descomunal: que Yunes y Winckler pactaron con Javier Duarte. Y así saldrían los duartistas de prisión. Y a cambio de la entrega de casas y ranchos, se extinguiría la acción penal. Y que todo fue show. Y que hay audios que los incriminan. Y que el fin de todos los fines es acusar al gobernador de Morena de liberar duartistas.

(Los audios, por si el gobernador no lo sabe, si no se obtuvieron con orden de un juez, carecen de valor jurídico, son prueba ilegal).

Cuitláhuac y Eric salen maltrechos de su encuentro con la prensa. Como puede, Cuitláhuac lee el texto y se despide. Esta vez, dice, no responderá preguntas. Y emprende la huida.

Jorge Winckler, el fiscal del yunismo, le sale al paso. Al duartismo, dice Winckler, lo libera un tribunal federal que ve como algo menor la desaparición forzada. Al Bermúdez lo favorece un fallo que la juez del fuero común acata. La Fiscalía, apunta, impugnará el fallo en el plazo de ley.

Y Winckler embiste: el gobernador miente. La desaparición forzada no sólo es delito grave sino gravísimo. Pero los magistrados federales estiman que no.

Winckler, el empleado de Yunes, el que le toma fotos o video de rodillas, el que desdeña a la prensa, o se burla de ella y se gana la condena general, lanza otra acusación: Eric Cisneros violó la ley al darle privilegios a Bermúdez en el penal de Pacho Viejo. Y eso es delito.

Urge que Winckler se vaya. Antes que reviente a Eric Cisneros, debe irse. Urge un fiscal carnal.

Hasta entonces atizaba Morena en el Congreso los juicios políticos contra Winckler para destituirlo. Pero el procedimiento es largo y terminaría con una cadena de amparos del fiscal.

De ahí que Morena tomara el atajo de la ley a conveniencia. O el traje a la medida. Como lo que hacía la mafia del poder antes de que Andrés Manuel López Obrador decidiera cogobernar con la minoría rapaz y los hijos de la corrupción.

Con el voto de su mayoría y dos diputadas del PAN, Morena aprueba la reforma a la Ley Orgánica de la Fiscalía de Veracruz, arrogándose el derecho a deponer al fiscal en turno.

Winckler se ampara. Ninguna ley es retroactiva. Y si no hay causa grave, no se le puede retirar.

Quinto día de gobierno y Cuitláhuac García vive una crisis insólita, el mensaje de impunidad.

Intragable su versión de que Yunes y los duartistas montaron un show. Con Yunes Linares, la banda delincuencial de Javier Duarte corría y huía, devolvía bienes robados a Veracruz, aportaba información para localizar al ex gobernador, entonces a salto de mata. Y Cuitláhuac callaba.

Con Yunes, los capos del duartismo buscaron la complicidad del PRI. Tarek Abdala y Alberto Silva se escondían bajo las enaguas del fuero de diputado federal. Y mientras, Cuitláhuac callaba.

Siendo gobernador Yunes, tanto Bermúdez como sus policías lograron amparos que les concedían jueces federales, pero Winckler los atajó esgrimiendo que debían permanecer en prisión por intentar sustraerse a la acción de la justicia. Y siguieron tras las rejas.

Con Yunes, el duartismo huía y se rendía. O aportaba información para ubicar a Javier Duarte y traerlo a México para ser juzgado.

Cuitláhuac, en cambio, los premia. Su gobierno da cabida a duartistas y fidelistas, los Nachón, los Landa, los Chagra, y antes se incrustaron en ayuntamientos de Morena donde comienzan a robar.

Bermúdez y otros duartistas no andan libres por razones jurídicas sino por complicidad política, por por el compromisos de Morena y los grupos priístas que vuelven por el poder.

Libre, Bermúdez es un riesgo de vida —o de muerte— para las madres y hermanos de los miles de desaparecidos, para la familia del cantante Gibrán, para los testigos del levantón, tortura, asesinato de 19 personas, seis reconocidos, 13 de los que no se volvió a saber, y que permitió acreditar que Capitán Tormenta y su flota hicieron de la violación a la ley una política de estado.

Quiéralo o no, sobre Cuitláhuac García pesa la liberación de duartistas.

Y sólo lleva una semana en el poder.

Archivo muerto

Enésimo oso de Héctor Yunes Landa. Llegó al evento de Andrés Manuel López Obrador, en Xalapa, este 2 de diciembre, imaginando que compartiría el escenario. Un tipo lo paró. Alegó que era invitado de Cuitláhuac García. Lo mandaron al diablo. Insistió.

Lo volvieron a batear. Pretendió treparse olvidando sus denuestos y sus réplicas a López Obrador, sus textos en que vapuleaba a Morena, los días en que reclamaba que se agandallaran todo el poder. Habrá pensado el rollero diputado, hijo político de Javier Duarte, que alguien lo habría tomado en serio con aquellos llamados al hoy Presidente y al hoy gobernador de Veracruz, asumiéndose como el interlocutor ideal. Habrá olvidado Héctor Yunes cuando en la campaña de 2016 acusó en abierto, en público, filoso, con veneno de crótalo, que Cuitláhuac García, entonces candidato de Morena al gobierno de Veracruz, recibía financiamiento de Javier Duarte y que iba por las maletas de dinero a Casa Veracruz. Al pie del estrado, alegaba Héctor Yunes y fue desoído. Y por más que insistió, le dijeron que no. Y se fue.

Dos días después, en ropa informal, en tenis, como si lo vistiera Cristian Pior, volvió a palacio de gobierno y Cuitláhuac lo recibió. Comenzó por aclarar que lo de las maletas de dinero eran sólo ganas de joder. Y ambos, como buenos hijos de Javier Duarte, decidieron asumir que si se trata de hundir a Veracruz, se la llevan en paz. El cinismo político lo puede todo… Al “Tortas” le va bien. Ya es subdirector de Recursos Materiales del Congreso de Veracruz.

Al “Tortas” —Enrique Navarro— lo impone su mentor, Marcelo Montiel Montiel, cobrando así una fracción de la factura política que le debe Morena por su operación en la elección del 1 de julio cuando el marcelismo, o lo que queda de él, se volcó a operar por Andrés Manuel López Obrador, por Cuitláhuac García Jiménez y por las paniaguadas candidatas a diputadas de pésimo perfil y peor capacidad. En el sigilo, como aquí se reveló, Marcelo Montiel y Juan Javier Gómez Cazarín tenían sus encuentros cercanos en la residencia del ex alcalde de Coatzacoalcos, situada sobre la avenida 20 de Noviembre, en Xalapa, fraguando qué hacer y cómo asaltar el Congreso de Veracruz. Una vez ungido Gómez Cazarín como líder de Morena en el Congreso y presidente de la Junta de Coordinación Política, llegó la imposición.

Kike Navarro, con quien Gómez Cazarín aparece en fotografías en la red social Facebook, sonrientes y fraternos, ascendió a la Subdirección de Recursos Materiales de la Legislatura. De chofer brincó a secretario privado de Marcelo, cercanísimo a una diputada de ida y vuelta, y ahora a funcionario del Congreso. Morena a los pies de Marcelo… Por las manos de Yazmín no pasa ni el presupuesto, ni el crédito, ni lo más delicado de la hacienda municipal.

Dice la síndica de Coatzacoalcos, Yazmín Martínez Irigoyen, que la Comisión de Hacienda ha sido vulnerada, que hay funcionarios infiltrados, o tolerados, o incrustados para opinar y decidir. Y el alcalde Víctor Manuel Carranza los deja actuar. Por sus manos no pasó el proyecto de presupuesto para 2019.

No conoció y finalmente no avaló el crédito de 70 millones de pesos para saldar salarios, aguinaldos y prestaciones laborales, que evidencia un desastre en las finanzas municipales, las “finanzas sanas” con las que sueña el alcalde Carranza. Rehén de un grupo faccioso, los amigos del Clan de la Succión, los peones de Iván Hillman y Mariano Moreno, el alcalde Víctor Carranza es un cero a la izquierda, sin mando, sin brújula, extraviado en el mundo de la ilusión. Su ayuntamiento se cuartea, se desgrana, se hunde sin advertir que el tiempo de rendir cuentas y enfrentar a la ley, llegará…

 

Voy a tener que cambiar de crush

--Chopenjawer

Si bien la mayoría de los funcionarios Duartistas que cayeron en Pacho Viejo son indefendibles por la manera tan burda en que se enriquecieron al amparo del poder, en los días recientes se ha ido develando lo que ya se sabía: eran objetos de una persecución de investigaciones simuladas y con ansias de venganza política por parte del ex gobernador.

Este lunes, abonado al tema de que ya salió el primer funcionario de la administración sexenal Duartista en la era Cuitláhuac, en el Congreso del Estado se estaba solicitando juicio político para el ex gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, para el ex secretario de Seguridad Pública, Jaime Téllez Marié; y el todavía Fiscal General del Estado, Jorge Winckler.

Este triunvirato fue el que operó de manera parapoliciaca la detención de los funcionarios presos en Pacho Viejo, incluido el ex gobernador interino Flavino Ríos Alvarado, con obvias intenciones no de hacer justicia, sino de hacer una cacería de brujas para legitimar el gobierno de Yunes Linares y de paso obligarlos para entregarles propiedades y dinero que, sin duda, ya habrán parado en arcas personales y en dinero no reportado en la campaña fallida del hijo del ex gobernador.

Este lunes precisamente salieron a relucir, a través de abogados de Arturo Bermúdez Zurita, lo que era un secreto a voces: el engaño y simulación de acuerdos reparatorios y la entrega de bienes inmuebles, lo que fue sustentado en conversaciones que se filtraron a la prensa donde se escucha "negociando" a Marcos Even Torres Zamudio (Fiscal Anticorrupción y gurú de Winckler) con uno de los abogados del ex titular de la SSP.

Entre estas cuestiones, también se sabe que intentaron presionar a los ex funcionarios para que así se culpara de otros delitos al objetivo principal que no pudo encarcelar Yunes en Veracruz: Javier Duarte; otro actor que quisieron embarrar en declaraciones inventadas para que se firmaran con torturas, es MORENA, aludiendo que estaba financiada por el ex gobernador convicto, pero nunca ha habido pruebas.

El ex gobernador Yunes Linares siempre presumió sus trofeos y aseguramientos, pero también los mismos han sido desmentidos. Por ejemplo, el caso de la supuesta casa de Duarte en Woodlands, Texas, cayó de inmediato como una mala mentira, pues ni era del ex gobernador y ni estaba en una de las zonas más caras. En el caso de los presos, nunca hubo una sentencia y sólo dieron largas a su estancia en el penal ubicado en Coatepec a través de prisiones preventivas.

No se duda que muchos funcionarios que trabajaron con Duarte tienen que responder ante la justicia, pero Yunes enfocó sus baterías en objetivos seleccionados; otros negociaron, escaparon y ni siquiera fueron tocados, lo que derrumba el argumento de "justicia" que el ex gobernador pregonaba.

Ahora, con todo el escenario adverso, quienes sí deben de hacer justicia son las autoridades actuales; que demuestren que no es por ayudar a los Duartistas (a quienes sus detractores los vinculan) sino para demostrar que se usó el aparato del estado para revanchas políticas y escándalos mediáticos, lo que no debe hacerse para la procuración de la justicia.

Por la tarde, el gobernador Cuitláhuac García Jiménez arremetió vía Twitter: "Lo advertimos, fue un fiasco y show mediático la recuperación de bienes, denuncias e investigaciones contra Duarte y sus ex funcionarios, el gobierno anterior pactó con ellos la negociación de propiedades a cambio de su libertad y bajar las penas. Empieza a salir la verdad".

Hasta el cierre del día, los señalados no habían dicho ni pío de las serias acusaciones; acaso un débil "no me pueden obligar a renunciar" de Winckler expresado el domingo, pero sabe (al igual que su patrón Yunes y su amigo Téllez) que tiene todos los escenarios en contra para que le pase lo que dijo Paco Ignacio Taibo II sobre su polémico nombramiento al frente del Fondo de cultura Económica.

Y bien doblada.

NOTA PARA PEGAR EN EL REFRI: La organización FREDEPO regresó a las calles de Xalapa y volvió a cerrar el centro histórico, algo que no hicieron en el Yunato porque sabían que éste era intolerante con los bloqueos, ordenando el desalojo y detención de los líderes. Ahora, aprovechando que el discurso de la "Cuarta Transformeshion" es que no se usará a la policía para reprimir, salieron envalentonados a tapar la circulación justo frente al Palacio de Gobierno. Hay que decirlo: de las pocas cosas buenas del corto bienio, fue que no se permitieron que organizaciones pedorras y líderes patito bloquearan la circulación de Xalapa. Eso debe tomarse en cuenta sobre todo ahora que la capital veracruzana no está muy contenta con el gobierno municipal.

OTRA NOTA: Sin restarle mérito al poeta Juan Hernández Ramírez (nombre poco conocido para muchos, incluido para quien esto escribe) hay que reconocer que finalmente la Medalla Ruiz Cortines se otorga a un ciudadano veracruzano como hace mucho tiempo no se recordaba, pues últimamente se entregaba a instituciones u organizaciones civiles, en los cuales incluso había línea directa del gobernador para su votación. En el video del Congreso llama la atención la apabullante votación que favoreció a Juan Hernández, superando al ampliamente conocido Gilberto de la Rosa... ¿Será que los diputados realmente conocían a los aspirantes o solamente estaban siguiendo una línea? Lo anterior también se comenta porque hubo legisladores que cambiaron su voto de última hora, cuando ya habían emitido su primer voto a favor del famoso músico del grupo Tlen-huicani.

LA ÚLTIMA PORQUE YA NO HAY CAFÉ: Que luego de que no lo dejaron pasar al evento donde estuvo presente el presidente López Obrador, el diputado federal Héctor Yunes Landa finalmente fue a Palacio de Gobierno para sostener un encuentro con el gobernador Cuitláhuac García Jiménez: "Tuvo la amabilidad de llamarme hoy para aclarar el incidente de ayer. Asunto cerrado. También, para invitarme un café en su oficina", expresó en comunicado... ¿Entonces a partir de ahora es su jefe político?

 

Con su puño y letra, Miguel Pintos valida lo que sirve y lo que no, y entre ello, certifica un acta de cabildo que derrumba la concesión de canchas de futbol rápido, la que amaga con frustrar la inversión de 60 millones de pesos en el Parque Central Miguel Hidalgo, el magno proyecto ecológico de Coatzacoalcos. Sólo que esa acta es falsa.

Su firma da sustento legaloide a un documento apócrifo.

Su firma engaña en un juicio de amparo que habrá de dilucidar si las ligas de futbol permanecen, o no, en el parque deportivo.

Su firma altera la vida institucional del ayuntamiento de Coatzacoalcos, violado el libro oficial en que se inscriben los acuerdos tomados por el cuerpo edilicio y el trámite que se le da a los temas torales ante el Congreso de Veracruz.

Hay en el expediente del juicio de amparo 1123/2018, promovido por Ember de Jesús Ballinas García, presidente la liga Fut7, un hecho inédito: dos actas de cabildo de la misma sesión.

Un acta, la auténtica, acredita la concesión de la cancha de futbol rápido, y otra, la falsa, usada por el ayuntamiento actual para vulnerar los derechos del beneficiario y simular que ese día se autorizó la venta de un área verde a otro particular.

Insiders del Palacio de Justicia Federal saben que el asunto apesta. Y arrastra al secretario del ayuntamiento, Miguel Pintos Guillén; al alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo, y al titular del Departamento Jurídico, Agustín Jiménez, un ingeniero que de leyes sabe lo que López Obrador de aeronáutica.

Al promover el juicio de amparo, Ember Ballinas aportó pruebas contundentes: el acta de cabildo que validó la concesión de la cancha de pasto sintético, en una extensión de 2 mil 512.58 metros cuadrados, por 11 años y la aprobación que para el efecto realizó el Congreso de Veracruz. Era la anuencia del ayuntamiento y la validación de la Legislatura estatal.

En contrasentido, el área jurídica del ayuntamiento del morenista Víctor Carranza sustentó su alegato en una treta descomunal: un acta de cabildo de la misma sesión, con los mismos puntos a tratar, a excepción del numeral 5 en el que hace aparecer la validación para la compraventa de un área verde entre las colonias Petrolera y Puerto México, a favor de un personaje de nombre Fernando Hernández Hermosillo.

Ese hecho nunca existió.

Y es Miguel Pintos Guillén quien certifica el acta falsa.

Al calce del documento, estampa su firma el secretario del ayuntamiento, un neófito en política que proviene de la industria y del negocio con los dineros de Pemex, el contratismo voraz, la pinta de guarniciones y cuando le caían obras de peso y responsabilidad, solía asociarse con empresas de alta eficiencia.

Un acta, la del 24 de octubre de 2014, establece la anuencia del cabildo, entonces encabezado por Joaquín Caballero Rosiñol, otorgando la concesión a favor de Ember Ballinas, modificando así un tramite que inició durante la alcaldía de Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— que le había aprobado el manejo y operación de la cancha por 20 años, lo que contravenía la ley.

Ante ello, se reconsideró y se ajuste el período de concesión a 11 años.

Aquel acuerdo de cabildo se remitió al Congreso de Veracruz. El 13 de septiembre de 2016, por unanimidad, la diputación local aprobó la concesión a favor de Ember Ballinas. Fut7 se habría de convertir a la postre en el mayor dique contra el proyecto-negocio del Clan de la Succión, la familia Robles-Hillman, los que controlan al alcalde Carranza, los que disponen de la aportación de 60 millones, extraídos a Pemex a través del Programa de Apoyo a Comunidades y Medio Ambiente, los que sugieren qué constructor realiza la obra, los que han hecho del tráfico de tierras y chicanas notariales un fortuna brutal.

De la otra acta de cabildo no hay registro real. Es copia del acta original, de fecha 24 de octubre de 2014, salvo que en el numeral 5 del orden del día y en su desarrollo se inventa la compraventa de un área verde a favor de Fernando Hernández Hermosillo.

Dice así:

“Se aprueba la compraventa de la fracción de terreno del área verde ubicada en la colonia Petrolera, con superficie de 400.29 metros cuadrados, con las siguientes medidas y colindancias… a favor de Fernando Hernández Hermosillo, autorizándose a la sindica del H. Ayuntamiento Constitucional para que en representación del H Ayuntamiento firme ante notario público la escrituración correspondiente, concluidas las formalidades legales necesarias, quedando este lote desincorporado del dominio público municipal”.

Más adelante punta:

“Se instruye al C. Juan Manuel Rodríguez Caamaño, secretario del H. Ayuntamiento, remita copia debidamente certificada de la presente sesión de cabildo al Congreso del Estado, solicitando la autorización que indica el marco legal aplicable”.

Dicha acta de cabildo nunca llegó al Congreso de Veracruz. No llegó porque no existía. Y no hubo respuesta a la supuesta venta del área verde, ubicada en el canal pluvial que divide a las colonias Petrolera y Puerto México, las que años antes, siendo Iván Hillman Chapoy alcalde de Coatzacoalcos —y esposo de la diputada duartista Mónica Robles Barajas, hoy en Morena—, vendió a amigos y vecinos, empleados y conocidos.

Al Congreso de Veracruz fue remitida el acta auténtica, la que validaba la concesión a Ember Ballinas del predio de 2 mil 512.58 metros cuadrados, dentro del parque deportivo Miguel Hidalgo.

Con las dos actas de cabildo en el expediente, el Juzgado Noveno conminó al ayuntamiento de Víctor Carranza a aclarar cuál tenía soporte legal. Mientras, Ember Ballinas tramitó que el juzgador diera vista a la PGR por la existencia de un documento a todas luces falsificado, pero no hubo respuesta.

Hay por lo menos dos delitos a perseguir: falsificación de documento y uso de documento falso.

Hay tres probables implicados: Miguel Pintos, quien certificó el acta apócrifa; el alcalde Víctor Carranza, sin cuya anuencia no se habría consumado la farsa, y el titular del área jurídica, Agustín Jiménez, por ser quien lleva el caso ante el juzgado federal dentro del juicio de amparo.

Aferrado al negocio del parque ecológico —obsesiona a Mónica Robles y a su madre, Roselia Barajas, portar máscara de ambientalistas— Víctor Carranza transgrede la norma federal. Y su alfil, Miguel Pintos, viola la legalidad.

Improvisado en el cargo, el secretario del ayuntamiento es ave de mil tempestades. El día que no le llama diputada a una regidora, olvida el protocolo que debe seguirse en las sesiones de cabildo.

Eso es peccata minuta.

Lo peor es la tenebra y el ataque desde las sombras, la intriga a los enemigos y también a los amigos, el fuego a los opositores y el ataque embozado a Morena, el golpe artero, la descalificación y el desgaste.

Pero nada como la falsificación de un acta de cabildo, que se esgrime como legal en un juicio de amparo, que intenta engañar a un juez federal, que busca el despojo a Fut7 y desconocer la concesión por 11 años a Ember Ballinas.

Quien haya falsificado el acta, es un misterio. Quien la certificó fue Miguel Pintos.

Y hay más.

Archivo muerto

Sigiloso, Juan Javier Gómez Cazarín toca una puerta y se abre. Se interna en una lujosa residencia y ahí traba acuerdos. Ahí, en la residencia del fraccionamiento El Castillo, sobre la avenida 20 de Noviembre, en Xalapa, habita un tipo tan siniestro como dos caras, dos veces alcalde de Coatzacoalcos, hoy aliado encubierto de Morena. Es Marcelo Montiel. A él acude Gómez Cazarín, el títere útil en el Congreso de Veracruz, presidente de la Junta de Coordinación Política, recibiendo en la clandestinidad la línea a seguir.

Ahí le orienta. Ahí lo instruye. Marcelo despliega su arsenal de tretas, las mañas y sus nexos. Es un romance político que deja ver quién controla al gobierno de Veracruz y que acredita que la alianza PRI-Morena está en mayor esplendor… A bordo de una Suburban de lujo, vive Cuitláhuac García la austeridad republicana. Auto de ensueño, blanca y reluciente, lo traslada al restaurant La Flor del Istmo, donde se congregan familias y grillos, donde se disfruta la majestuosidad del río Coatzacoalcos, el vuelo de las gaviotas, la quietud de los pelícanos, el lirio sobre las aguas y el ir y venir de los que se trasladan y arriban desde la congregación de Villa Allende.

Así llega el futuro gobernador de Veracruz a su encuentro con la prensa de Coatzacoalcos, el jueves 15, donde nada o casi nada tiene que decir.

Cuenta el futuro gobernador algo que hace semanas dejó de ser noticia: Andrés Manuel López Obrador no cumplirá su promesa de estar en el puerto que tantos votos le ha dado, el 2 de diciembre. Irá a Xalapa, y en Plaza Lerdo —o Plaza Regina Martínez— formulará la declaratoria de crisis humanitaria para Veracruz, demandando acciones inmediatas para atender la inseguridad, el baño de sangre, la violencia sin control, y también la emergencia financiera, que viene como herencia de Javier Duarte y sus 400 ladrones. Frente a los medios de comunicación, Cuitláhuac García poco tiene que decir. O lo que dice raya en la irrelevancia.

Horas después, atiende lo que le urge: un banquete con una parte de la casta empresarial. Su anfitrión es Arturo Quintanilla Hayek, compadre de la senadora Rocío Nahle García, de fortuna incalculable gracias a la infinidad de contratos millonarios otorgados por Pemex, el Pemex saqueado por la mafia del poder, el Pemex succionado por las bandas de la corrupción. Una Suburban de lujo —placas XYX 141-A— y una comilona con empresarios, retratan cómo se chuta Cuitláhuac García el cuento de la austeridad republicana que tanto pregona El Peje… Son 31 millones y es dinero basura.

Es, según los estados financieros, el monto del entre con los medios de comunicación hasta septiembre, el gasto inútil, el pago por el aplauso abyecto y el silencio servil. Son 31 millones de pesos y el pueblo no lee. Extraído de una encuesta inédita, la que esgrime el señor Víctor Manuel Carranza Rosaldo, en mala hora alcalde de Coatzacoalcos, el 61 por ciento de la población no sabe qué ocurre con la obra municipal.

Eroga el ayuntamiento más de dos millones de pesos al mes —1.8 millones para Diario del Istmo y el resto del consorcio de la succión— y el pueblo ni los voltea a ver. Tan cariñoso que es Carranza que de refilón le dice a los Robles, sus patrones, que su periodismo ni huele ni hiede, ni pinta y mucho menos forma opinión. Sabiéndolo, qué mueve al alcalde Carranza a persistir en pagar publicidad en medios de nula credibilidad.

Paga por razones diversas: por evitar la estridencia; por ocultar sus taras políticas; por no vulnerar el negocio informativo de los Robles, la familia duartista que a través de Diario del Istmo y anexas succiona al poder; por las loas que inútilmente pretenden maquillar su desastrosa gestión, o simplemente porque no siendo dinero de su bolsillo supone que se puede dilapidar.

Y todo para terminar ofendiendo a su pueblo con aquello de que “nada más sabemos ladrar pero no sabemos conjuntar bien”. ¿Y usted, a qué hora sale a ladrar?…