Martes, 29 de noviembre de 2022
Mussio Cárdenas Arellano

Mussio Cárdenas Arellano

Atrapado en el mundo de las letras y la denuncia social, Mussio Cárdenas Arellano cuenta ya con un extenso kilometraje recorrido en el periodismo. Lejano parece ya aquel 1978 cuando en Coatzacoalcos, su tierra natal, escribió sus primeras notas. Transitó por la entrevista, el reportaje, la crónica, el artículo y la columna política. Fue corresponsal de la revista Proceso, Imevisión, IMER, Contralínea; fundador de las revistas Contacto e Informe Rojo; analista político en radio y televisión, y ganador del Premio México por columna política, en 2009, otorgado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de México (FAPERMEX). Su contacto con el periodismo viene de familia. Su padre, Mussio Cárdenas Cruz, y sus tíos Emilio, Francisco y Paulino, constituyen una dinastía de periodistas veracruzanos de reconocido prestigio. Actualmente escribe la columna Informe Rojo, que se publica en portales en internet y medios escritos con amplia aceptación entre la opinión pública.

mussioc2@gmail.com

 

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Eusebia —Cheva Cortés— quiso cimbrar al Congreso, sacudir a Veracruz, acusar corrupción en la Secretaría de Seguridad y Cuitláhuac la exhibió. La diputada taxista quise negociar. Es chantajista, le espetó el gobernador.

Hechura de Rocío Nahle, la madrina de todas sus trampas, Eusebia Cortés Pérez suele increpar, ser altanera, procaz y majadera, tildar de “ratas” a mujeres priistas y categorizar de “hijos de puta” a Peña Nieto y Videgaray, pero con Cuitláhuac se jodió.

No terminaba de exponer la corrupción que carcome a la Dirección de Transporte, dependiente de la SSP, cuando el aparato de poder la hizo callar.

“Chantajes no”, le recetó Cuitláhuac advirtiendo que la diputada local por Coatzacoalcos tiene placas de taxi, es concesionaria y realizó gestiones ante la Dirección de Transporte que no le han sido aceptadas.

“Si tiene pruebas que las presente”, revira el coordinador de la fracción de Morena en el Congreso de Veracruz, Juan Javier Gómez Cazarín, un antiguo vendedor de automóviles con múltiples denuncias, señalamientos de cobrar y no entregar los autos y demandas en juzgados civiles por pagarés que no quiere saldar.

Y así el conflicto entre la diputada morenista y el gobernador de Veracruz.

Frente al secretario de Seguridad, Cuauhtémoc Zúñiga Bonilla, en la glosa del informe de gobierno, Eusebia Cortés había reclamado la extorsión aplicada a taxistas, su gremio; trámites engorrosos que forzaran el “moche”; cobro de hasta de 30 mil pesos por liberar vehículos en los corralones; la duplicidad de permisos en unidades del servicio público; el negocio de las grúas con cobros excesivos y sin control que por meses ha ventilado en el Congreso, y la colusión entre la Fiscalía de Veracruz, Tránsito y los concesionarios de las grúas.

A Zúñiga Bonilla le había descrito la mecánica de la extorsión. Habiendo delegaciones en toda la entidad, son tantos los trámites que terminan acudiendo a Xalapa, capital de Veracruz. Y los trámites no avanzan. Les aplican la aburridora, “para que caiga el afloja todo, como así lo llamamos los taxistas”, pagando para obtener o renovar sus permisos.

Eusebia Cortés sabe de lo que habla. Es taxista aunque nadie la vea frente al volante. O mejor dicho, cuenta con las placas de taxi que le concedió el ex gobernador priista, Javier Duarte de Ochoa, a un grupo de conductores alineados con el Partido de la Revolución Democrática, de las que Cheva se llevó la mayor parte.

Al secretario de Seguridad lo centró:

“Hay taxis con números sobrepuestos en diferentes carros. Qué quiere decir: un número en tres vehículos con permisos, inclusive permisos que ni siquiera son del mismo vehículo. Por decir, un Tsuru lo trae un Spark con el mismo número”.

Zúñiga Bonilla intentó matizar. Hay 20 módulos a lo largo y ancho de Veracruz. Los taxistas no tienen por qué acudir a Xalapa.

Pero Eusebia Cortés lo atajó y activó la bomba: “está siendo engañado”. Y por ahí se fue:

“Muchas Fiscalías parecieran tener complicidad con las grúas y los corralones. No pueden ver un vehículo que esté estacionado por un tiempo, dos o tres horas, porque enseguida la Fiscalía manda y los detiene. Los detiene y de inmediato los mandan al corralón.

“Empiezan a hacer la investigación y se pasan uno, dos, tres… Inclusive pareciera que ya tuvieran una fecha determinada de más o menos 16 días para dar la liberación de tal vehículo porque resulta que el vehículo ni es robado, ni es acusado por ningún delito y ni le dan su carta de liberación. Y ahí viene lo bueno: ir al corralón a sacar ese vehículo. Primero ya está desmantelado, las piezas cambiadas; segundo, el gran costo que esto conlleva. Estamos hablando que por 16 días han cobrado hasta 30 mil pesos por corralón. No entregan factura, no entregan listado de por qué ese costo y uno habla, aquí sea a Transporte, Tránsito o a Seguridad y lo primero que te dicen, son grúas particulares”.

Para los delicados oídos del gobernador, aquello fue un estruendo. La increpó. La descalificó. Le imputó ignorancia, falta de pruebas y chantaje.

“Esos chantajes los hacían los priístas —dijo—, pero la diputada habla así porque tiene placas de taxi. La gente no sabe que la Diputada se ha acercado a la Dirección de Transporte para solicitar acciones, no le han sido aceptadas. Ojalá que si tiene pruebas las presente a la Fiscalía”.

“Chantajes no, yo tengo la moral muy alta —agregó—, a mí no me van acusar que tengo placas de taxi, he dado muestra que cuando hay indicios claro, lo quitamos, aquí no solapamos corrupción. Pero si no sabemos ni quien es el Director, si tienes placas de taxi, eso no es 4T, por favor. Si una representante popular no sabe poner una denuncia, qué nos espera”.

Gómez Cazarín, coordinador de Morena en el Congreso de Veracruz, también embistió a la diputada consentida de Rocío Nahle. “Tampoco se trata de solo alzar la voz y buscar el protagonismo que no nos lleva a nada. Hay que trabajar, pero con pruebas y con mucha certeza”, dijo.

Aquella noche, se difundió una respuesta presuntamente falsa en que Eusebia Cortés imputaba corrupción en el gobierno de Cuitláhuac García, agradecía a Javier Duarte por las placas de taxi recibidas y advertía que informaría del incidente a su jefa política y madrina, la secretaria de Energía del gobierno federal, Rocío Nahle García.

Minutos más tarde, Eusebia Cortés se deslindó del escrito que circulaba en redes sociales.

Entre gitanos no se leen la buenaventura. Se conocen, se huelen, se sienten, se detestan, se rasguñan y luego se lamen las heridas. Así metabolizan sus odios en Morena.

Eusebia Cortés no es mejor que Cuitláhuac García ni Cuitláhuac es mejor que Eusebia

El gobernador de Veracruz es un sátrapa de marras, delincuente institucional, arbitrario con el inocente y cómplice de la delincuencia. Y un adicto a fabricar delitos y maniobrar para mantener en las cárceles a sus enemigos políticos.

Eusebia es procaz, altanera, superlativamente majadera, sicaria verbal del ex alcalde de Coatzacoalcos, Víctor Manuel Carranza Rosaldo, cuando fue regidora, la que hablaba y gritaba, golpeaba en la mesa atajando las propuestas y los reclamos de la oposición.

Siendo taxista sin taxi, en los tiempos del gasolinazo, tomó literalmente la ciudad de Coatzacoalcos, bloqueando camiones y automóviles de servicio público, bajando pasajeros, amenazado a los conductores, cumpliendo las instrucciones del obradorismo locuaz.

 

Agitadora sin freno, se valió de la protesta para sacarle decenas de concesiones de taxi a Javier Duarte. A la fecha, decenas de quienes la secundaron siguen esperando las placas prometidas.

 

Cuitláhuac no es mejor. Ardido por el tamaño de la denuncia, quiso apagar el fuego descalificando a la alumna y protegida de Rocío Nahle. Exhibió su ignorancia —“si una representante popular no sabe poner una denuncia, qué nos espera”—. Y la categorizó como chantajista —“se ha acercado a la Dirección de Transporte para solicitar acciones, no le han sido aceptadas. Chantajes no”—.

 

El reclamo de Eusebia es justo pero políticamente incorrecto. Cuitláhuac García es pieza clave en el proyecto de Rocío Nahle al gobierno de Veracruz y de Claudia Sheinbaum a la Presidencia de México. Es el motor financiero, el que controla el erario, el que mueve a la burocracia, a los órganos electorales, a la prensa vendida. Y Cheva le suelta que en su gobierno hay corrupción.

Nahle es la jefa política de Cuitláhuac y Eusebia Cortés lo sabe. Nahle solapa y sostiene a Cuitláhuac García. Cuatro jodiendo a Veracruz y Nahle lo mantiene ahí.

El reclamo es válido. Eusebia denuncia corrupción en la Dirección de Transporte y acusa que el secretario de Seguridad “está siendo engañado”.

Y en respuesta, el gobernador le imputa chantaje.

Archivo muerto

Ego López Obrador sólo sabe verse al espejo. Soy el agitador. Soy el mesiánico. Soy el imán de los metales, y si es en cash, mejor. Soy de izquierda aunque sea mocho y de derecha. Soy el acarreador. 

Divierte con su marcha, la del ardor. Divierte a los que mandan al diablo su reforma electoral. Divierte a los que le pican la cresta y detonan su ira y provocan el berrinche y lo exhiben como el peleador callejero que es. Y desatan sus demonios. Cualquiera que le gane la calle —los que defienden al INE, el movimiento femenil, los que exigen medicamentos, los que lo increpan en carreteras, los que vencen las barricadas y rompen el cerco policíaco llegando a Palacio Nacional— merecen una lección. Y por eso el pata de perro vuelve a marchar.

 La diferencia estriba en que cientos de miles acuden sin acarreo a defender al INE y el remedo de Juárez convoca a un millón teniendo que recurrir al acarreo con un gasto descomunal. 

Por eso es tan divertido provocar a Ego López Obrador… Vestido y alborotado, como novia de rancho, dejó Claudia Sheinbaum a Cuitláhuac. Ahí lo tuvo, comiendo de su mano, y nunca llegó al Informe del gobernador de Veracruz. 

Días y noches alardeando. Días y noches escuchándose el estribillo de la prensa vendida, y los coros de la Cuarta Putrefacción, y la masa chaira que opera en modo aplauso, y al final la jefa de Gobierno de la Ciudad de México —y corcholata favorita de Andrés Manuel López Obrador— no apareció. Desaire no es; tomada de pelo, sí. 

Apenas supo la doctora Sheinbaum que el tal Cuitláhuac García Jiménez, desgobernador de Veracruz, ya tenía listas la maletas para dejar el cargo e irse desmadrar la campaña anticipada de la corcholata puntera en el galgódromo obradorista, tomó una sabia y sensata decisión: enfriarle la nacha al Cuit. 

La ausencia, como signo político, es rechazo. Cuitláhuac se tuvo que conformar con la compañía de Rocío Nahle García, cuyos bonos se devalúan cada vez que la alberca de Dos Bocas alcanza niveles sin precedente, nutrida por los torrenciales aguaceros que suelen caer en Tabasco, y peor cuando en palacio nacional se desata la ira por la embarcada que le diera la secretaria de energía al mesiánico Andrés Manuel López Obrador de inaugurar una refinería construida a medias y con el riesgo de que procese su primer barril de petróleo allá por el año 2025 cuando Andrés Manuel ya se haya ido a residir a La Chingada, su finca en Palenque, Chiapas… 

No enfrenta Arturo Delgadillo solo un par de denuncias por corrupción en la asignación de obras públicas. 

Hay otras dos. Y la suma del daño, los moches, los servicios que pidió y que serían cubiertos con contratos vía asignación directa, se acerca al millón de pesos. Y Onésimo Mendoza, su subalterno, otro tanto igual. 

Delgadillo Medina, director general de Obras Públicas, Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, es el objetivo de una amplia investigación interna.

 Lo tienen en la mira la síndica, Ana Bertha Hernández Aguilar; la tesorera, Grace del Carmen Mendoza Chesty, y el Departamento Jurídico. 

Arturo Delgadillo, cita una de las denuncias, habría pedido dos cantidades en diciembre de 2021: más de 50 mil pesos los destinaría una operación que se le practicaría a una activista de colonia; otros 250 mil dijo que serían para cumplir diversos compromisos con colonos. A cambio soltaría una obra de alrededor de 5 millones de pesos. Su director de Obras Públicas, Onésimo Mendoza Flores, que llegó al cargo con la venia del constructor Oscar Fosado Monzalvo, según relato del personal municipal, acumula más de una decena de señalamientos de maniobrar con las licitaciones públicas y asignar contratos u obligar a subcontratar obras a empresas favoritas y controlarles el manejo financiero teniendo acceso al token bancario. 

Las denuncias son contundentes. Una de ellas incluye la ubicación de un inmueble en una colonia aledaña al centro de Coatzacoalcos donde se consuman los actos de corrupción. 

Y hay más… Día a día, los siervos de Samuel Ordaz apuntan hacia las áreas verdes de Coatzacoalcos. Hurgan en Desarrollo Urbano, abren expedientes, consultan documentos, ven cada terreno, sus dimensiones, sus colindancias. 

Y luego harán la revisión in situ, en vivo. Los vasallos del secretario del ayuntamiento de Coatzacoalcos, Samuel Ordaz Ortega —los Gilbertos, los Lizandros, los Eliezeres, los Rodríguez, los Nelson—, se afanan por tener el control de las áreas verdes.

 Y una vez con la información en la talega, procederán a la modificación de uso de suelo, pasando el trámite a cabildo, remitiéndolo al Congreso de Veracruz para su anuencia y luego su venta. 

O sea, lucrar con los bienes del pueblo. Más o menos como lo hicieron el ex alcalde Iván Hillman Chapoy y el depredador de cabecera, Mariano Moreno Canepa, o como ocurrió cuando un maloso como el Comandante H, alias Hernán Martínez Zavaleta, líder zeta en Coatzacoalcos, hoy condenado a 20 años de prisión, se apropió, vía prestanombres, de diversas áreas verdes en los límites de la colonia Petrolera. 

Samuel Ordaz, el vicealcalde, es la viva presencia del marcelismo en el ayuntamiento morenista de Coatzacoalcos. Y sus siervos operan en alta, escudriñando en los archivos de Desarrollo Urbano, identificando áreas verdes como lo hicieran el marcelismo y el ivanismo años atrás. En once meses como secretario del ayuntamiento muestra todo lo voraz que es…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llámenle pronarco, militarista, farsante y no se inmuta. Pero róbenle la calle, arrebátenle el discurso, la causa y los reflectores, y entonces aparece el vesánico Andrés Manuel, el furibundo que reta y amaga. Porque, a ras de piso, sólo él puede ser feliz.

Rétenlo con movilizar a miles, convocar al pueblo, azuzar a la rebelión del INE, por el INE y para el INE, y López Obrador se desboca, y pierde el juicio, y levanta el guante, y olvida la investidura presidencial y se enfunda en el disfraz del luchador social.

Las marchas no son de los marchantes, reza el evangelio según San Andrés. Son de López Obrador. Las marchas no pueden venir de nadie más. Ni de los padres con hijos con cáncer, ni de los demandantes de justicia, ni de las víctimas de la violencia, ni de Sicilia, ni de los Le Baron, ni de las madres de desaparecidos, ni de la ola verde, ni de las mujeres que no quieren morir ni ser violentadas, ni de los intelectuales que ejercen el derecho a la reflexión, ni del zapatismo que con sabiduría desdeñó los cuentos de López Obrador.

Las marchas —piensa el mesiánico— tienen dueño: él. La movilización social es suya y solo suya. La protesta, el reclamo, el reto al sistema, a los poderes establecidos, a los poderes fácticos, es un monopolio sublime y lo detenta Andrés Manuel, aunque él sea el poder establecido. Y ay de aquel que quiera marchar. Son los síntomas de un daño mental.

Y si alguien cree tener escriturada la movilización, ese es López Obrador. Así la paranoia 4T.

Aún con espuma en la boca, cinco días después de la marcha de los cretinos, la rabia hace estragos. Le deshidrata el seso averiando la corteza emocional.

Repito: esto es rabia, no ira. La ira es un término benevolente en él.

Qué osadía de los cretinos. Eso de defender al INE es un reto para el Rey del Cash. Urdió una reforma constitucional que tácitamente mataría al Instituto Nacional Electoral, y los muy insolentes —sarcasmo— le respondieron con una cachetada que lo hizo ver estrellas.

Qué afrenta el llamado a defender al INE. Qué afrenta para López Obrador que categoriza al INE como una fábrica de fraudes electorales, intentando matarlo de inanición.

Porque, en justicia, nadie le regatea que el INE se chupa una buena parte del presupuesto, aunque no tanto como el alambique petrolero de Dos Bocas que algún día Rocío Nahle terminará de construir, menos aún que el capricho del Tren Maya que deforesta y destruye el sistema hídrico, o lo invertido en la terminal avionera de Santa Lucía, que ahora sirve como tianguis de la mezclilla.

El INE cuesta, y qué bien. Es buena inversión contar con un órgano electoral confiable, prestigiado, columna vertebral de la democracia mexicana, garante de esa alternancia que el Peje del pantano niega pero que le permitió alcanzar la presidencia de México. Y lo llevó a habitar Palacio Nacional como el rey Juárez. Y desde ahí aplicar la teoría de la devastación nacional, la destrucción de las instituciones; suscribir su sociedad con el narco; dejar que la delincuencia amedrente, secuestre candidatos y le dé 22 gubernaturas a Morena y sus aliados; empoderar a los generales y almirantes, que no a la tropa; encubrir la corrupción de los suyos, y echarse a retozar sabiendo que en los hechos es un neoliberal aunque sus solovinos crean que es de izquierda.

El dilema no es el costo del INE. No son los salarios de Lorenzo Córdova, su presidente, y el resto de los consejeros. No son los miles de millones que reciben los partidos políticos, de los que Morena, el partido de López Obrador, se lleva la mayor tajada. Eso es pretexto. Es paja.

El punto está en otra parte de la reforma: control del INE, elección de consejeros propuestos por el presidente y Morena, desaparición del padrón electoral, entrega de la lista nominal de electores a la Secretaría de Gobernación, anular los Órganos Públicos Locales Electorales y tribunales locales electorales. El punto es la regresión a los tiempos en que el PRI disponía del sistema electoral, manipulado por quien se hallaba en el poder. Y hoy en el poder se encuentra Andrés Manuel.

Y por eso, aquellos a los que llamó cretinos —estúpidos— le cobraron el agravio. Y más allá. Le sirvió de pretexto para expresarle su repudio.

Y el presidente, que se engancha a la menor provocación, se fue de cabeza. No cesó de insultarlos, de enlodarlos, de ponerlos frente al paredón. Y lo pagó.

Marcharon con ganas de joderlo. Los había llamado racistas —la señora que le gritó “indio pata rajada”, por supuesto que es racista—. Les dijo clasistas —algunos otros lo son—. Les dijo corruptos, corruptazos, defraudadores, simuladores, ladrones. Quizá por su mente en realidad pasaban las jetas de José Ramón, Andy, Yeidckol, Esquer, Macedonio —éste aún tiene imputaciones de violación—, Napito, Guadiana, Durazo, Delgado, Sheinbaum, Nahle, May, Montiel, Cuitláhuac.

El domingo 13 detonó la Cuarta Putrefacción. Ríos humanos, una mancha desafiando al mesiánico, caminando y disfrutando, sabiendo que la protesta tenía los efectos de un misil impactando en la línea de flotación del barco insignia del obradorismo.

Andrés Manuel fue vencido en su territorio. Le tomaron la calle. Caminaron por Paseo de la Reforma, ahí donde en 2006 instaló carpas y más carpas, hiriendo de muerte a los capitalinos, imaginando que su ira por la derrota electoral sería compartida, traducida en repulsa hacia el PRIAN, repudio a Calderón, precipitando la anulación de la elección y la entrega del poder.

Entonces se equivocó y ahora se volvió a equivocar.

Un día después, el lunes 14, la ira presidió la mañanera. Dio nombres, fustigó la intención, descalificó la marcha y bordó en cifras sin reconocer la realidad.

La ira presidencial incorporó un nuevo elemento. Dijo que fue un striptease de la oposición.

Ok. Marchar, según Andrés Manuel, es mostrar lo que hay atrás. Marchar es exhibirse al desnudo. Marchar es un striptease. Pues esa ha sido la “vida política” de López Obrador. El encuere total.

Por 28 años ha vivido del striptease. Y ha cobrado bien. Desde los días en que organizaba a los petroleros de Tabasco, al campesinado, a los empleados de gobierno. Y tras tomar el zócalo, apretar a Pemex, a Salinas, a Zedillo, acallaba la protesta una vez que le resarcían “los gastos del movimiento”, una millonada en cash. Manuel Camacho Solís era el pagador.

La Presidencia lo muestra al desnudo. Día a día menos pudor. Es amigable con la transa, cínico con del dinero ilegal —el Rey del Cash y los sobres de Pío y Martinazo, el carrusel de Esquer—, el agravio a la Constitución —“y no me vengan con que la ley es la ley”—, las migas con el narco, el militarismo descarado, la indiferencia ante la violencia sin control, la ignorancia para gobernar.

El mesiánico se ha creído el cuento de que detenta el monopolio de la protesta. Nadie puede movilizar, sumar a cientos de miles y llevar a los solovinos —así les dice el majadero— a pastorear.

Y así, la marcha de los cretinos, que lo superó con creces y lo terminó de desquiciar.

El domingo 27 López Obrador volverá a marchar, a adueñar del rollo, situarse bajo los reflectores. Será la marcha del ardor. O como bien dice, será una peregrinación. El mesiánico y la feligresía.

Ese día, dejará la investidura presidencial y se mostrará como lo que es, un agitador social. Convocará a los suyos. Habrá carnaval. Será una celebración por sus cuatro años en el no poder. Pero en el fondo, es la respuesta a los cretinos que sin acarrear, sacudieron al país.

La rabia es tal, que los cables se le cruzan. Primero fustigó a los organizadores. Luego a los que se niegan a reformar al IFE. Cómo le dolió el tamaño de la marcha. Entonces anunció que la suya será más grande, desatando la sorna. Y ahora que la contramarcha no es por el IFE sino el festejo por sus cuatro años de estancar al país. Y por delante el ego, siempre el ego.

Irá al frente. Andrés Manuel encabezará la movilización de apoyo a Andrés Manuel. López Obrador repudiará a los enemigos de López Obrador. Y la secta lo aclamará. Y la mafia lo ensalzará.

Y todos disfrutarán el striptease.

Archivo muerto

Fiscal sin alma, perversa, ahora va por las hijas de Rogelio Franco. Les activa una denuncia interpuesta por su madre, Guillermina Alvarado, por retención de menor, sustracción de menor y omisión de cuidado. Verónica Hernández Giadáns, cuya misión es retener cuanto pueda al ex secretario de Gobierno yunista, Rogelio Franco Castán, ha ido demasiado lejos, tramitando órdenes de aprehensión que alcanzarían a las dos hijas mayores del perredista, Viviana y Luisa, al propio Franco y a su mamá, doña Mercedes Castán. La inquina es demencial. Hace 14 meses, la madre de las jóvenes engrosó el expediente judicial imputándoles que las hijas mayores se llevaron a Victoria, la más pequeña, y la mantienen con ellas. Pero nada se movió. Un año después, cuando los juicios de amparo favorecen a Rogelio Franco y su libertad es inminente, Verónica Hernández desempolva el caso.

El objetivo es ganar tiempo. La fiscal y cualquier abogado saben que esta treta no prosperará. La respuesta se la dan las dos hijas mayores, acusando una trama insólita. Exhiben el odio enfermizo de su madre, Guillermina Alvarado, el olvido en que tuvo a la hija menor, una vida de maltrato y violencia y hasta un exorcismo, razón por la que, en julio de 2020, la pequeña pidió a sus hermanas que la sacaran del hogar materno. “Escuchen: 14 meses después decide denunciar —acusan en carta que circula en redes sociales—. Antes no le interesó ver a su hija o a los 14 meses se dio cuenta que su hija no estaba. En 28 meses no se ha preocupado por su estado de salud, alimentación, educación y vestido. Tampoco solicitó convivencia. Tampoco hizo alguna promoción en la vía civil o amparo para poder ver a nuestra hermana”. Y acusan: “Cuando nuestro padre fue detenido en Tuxpan, Victoria lo acompañaba.

Desde ese momento mi abuela Mercedes actúo por la vía legal, promoviendo depósito judicial para hacerse responsable de nuestra hermana y de nosotras. Desde esa fecha vive junto a ella. En los meses anteriores hemos promovido un juicio por guarda y custodia. Además se demandó pensión alimenticia provisional que ya fue decretada favorablemente, que esperamos mi madre cubra. Tenemos hasta un amparo a favor para que Victoria continúe en el lugar correcto”. El relato es infinitamente más largo. Como se ve, por las venas de la fiscal espuria no corre sangre sino mala leche. Y por la de Cuitláhuac García, el minigobernador, veneno y hiel… 

Infausta tarea, ingrata, la que se impuso a César Soto, líder del PAN en Coatzacoalcos. Acude al PRI en aras de tejer fino, de concretar el entramado de la alianza de oposición. Va César Soto a la sede del partido piltrafa, otrora partido hegemónico, hoy convertido en un rancio recuerdo, amargo para muchos por las corruptelas y atropellos, el robo del erario, el despojo de los terrenos, el abuso indecente de la ley. César Soto, un hombre de limpia trayectoria y mejor conducta, teniendo que amarrar una alianza institucional con un partido en el que no creen ni los priistas, aborrecido por la sociedad. La alianza es de papel. Frente a Morena, es nada. El priismo se agazapa en un membrete, en las siglas de la corrupción, en los colores usurpados a la nación. Al priismo simulador le sobra lengua y le falta decencia. Se ufanan ser los soportes del PRI y sus candidatos y candidatas no ganan ni en la casilla en las que les toca votar; sus pseudo operadores ofrecen votos que en el escrutinio de la jornada electoral no existen. Y aún así se ostentan como el motor del PRI. Con esa runfla perdedora —y simuladora— tiene que tejer una alianza César Soto, el líder municipal del PAN en Coatzacoalcos. Ah, y también con el membrete sin militantes del PRD… 

Allá, en Cosamaloapan, el notario demente obliga a su esposa a tatuarse la espalda, y acá, el notario rufián violenta, amenaza, chantajea a su mujer. Y luego estampan su firma y dan fe, como si tuvieran moral. Sobre la piel de Mónica Taibo, en su espalda, en el brazo, en la muñeca, quedó la huella de fierro que usa el notario Sergio Hernández Vallarino, su marido, para marcar a sus animales. Cuenta en un video que la obligó a realizarse el tatuaje con la imagen del fierro de la cuadra ganadera. Habla, detalla, advierte su martirio. “He sido violada, amenazada, estafada y víctima de violencia familiar”, refiere. Señala cómo un día el notario demente tomó un arma y mató al perro mascota de la familia. Y le advirtió que la próxima en morir así sería Mónica Taibo.

No es un juego. El peligro es real. Por ello, Mónica Taibo exige justicia a la fiscal espuria, Verónica Hernández Giadáns, y al pseudogobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez; que su denuncia no se pierda en los laberintos de la impunidad. Su caso sacude a Veracruz, a México, a las mujeres, a los colectivos que luchan por sus derechos, por preservarles su seguridad y su vida. Y revela la conducta desajustada del notario número uno de Cosamaloapan, hechura del ex gobernador, Fidel Herrera Beltrán.

Acá, en Coatzacoalcos, el notario truhán, Alejando “M” (de madres) sigue sujeto a investigación, denunciado por violencia intrafamiliar, por el infierno en que convirtió la vida de su pareja desde que residían en Canadá. De regreso a México, en la capital del país, la siguió violentando. Intentó arrojarla desde el balcón de un edificio, valiéndole que hubiera testigos, según consta en la denuncia interpuesta por la dama.

Y una vez que el caso llegó a la Fiscalía de Veracruz, el cobarde se dijo robado, implicando a su ex y a familiares de ella, intentando convertirse en víctima y no en el verdugo que es. En breve la justicia lo va a triturar. Otro brillante notario, el nefasto Alejandro “M”, beneficiado con una notaría en los tiempos de Fidel Herrera y Edel Álvarez Peña cuando éste se desempeñó como director del Registro Público de la Propiedad y Notarías del estado de Veracruz. Qué se toman, que se fuman, qué se meten los notarios que les hace aflorar al delincuente que llevan dentro…

Ni con insultos los pudo parar

Lunes, 14 Noviembre 2022 12:59

Andrés Manuel anda herido, jodido, rebasado por la masa de los que llama cretinos, de los que insulta por defender al Instituto Nacional Electoral, de los que salen y le arrebatan las calles, y se agandallan la agenda pública y le avizoran una derrota letal.

Cuatro, cinco días pataleando, bufando, trabado en el ataque, como un loco sin control, como un porro vulgar, denostando, agraviando, pero sobre todo, rumiando su error, porque logre, o no, pasar su reforma electoral, quedará como el dictador en ciernes, el falso mesías que al llegar al poder intentó degollar, desollar, desmembrar y regar los pedazos de la democracia en el basurero de la historia nacional.

López Obrador huele a derrota. Se metió con el INE y la causa del INE lo vapuleó. Generó repudio. Y gestó un movimiento, una revuelta. Y alentó el argumento, el debate, el cruce de ideas. Y se alzó la voz ciudadana, sacudiendo al país, recordando que el INE no es de los partidos, ni de Salinas, ni de Calderón o Fox, ni de los diputados y senadores, ni del empresariado, ni de los poderes fácticos. El copyright de INE es de la nación.

Una vez perdida la agenda, rebasado por el rechazo a su reforma, armó un vodevil inmundo, plagado de insultos y diatribas, la víscera en toda su expresión.

Hipócritas, les grita a unos. Clasistas, racistas, rateros y corruptos, les dice a otros. Ah, ¿no basta llamarles corruptos? Entonces les receta “corruptazos”. Y la sangre amarga del presidente no cesa de fluir.

“Hipócritas, achichincles, oligarcas, simuladores, saqueadores, aspiracionistas, defraudadores, antidemócratas, fifís, conservadores, clasemedieros, antijuaristas, neoliberales”. Y el insulto genial: “cretinos”.

Badulaque sin educación, escondió en un término lo que por falta de agallas no pudo decir. Un cretino es un estúpido. Un cretino es un necio.

No son cretinos los que defienden al INE. No son estúpidos.

No son cretinos los que enfrentan el ataque a la democracia. No son estúpidos.

El cretino es Andrés Manuel. El estúpido es él. El que insulta, el que quiere destruir al INE es él.

Le duele que le hayan ganado la calle. Y cómo lo atormenta saber que su reforma electoral, pase o no en el Congreso, tenga la suerte que tenga, es una derrota crucial.

Sus batallas las dirime a salivazos y la reflexión se reduce al exabrupto. Hueco, vacío, argumenta con falacias y no halla cómo justificar que el INE debe desaparecer.

Los que marchan lo ofenden. Los que marchan lo increpan. Los que marchan regatean la exclusividad que López Obrador se arroga para ejercer la protesta.

Es un escenario que va y viene en el sexenio obradorista. Aquellos que le arrebataron la agenda pública —feministas; los que votaron contra Morena en 2021; Loret de Mola exhibiendo la vida de opulencia de José Ramón, el hijo inútil de López Obrador, y los sobornos de Pío y Martinazo; el amasiato con el narco; el hackeo al Ejército; el libro El Rey del Cash— son presas de la ira presidencial. No porque sea mentira sino por no poder imponerles su verdad.

Los colectivos feministas lo rebasaron, tomaron las calles y Andrés Manuel montó en cólera. Para ellas no hubo empatía. Las bañó con improperios, expresiones cargadas de rabia. Manipuladas por la derecha, les dijo aun sabiendo que entre los grupos de mujeres hay que militan en la izquierda, madres que buscan a sus hijos desaparecidos, mujeres golpeadas, amenazadas, violentadas, mujeres que viven con miedo, mujeres migrantes que sufren la agresión, el racismo, el clasismo de policías y del aparato de poder. Ellas, en las calles, le arrebataron la agenda pública.

Perdió el control tras la elección de 2021. Fue irrelevante que Morena ganara 11 gubernaturas y el PVEM una. Lo crucial fue la derrota morenista en la Ciudad de México, las 10 alcaldías en manos de la oposición, la suma total de votos que si se hubiera elegido jefe de gobierno, el obradorismo habría perdido la capital del país. Entonces Andrés Manuel arremetió contra la clase media por “ingenua”, por darle el voto a la oposición.

Carlos Loret de Mola ha sido su tormento, su némesis. Exhibió la vida opulenta de José Ramón López Beltrán, sus lujos, la fastuosa mansión de Houston, el vínculo con la empresa petrolera Baker-Hughes, los contratos in crescendo en Pemex, y los sobres con sobornos para AMLO, vía sus hermanos Pío y Martín, y el carrusel de dinero ilegal al fideicomiso para los damnificados del 2017 encabezado por el secretario particular del presidente, Alejandro Esquer, el que se robó un yate que se hallaba entre los bienes bajo custodia del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado. Los ladrones en plena acción.

Andrés Manuel sacó entonces sus demonios y no los ha querido guardar. Semana tras semana atacando, exhibiendo presuntos ingresos del periodista, violando la ley al mostrar documentos fiscales, imaginando que así matizaba el escándalo, la farsa de la austeridad y la vida con 200 pesos y un par de zapatos que el presidente le receta a la nación, mientras su hijo es todo un pachá. La furia de AMLO lo hizo perder el control de la agenda.

Volvió al insulto cuando su gobierno quedó etiquetado como un narcogobierno, tras liberar a Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, y le dio amnistía a sembradores de amapola, y luego se sabría la operación de los cárteles asesinando, secuestrando candidatos de oposición, llevando a Morena a ganar en 12 de las 15 gubernaturas disputadas en 2021. Y ante tanta evidencia intentó diluir y negar su pacto con el narco cuando toda la nación lo ve.

Hoy es el INE. No sólo es destruirlo sino crear un órgano electoral a modo, simulando que lo democratiza, imponiendo consejeros en el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (patito) y magistrados en el tribunal, desapareciendo órganos electorales y tribunales locales.

Le cuaje o no la reforma, Andrés Manuel ya perdió.

Su reforma electoral es regresiva. Concentra los hilos en la mano del poder. En el fondo, lo que lo mueve no es la democratización del INE ni su afán por disminuir el gasto público. En el fondo está  la afrenta del 2006 cuando el órgano electoral declaró la victoria de Felipe Calderón y la derrota del agitador Andrés Manuel López Obrador, lanzándose a la toma de calles, desquiciando la capital, aposentándose en Paseo de la Reforma y en las calles aledañas al Zócalo. Y luego la mascarada demencial del presidente legítimo que lo mostró como un simple locuaz.

El insulto es síntoma de desesperación. Agravia por no tener argumento, por saberse exhibido, incapaz de persuadir, menos de convencer.

Miles, decenas de miles, quizá centenas de miles marcharán este domingo 13 en la Ciudad de México, en Guadalajara, Puebla, Monterrey, Xalapa y todas capitales estatales y las principales ciudades, y en los pueblos. Y serán seguidos y aplaudidos por el pueblo que tiene ganas —porque son sus ganas y su convicción— de defender al INE.

Hablará José Woldenberg, primer presidente del Instituto Federal Electoral, a quien el obradorato lo sentencia por no prestarse a la farsa de la reforma de Andrés Manuel y porque alerta que está en juego 50 años de democracia.

Y seguirán los insultos, la descalificación, el ataque y el agravio. Porque a la masa de los que llama cretinos no la pudo parar.

Caminarán los que defienden al INE, los que salen y le arrebatan las calles, los que no se arredran ni se dejan amedrentar. Y mandarán un mensaje a la oposición, al PRI por su proclividad a la traición y su doble moral, para salvaguardar la democracia que tanto le ha costado al país.

El cretino de palacio no los pudo parar.

Archivo muerto

Hallar el cuerpo del Archi no aminora el escándalo sobre la policía criminal del gobernador. Lo atiza. Sus restos, hallados en una bolsa de plástico a un costado de la autopista Veracruz-Cardel, municipio de La Antigua, el 14 de octubre, confirma que los conflictos, las broncas, los negocios en la cúpula de la Secretaría de Seguridad Pública se dirimen con sangre. Admitir que Juan Alan Cuetero Meza, El Archi, fue hallado muerto, tras cinco meses de ser levantado en el puerto de Veracruz, plantea más dudas aún. El cuerpo de El Archi fue sembrado en La Antigua. Presuntamente se le inhumó en forma clandestina en otro sitio.

El 13 de octubre fue aprehendido el ex director de Operaciones de la SSP y al día siguiente, el 14, se supo de dos cuerpos encontrados. Ese día también se aprehendió a los presuntos ejecutores del plagio y asesinato, Roberto de Jesús, alias Galeno, y los policías Jacobo N y Federico N. Si los cuatro ya estaban tras las rejas, ¿quién sembró el cuerpo del Archi a un costado de la autopista Veracruz-Cardel? ¿Cuántos cómplices más hay? ¿Qué responsabilidad tiene el ex secretario de Seguridad de Veracruz, Hugo Gutiérrez Maldonado? ¿Qué tanto sabía y encubrió el gobernador Cuitláhuac García Jiménez? Esto reproduce el escenario de desaparición forzada que marcó para siempre al ex gobernador, Javier Duarte de Ochoa… 

Salvo Sheyla Jara, Martha Fernández y Rafael Madero, prácticamente nadie se mueve en el PRI de Coatzacoalcos. Sheyla, es presidenta Estatal de la Red Juventud Popular en CNOP Veracruz, fue dirigente de Chavos Red del comité ejecutivo nacional del PRI, preside la asociación Tocando Corazones, fue diputada juvenil y vicepresidenta del XII Parlamento Juvenil en el Congreso de Veracruz.

Suele polemizar y entrar al cara a cara con figuras de Morena, como la diputada federal Andrea Chávez, a quien le refutó que los legisladores de oposición no quisieran trabajar. Seguir a ciegas los dictados de su pastor macuspano, no es digno, le dijo. Y peor, haber apoyado al “violador” Félix Salgado Macedonio en su pretendido y a la postre fallido intento de ser gobernador de Guerrero. Sheyla Jara cuestiona los rezagos en la vida pública de Coatzacoalcos, el caos de los semáforos averiados, el abandono de las calles.

Martha Fernández, vía su asociación civil Gratitud y Fortaleza por Coatzacoalcos, semana a semana le va tomando el pulso a las colonias, llevando ayuda social, organizando a los olvidados. Su asesor, Rafael Madero, es combativo, punzante, crítico del poder, activo en redes sociales, cuestionando a Morena, a sus gobiernos, advirtiendo que resultaron peores que lo que decían combatir. Rafael Madero es el mayor impulsor del proyecto del diputado federal Pepe Yunes al gobierno de Veracruz.

Hay otras voces que suenan pero apenas se escuchan. Fuera de ellos, como si el PRI no existiera. Está en modo “dormido”. Y una parte del priismo, el marcelismo y el ivanismo, mejor se mudó a Morena y habita en el palacio municipal… Nadie, como Antonio Marcos Mariano, conoce tan a fondo los entresijos de la corrupción de Morena en Coatzacoalcos. Sabe, a ojos cerrados, del manejo del Ramo 033, donde se perpetró el saqueo con recursos federales en el ayuntamiento que presidiera Víctor Manuel Carranza Rosaldo. Sabe del Ramo 033 porque ese fue su encargo, su responsabilidad, integrando expedientes, controlando el presupuesto, el pago de estimaciones, sabiendo todo, absolutamente todo, del destino de por lo menos mil millones de pesos de origen federal. Y una vez que inició la nueva administración, Antonio Marcos Mariano fue adscrito a la Contraloría municipal. O sea, lo jaló el contralor, Mario Humberto Pintos Guillén, quien en el gobierno de La Iguana Carranza Rosaldo, fue tesorero. Diría el nazareno, tapaos los unos a los otros y eviten la ley… 

Rafael Rosaldo, alias El Motito, y Guillermo Dorantes, saben quiénes son esos misteriosos “inversionistas que tienen sus recursos en la Cooperativa de Jubilados de la Sección 11 de Nanchital, Veracruz. Saben a cuánto ascienden los dineros invertidos y qué destino se les dio. Saben lo que es lícito y lo que no. Deben saber su origen y si no, pues en menudo lío se han metido. Rafael Rosaldo, el poder tras el trono en el Departamento de Jubilados, sin ser jubilado de Petróleos Mexicanos, se hizo petrolero comprando una planta al Clan Wade en Minatitlán. Y vive en aquel lugar, en el fraccionamiento Eduardo Soto Innes, codeándose con la crema y nata —más nata que crema— de la élite sindical. Rafael Rosaldo ejerce el mando sin cargo alguno, sin suscribir un solo documento.

El que se hunde en el fango es Guillermo Dorantes, el  tesorero del Departamento de Jubilados de la Sección 11, que será el pararrayos cuando la tormenta comience a arrasar… ¿Cuál es ese ente periodístico que activará una estación radiofónica en Coatzacoalcos, presuntamente con la señal de Grupo ACIR, el consorcio que hace apenas unos meses cesó su actividad en el puerto luego de más de 50 años de transmisión ininterrumpida?…

* El cuestionado perfil de los titulares de Obras Públicas Municipales de Coatzacoalcos

* Delgadillo fue espiado por Fidel Herrera pero solapado por Javier Duarte

* Onésimo, ex superintendente de Ediur, propiedad de Oscar Fosado 

Arturo Delgadillo Medina, que suele firmar documentos oficiales como ingeniero, es abogado. Onésimo Mendoza, su subalterno, se dice arquitecto pero carece de cédula profesional. Y ambos son las figuras máximas en la Dirección General de Obras Públicas Municipales en Coatzacoalcos.

Delgadillo Medina, según el Registro Nacional de Profesionistas, es licenciado en Derecho por el Instituto Tecnológico Superior René Descartes. Su cédula profesional es la 4970666, expedida en el año 2006.

Onésimo Mendoza Flores, de acuerdo con ese registro, es nada. Presume título de arquitecto por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, pero no hay evidencia de título universitario ni de cédula profesional en el catálogo de profesionistas, según búsqueda realizada este jueves 10, que arrojó resultado negativo.

Sus historias van de lo nebuloso a lo sórdido, de lo turbio a lo corrupto, de lo tramposo a lo ilegal.

Arturo Delgadillo, que sirviera al PRI durante el fidelismo y duartismo, es hoy director general de Obras Públicas, Desarrollo Urbano y Medio Ambiente en el ayuntamiento de Coatzacoalcos, que preside Morena.

Por su parte, Onésimo Mendoza, el hombre fuerte en el control de contratos y diezmos, licitaciones y asignaciones amañadas, según la denuncia interpuesta por la Sociedad Mexicana de Industriales Transformadores de la Construcción (SMITC) ante la Contraloría municipal, es director de Obras Públicas.

Pero de uno y otro no se hace ninguno.

Ambos validan fallos de licitaciones y sus firmas aparecen en los contratos suscritos con empresas y personas físicas con las que el ayuntamiento de Coatzacoalcos realizan la obra pública.

Arturo Delgadillo firma como “ingeniero”; Onésimo Mendoza como “arquitecto”. Y según el RNP, no lo son.

DELGADILLO, EL LICENCIADO AL QUE FIDEL ESPIABA Y DUARTE USABA

Delgadillo Medina, un funcionario de medio pelo y de fama oscura, fue espiado por Fidel Herrera Beltrán cuando el de Nopaltepec presumía hallarse en la “plenitud del pinche poder” y usaba a la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz para ponerle marcaje personal a su gente.

Las sospechas del ex gobernador Herrera Beltrán se disiparon cuando su hermano Moisés, que veía con buenos ojos a Delgadillo, pidió dejarlo en paz, según fuentes de la Secretaría de Seguridad Pública.

Luego, siendo fiel servidor de Javier Duarte de Ochoa en el sexenio del saqueo, se le dio la encomienda de dispensar contratos de obra desde la Dirección de Infraestructura Complementaria que al paso del tiempo terminaron bajo investigación, rescindidos por incumplimiento, de acuerdo con la revelación del ex contralor del Estado de Veracruz, Mauricio Audirac Murillo.

Al “ingeniero” Arturo Delgadillo Medina se le conocen ligas con el mecenas del perredismo veracruzano, Francisco Valencia, alias Paco Grasa, a quien Javier Duarte convirtiera en secretario de Infraestructura y Obra Pública, antes Secretaría de Comunicaciones, y desde ahí controlara los contratos de obra carretera y los recursos invertidos en el Túnel Sumergido de Coatzacoalcos, observados a la postre por la Auditoría Superior de la Federación y el Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz.

En una resolución de la ASF, en noviembre de 2018, Arturo Delgadillo fue sancionado por no afrontar los requerimientos que se le formulaban y se le aplicó una multa por daño patrimonial al no haber resguardado la documentación que justificara el pago e supervisión en la construcción de un tramo de un camino entre Perote y Martínez de la Torre.

Hoy, el licenciado Delgadillo Medina tiene a su cargo la obra del ayuntamiento morenista de Coatzacoalcos. Y se sigue hablando con Francisco Valencia.

 

ONÉSIMO, ALUMNO DE OSCAR FOSADO

En su perfil, Onésimo Mendoza Flores, director de Obras Públicas, subalterno de Arturo Delgadillo, presume haber sido gerente de Construcción de la empresa Integración Supervisión y Proyectos del Golfo, S.A. de C.V., con sede en la Ciudad de México, de 2014 a 2021.

Tuvo a cargo obras, proyectos y supervisión externa para la Comisión Nacional del Agua, en el mismo período en que el ex alcalde de Coatzacoalcos, Iván Hillman Chapoy, fue gerente regional de la división Golfo-Centro de Conagua.

Tiempo atrás, Onésimo Mendoza había sido pieza vital en la compañía Edificadora y Urbanizadora del Sureste, S.A. de C.V. (Ediur), en la que laboró más de nueve años como superintendente de construcción.

Ediur es propiedad del afamado contratista y ex tesorero nacional de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), Oscar Fosado Monzalvo, estrechamente ligado al ex alcalde de Coatzacoalcos, Iván Hillman Chapoy.

En la gestión de Iván Hillman, Fosado obtuvo jugosos beneficios. Por ejemplo, construyó el edificio sede de Conagua, en Xalapa. Inicialmente, cuando se disponía de un presupuesto para su realización de 45 millones de pesos, la licitación fue declarada desierta. Luego se elevó a 80 y al final se pagaron 120 millones de pesos, de acuerdo con la versión del periodista Manuel Rosete Chávez.

En esa órbita se mueve el “arquitecto” sin cédula profesional, Onésimo Mendoza.

 

 

 

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